Moisés Martínez fue condenado a 12 años de cárcel por matar a su padre, tras una infancia llena de abusos. Él y sus hermanas fueron sometidos a maltratos físicos y delitos sexuales. Su hermana Sara contó en televisión, con lujo de detalle, los abusos por miedo a que no le creyeran. El caso conmovió a la opinión pública e incluso al presidente de la República, Yamandú Orsi.
-La sentencia de condena a Moisés se dictó hace unos diez días ¿Cómo fueron las horas siguientes?
-Con muchos altibajos de emociones. Por momentos también es tomar contacto con el dolor de que hay todo un país que sabe que fuiste abusada. No sé si estoy teniendo vida, vivo muy agotada, pero yo no me quejo porque realmente también agradezco el interés porque tal vez nos sirve que el tema se siga manteniendo.
-En estos días decenas de personas analizaron el caso y uno de los puntos que se reitera es que la jueza dio por acreditados los hechos de violencia previos al 2010, pero sostiene que no hubo episodios posteriores. ¿Cómo fue la vida familiar después de que su padre salió de la cárcel?
-Mi padre salió de la cárcel y el primer día se apareció en mi liceo a pedirme perdón, lo que me angustió bastante. Después apareció dos veces más y vino un amigo de él a decirme que él había tenido un accidente por mi culpa. Se dijo mucho que él se había revinculado con mis hermanos y, además, salió una de sus exparejas a decir que mi padre lloraba por sus hijos, lo que me parece aberrante. Hubieran aparecido antes o se hubieran acercado a enterrar el cuerpo porque lo tuvimos que enterrar nosotras. Además, yo siempre conté y no me canso de hacerlo que cada vez que papá abusaba de mí se ponía a llorar desconsoladamente. Yo al principio le creía y decía “lo perdono, no lo va a volver a hacer”, hasta que después pasó la vez (número) 60 y dije “ta ya está”. Nosotros después de eso nos fuimos a vivir a Paysandú. Si bien mi hermana más grande y Moisés en algún momento se volvieron a revincular con él, y ahí se da una situación de abuso de la que yo no sabía, dicen ¿por qué no lo denunciaron? ¡Y porque no pudieron! Mi hermana recién ahora, pobre, pudo hablar. Y si bien a mí me pasó esto de siempre reclamar, mi hermana se seguía vinculando con él. Cuando fui creciendo y fui estudiando un poco más lo que implica ser una sobreviviente de abuso, entendí. Y encima es peor cuando quien lo ejerce es tu propio padre. Hasta el anteaño mi padre le decía a ella que si se alejaba él se iba a matar y que yo era una mierda porque no quería que ella se juntara con él. Cargaba con la responsabilidad de hacerse cargo de su vida. También caigo en cuenta de que ella viene con internaciones por salud mental desde 2021. Pero me gustaría que no se trajera más este tema de la revinculación porque mi hermana hoy está destruida, me llamó llorando horrible diciéndome que se sentía sumamente culpable por haber seguido manteniendo vínculo con papá hasta lo último. Es muy difícil salir de esa red de manipulación, sobre todo con mi padre que era un hábil declarante. Te envolvía en esa red que vos pasabas de odiarlo a quererlo de nuevo, a odiarlo otra vez y así sucesivamente. Eso fue lo que pasó con ella. Que no se haya hablado en ese momento no significa que estemos mintiendo. Pensar eso es no entender cómo funciona un abusador y uno que parece que te entrenara para el silencio.
-¿La manipulación y el llanto tras los abusos era algo que lo caracterizaba?
