Un nuevo caso de maltrato a un ejemplar de zorro de campo (Lycalopex gymnocercus) volvió a poner sobre la mesa la problemática de la violencia contra la fauna silvestre en Uruguay. El episodio fue dado a conocer por Agustino Alonzo, creador del reconocido proyecto Uruguay Fototrampeo, quien advirtió que este tipo de situaciones reflejan una realidad que "ocurre en distintos puntos del país" y que, muchas veces, "permanece fuera del debate público".
Alonzo explicó a El País que el animal, una de las tres especies de cánidos silvestres presentes en Uruguay, fue "sometido a golpes y actos de crueldad por parte de personas que registraron la situación entre risas". Para el especialista, "las imágenes muestran mucho más que el sufrimiento de un ejemplar: evidencian una forma de violencia naturalizada hacia la biodiversidad". Se presume que ocurrió en el departamento de Maldonado.
"Ese animal no era una alimaña, ni un bicho más, ni un entretenimiento. Era fauna silvestre, era biodiversidad, era una vida", sostuvo. A su juicio, no debería ser necesario observar por completo una escena de este tipo para comprender la gravedad de lo ocurrido.
El creador de Uruguay Fototrampeo remarcó que "estos hechos no suceden en lugares remotos ni constituyen una realidad ajena al país". Por el contrario, afirmó que "ocurren en caminos rurales, campos, bordes de monte y pajonales, espacios donde la fauna silvestre intenta sobrevivir en un contexto marcado por la pérdida de hábitat, la presencia de perros, el desconocimiento y distintas formas de violencia ejercidas por las personas". Según supo El País, se realizaron varias denuncias por este hecho.
Problemática amplia
Alonzo señaló que el episodio también pone de manifiesto una problemática más amplia vinculada a la persecución de animales silvestres. Según indicó, "la caza entendida como persecución, acoso, captura, tortura o muerte continúa ocurriendo en diferentes zonas del territorio nacional y, en muchos casos, permanece impune y fuera de los circuitos visibles".
En ese sentido, consideró que "si el país pretende abordar seriamente los delitos contra la biodiversidad es imprescindible prestar atención a lo que sucede en el territorio y dejar de considerar estos episodios como simples anécdotas o travesuras".
Para el referente en monitoreo de fauna, la pérdida trasciende la muerte de un solo ejemplar. "Con seguridad se perdió un ejemplar, pero también un poco de futuro y, sobre todo, un poco de humanidad", concluyó.