Dejó de estudiar para criar a su hijo, retomó cuando enfermaron sus padres y se recibió de médica a los 65

Lidia Fernández trabajó como enfermera en el Hospital Pereira Rossell hasta que se jubiló. “El estudio me dio un salvataje para no caer en la depresión”, asegura.

Lidia Fernández se recibió de doctora en Medicina
Lidia Fernández se recibió de doctora en Medicina
Foto: Facebook/ Lidia Fernández.

“Solo les digo: se puede. Nunca dejen de estudiar. La edad es un número”, rezaba la publicación de Lidia en Facebook. Junto a su mensaje, una foto en la que aparece con una sonrisa de oreja a oreja y un marco que explica la razón de su felicidad: “Me recibí. Dra. Fernández. Soy médica”.

Lidia Fernández nació en Montevideo hace 65 años y las vueltas de la vida hicieron que terminar su carrera universitaria le llevara más tiempo de lo planeado. Sin embargo, después de décadas de esfuerzo, el pasado 31 se recibió como doctora en Medicina en la Universidad de la República (Udelar).

“A los 24 años me recibí de enfermera y seguía estudiando. Pero en 4° de carrera me casé y tuve un hijo. Un día me estaba preparando para un examen y mi hijo me tiraba del buzo para salir a la plaza y ahí cerré los libros. Pensé: ‘la Universidad siempre va a estar ahí, pero no me voy a perder la niñez de mi hijo’”, cuenta Lidia a El País.

Lidia Fernández se recibió de médica a los 65 años
Lidia Fernández se recibió de médica a los 65 años
Foto: Facebook/ Lidia Fernández

Fueron pasando los años y regresar a la universidad se hizo cada vez más cuesta arriba. Mientras tanto, trabajaba como enfermera en la Unidad de Neonatología del Hospital Pereira Rossell.

“Primero se enfermó mi papá y no podía estar en dos lados. Después iba tomando cursos, pero como no podía rendir exámenes, los perdía y tenía que recursar. Y después se enfermó mi mamá”, detalla.

Fue durante la pandemia de covid-19 que pudo volver a tomar impulso y cursar materias con un objetivo claro: llegar a recibirse de médica. “Tuve a un profesor, el doctor Leonardo Oliva, que me enseñó a estudiar, confió en mí y me motivó mucho a no abandonar”, recuerda.

Cuando su mamá falleció, Lidia recuerda que su hijo le dijo: “Nunca te vi sin un libro y siempre cuidando a los demás. Ahora te toca a vos”. Ese fue el empuje que necesitaba para dar el último salto.

“Primero terminé la Licenciatura en Enfermería y en el Hospital Pereira Rossell pasé a trabajar en el Banco de Leche Humana. Después ya tuve que elegir el lugar para hacer mi residencia y tuve muy buenas referencias del Hospital de Río Branco”, explica.

Lidia Fernández con sus compañeras del Hospital de Río Branco
Lidia Fernández con sus compañeras del Hospital de Río Branco
Foto: Facebook/ Lidia Fernández

Aunque fue un año de sacrificios en el que tuvo largas horas de viaje y guardias médicas, que compaginó con su recién estrenada faceta de abuela, Lidia no se arrepiente de haber elegido Río Branco como destino para cerrar sus estudios. “El trabajo que hacen las enfermeras es impresionante, casi como un médico. Hay muchas personas para atender y pocos recursos. Y allí conocí a la doctora Ana Paula Terra, médica de Emergencias, que me cambió la vida. Me trató como una par y me enseñó muchísimo”, recuerda agradecida.

Aunque reconoce que durante el año de internado “sos como un policía raso”, y que en su caso la dificultad fue mayor porque “todo está digitalizado” y tuvo que aprender computación, haber cerrado esta etapa le salvó la vida. “El estudio me dio un salvataje para no caer en la depresión. Ver a mis papás enfermar me dio un dolor muy grande y mantener la cabeza activa estudiando me permitió concentrarme en otras cosas”, asegura.

Ahora que está jubilada como enfermera, la doctora Fernández se dedicará a la medicina estética en un consultorio privado.

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