-Un día que mi padre me llevó a la escuela, salieron unas compañeras contentas a decirme que el maestro había faltado y que al día siguiente tampoco iba a venir. Me quería morir. Ese día yo me quedé afuera jugando, él me llamó y me pidió perdón. Me dijo: “Quería hablar contigo porque sé que lo que papá está haciendo no está bien. Te prometo que no lo voy a hacer nunca más”. “Bueno, bárbaro”, pensé. Me acuerdo que estaba tensa, chiquitita, me puse a llorar y me fui a jugar de nuevo. Al otro día, yo estaba jugando con Moisés y mi padre me llama y abusa de mí. Entonces yo tengo como cierto odio o me cuesta mucho cuando alguien pide perdón. A mí me marcó mucho eso. No me pidas perdón si la actitud no la vas a cambiar. Porque mi padre siempre me pedía perdón y lo hacía llorando a mares. De hecho vos lo veías en la iglesia y parecía el hijo de Dios perfecto que entregaba la vida por sus hijos y en casa era todo lo contrario. El propio pastor preguntaba si no era un demonio que se había metido en mí, porque no creían el abuso. Un abusador no da señales claras, se camufla en la sociedad.
-¿Cómo fue tu vida entre esa infancia llena de violencia y lo que pasó con Moisés?
-Estaba estudiando y quedé ahí pausada, que encima mi idea era trabajar en contexto de encierro. Desde chica lo único que a mí me mantuvo con vida es pensar que todo esto me estaba pasando por algo. Es triste, pero es así. Y después, en quinto de liceo, me acuerdo que estaba en biblioteca con una compañera y vi la carrera de Educación Social. Dije, bueno, yo quiero ir por acá. Estudiaba, trabajaba y nunca había sido partidaria de las redes porque soy bastante reservada. Todo eso con terapia de por medio porque seguía con algunas situaciones a raíz de todo lo sucedido que me venían afectando un montón. Siempre traté de trabajar y estudiar porque si yo me quedaba en casa, no sé, un día, ya me ponía a llorar, me empezaba a perseguir.
-Vas a ver a Moisés todas las semanas y entre los hermanos hablan mucho ¿qué pensas que pasó el día del homicidio?
-Vuelvo a lo mismo de la iglesia. Yo sentía que hasta que no perdonara a mi padre no iba a poder sanar y Moi sentía lo mismo. Él quiso que mi padre le pidiera un perdón real, genuino, pero papá nunca iba a hacer eso. Moisés me dijo que cuando llegó, él lo volvió a tratar mal y le dijo que nadie le iba a creer a un drogadicto. Hay que decirle a la gente que la mayoría de las personas que están en contextos vulnerables utilizan lo que es el consumo como una forma de automedicación. Porque la salud mental hoy en día, además de ser un privilegio y no un derecho, también sigue siendo un tabú, más para los varones. Moisés si bien salvó a la familia, también en la realidad, él estaba con miedo. Y yo entiendo que es una faceta que a él como varón no le gusta mostrar. Pero el miedo es parte de él y el miedo fue el que actuó ese día. Moisés le dijo que iba a gritar y los vecinos se iban a enterar de lo que él hacía y ahí mi padre cierra la puerta y Moi entra en pánico. Mi padre le dijo cosas que le decía de chico, como que no servía ni para perro.
-¿Cómo ha ido evolucionando él?
-Siento que viene de mal en peor. Está como al principio cuando no había esperanza de nada, muy deprimido. Pidió para hablar con psicóloga, que para que pida ya es todo un logro, pero no aguantaba más. Él se muestra fuerte y rudo, pero se muere de miedo. Le transpiran las manos y cuando se le acerca otro varón… Queda muy asustado, persiguiéndose, sintiendo que había alguien atrás. Toda la vida tuvo muchas secuelas de lo que vivió.
-El sistema de Justicia resalta la importancia de que la declaración de una víctima no sea revictimizante. Declaraste en el año 2010 y describiste una situación traumática. Ahora debiste volver a hacerlo en el juicio y en los medios. ¿Cómo fue ese proceso?
