CON AYUDA DE LA VACUNA

En mayo cae el promedio de edad de ingresos al CTI por COVID-19 de 62 a 57 años

“A medida que la población mayor está más inmunizada se empieza a notar eso en los números, eso es una buena noticia en sí misma”, dijo el presidente de SUMI, Julio Pontet.

Intensivista dice que “la vacuna está amortiguando lo que podría ser peor”. Foto: Estefanía Leal
Intensivista dice que “la vacuna está amortiguando lo que podría ser peor”. Foto: Estefanía Leal

Cada 100.000 habitantes de Uruguay, en solo los últimos cinco meses, han muerto 110 con COVID-19. Es tal la magnitud de fallecimientos por esta causa que, en menos de un semestre, la tasa de mortalidad ya superó a la registrada en el peor año de la llamada Gripe Española (entonces había sido de 78 muertos cada 100.000).

Es posible -aunque para ello “habrá que esperar hasta el final de la película”- que la esperanza de vida al nacer del año “detenga su crecimiento e incluso que caiga”, explicó Raquel Pollero, una de las demógrafas especializadas en el estudio de la mortalidad en Uruguay. Pero esa evolución, aclaró, dependerá de cómo avance la transmisión del virus, la duración de la epidemia y la celeridad con que las vacunas puedan “amortiguar la caída” de la esperanza de vida del país.

En este sentido, la matemática María Inés Fariello, integrante del grupo de científicos que asesora al gobierno uruguayo, considera que “la vacunación ayudó a que (el número de fallecidos) no sea peor”. Y eso ya se refleja en un cambio en la tendencia de las edades de los fallecidos y en la caída del promedio de edad de ingreso a las unidades de cuidados intensivos.

Según un relevamiento de la Sociedad Uruguaya de Medicina Intensiva (SUMI), a cuyos resultados accedió El País, la edad promedio de ingreso a los CTI cayó en cinco años en el último mes. En enero, cuando la ola de contagios no había mostrado su peor cara y sin vacunas disponibles, la edad promedio los pacientes ingresados era de 65 años. En abril, ya había caído a 62 años. Y ahora promedia los 57 años.

No solo eso: los datos de SUMI muestran que los mayores de 80 años habían sido en enero el 22% de los fallecidos con COVID-19 en los CTI. En mayo, en cambio, los decesos de estos adultos más mayores solo representaron el 3%.

Cada noche, cuando el Sistema Nacional de Emergencias publica las cifras oficiales de decesos diarios, se repite la alta cantidad de fallecidos añosos. Los mayores de 80 años eran, hasta hace un mes, la franja etaria que sumaba más muertos por día a causa del COVID-19. ¿El motivo? La infección que causa el nuevo coronavirus se agrava con la edad. Pero esta población ha sido la primera en vacunarse y desde el 28 de abril son más los fallecidos diarios más jóvenes (entre 70 y 79 años).

Los adultos de entre 70 y 79 años, que han sido los más rezagados en la vacunación y a los que incluso se les estiró el período para acceder a la segunda dosis de Pfizer o AstraZeneca, representaron el último mes un 44% más muertes promedio que los de entre 80 y 89.

“A medida que la población mayor está más inmunizada se empieza a notar eso en los números, eso es una buena noticia en sí misma”, dijo el presidente de SUMI, Julio Pontet. Pero “también habla de que el sistema estaría mucho peor si no fuera por la vacuna porque los números globales no han bajado: teniendo ahora el mismo promedio de ingresos que en abril, a pesar de tener a mucha más gente protegida, demuestra que la situación sigue siendo muy preocupante. La vacuna está amortiguando lo que podría ser peor”.

El Ministerio de Salud presentó el viernes, en base a un estudio preliminar, los resultados de efectividad de las vacunas de Sinovac y Pfizer en el país. Si bien el análisis no consideró las diferencias de edades ni comorbilidades, sí dejó en evidencia que, para cualquiera de estas dos vacunas, la efectividad para prevenir muertes e ingresos a CTI es alta: entre 80% y 99%.

El secretario de Estado, Daniel Salinas, dijo a través del canal oficial de Presidencia que para las dos plataformas vacunales, solo 20 de las 862.045 personas estudiadas debieron ingresar a centros de tratamiento intensivo y 14 fallecieron, “lo que habla de una altísima efectividad” de ambas.

Vacuna contra el coronavirus. Foto: Leonardo Mainé.
Vacuna contra el coronavirus. Foto: Leonardo Mainé.

Como los análisis hasta el momento son observacionales y no estudian la causalidad, el intensivista Pontet señaló otra variable (además de la vacuna) que pueda estar incidiendo en la baja del ingreso de mayores de 80 años a los CTI: “la decisión médica o de la familia de no ingresar al CTI a un paciente muy anciano”.

La contracara, en este contexto de mucha circulación del virus y predominancia de la variante P1, es que en las unidades de cuidados intensivos empiezan a verse rostros cada vez más jóvenes. Pontet, quien por su trabajo como intensivista está acostumbrado a lidiar con pacientes que se debaten entre la vida y la muerte, no sale de su asombro y califica como “terrible” el último dato que cuantificó la SUMI: en mayo el 27% de los ingresos a cuidados intensivos correspondió a menores de 50 años, y entre los fallecidos en CTI en el mismo mes, el 8% era también menor de 50 años.

El paciente grave con COVID-19 en Uruguay es cada vez más joven y eso termina por reflejarse en las posteriores estadísticas de fallecimiento: solo en mayo hubo más de 125 muertes de pacientes menores de 50 años que cursaban esta enfermedad.

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