-Me pasa que no quiero ni volver a trabajar porque había amigas mías a las que yo jamás les había contado esta situación y ahora fue como una explosión. Agradezco muchas muestras de apoyo y de cariño, pero no deja de ser una situación horrible. Capaz que en algún punto sí me llegaba a molestar que me pregunten otra vez lo que dijo el perito, porque ya todos saben lo que dijo (N de R. el perito que la evaluó en 2010 le preguntó detalles sobre los órganos sexuales de su padre). Confío que la intención no es desde el morbo, sino que la gente vea realmente el proceso al que seguramente muchas nos tuvimos que someter. Después abracé eso, porque es parte de la lucha que estamos dando porque muestra que la respuesta del Estado fue ineficaz, que es lo necesario para que aplique el artículo 36. No denunciamos más porque es difícil y, cuando lo hice, las respuestas fueron un desastre. Es horrible porque tenés que exponer toda tu vida para que capaz que fulanito empatice con tu situación, pero es un tema delicado y si no traes todo, es como que… No sé… Yo sentía que capaz que no me iban a creer.
-¿Por qué crees que han recibido tanto apoyo?
-Creo que parte de la movilización tiene que ver con un parate, porque estamos cansados, de verdad, o sea, estamos cansados de que botijeen a los gurises, de que no los tomen en serio, de que digan “denuncien, denuncien, denuncien”, pero cuando denuncias, tenés como la otra contracara, que tenés un Estado que te deja completamente desamparado. Y si después te defendés, sos la peor basura porque le diste muerte a tu padre, y ahí no se contempla ningún contexto. Sigo viva porque quiero que Moi salga de la cárcel, porque me muero por compartir mates con él, tranquila, sin una reja de por medio, porque extraño mucho eso, y porque sé que esta lucha seguro algún precedente va a marcar.
-¿Te han compartido historias similares a la tuya?
-Una señora, que tuvo una lucha judicial desde hace años con el papá de su hijo, lo volvió a denunciar a raíz de lo de Moisés. Espero que el Estado empiece a actuar ante este tipo de situaciones. Ella me mostró que la cuenta de Instagram que tenemos dice “familia del imputado” y me sugirió que lo sacara porque en realidad él nos terminó salvando de una situación muy difícil y seguro él cuando salga de la cárcel va a ser más libre que muchos uruguayos hoy en día. Y eso me impresionó mucho porque en realidad tiene razón. El Estado llegó tarde o en mi caso para mí no llegó para nada, simplemente para alejarlo un año y ya está. Pero después llegó como muy, muy rápido para castigar.
-El tema tuvo repercusiones en el sistema político. Tres legisladores pidieron el indulto y el presidente Yamandú Orsi las recibió a ustedes.
-Hoy (por el jueves) me llamó (Andrés) Ojeda para interiorizarse un poco más del caso, ponerse a disposición y explicarme un poco la finalidad del indulto.
-También lograron reunirse con Orsi, a quien ustedes ya habían intentado contactar tiempo antes.
-Le habíamos entregado la carta también a él y a (el prosecretario de Presidencia) Jorge Díaz, en un manotazo de ahogado, uno nunca, o sea, uno no sabe a quién acudir. El primero en el que pensás es en el presidente.
-¿Cómo fue para ti esta instancia?
-Fue muy loco, la verdad. Primero, que de la nada me llamé a Andrea (Tuana, de la organización El Paso) diciéndome “a las cuatro las recibe el presidente”. Fue tremendo verlo ahí, muy fuerte y decir “¿hasta dónde llegó todo esto?”. El propio presidente se hace un hueco, con lo que implica, para poder recibirnos, aunque sea para escucharnos. Nos dijo que venía siguiendo el caso de cerca y que si, llegado el momento, llegaba al Parlamento ahí sí él podía opinar, pero que por ahora no porque hay separación de poderes y debe respetar eso.
-Iniciaron una campaña para que, quien pueda, colabore. ¿En qué consiste?
-Estamos juntando fondos para terminar una casa que Moisés estaba construyendo para su pareja y sus tres hijos de 10, cuatro y dos años, que desde ese momento están viviendo en condiciones muy precarias. Lo propuso la psicóloga Natalia Guido. La cuenta para colaborar es del Banco República y está disponible en las redes sociales de claroobscuro uy.