El 76,4% de los médicos uruguayos que participaron en una encuesta regional afirmó haber sufrido al menos un episodio de violencia durante el ejercicio de su profesión en el último año. La proporción fue la más alta entre los cuatro países analizados: en España también superó el 60%, mientras que en Paraguay y Argentina no alcanzó la mitad de los participantes.
El estudio, publicado este mes en la revista argentina Vertex y realizado por el Programa de Prevención de la Violencia de la Federación Médica de la Provincia de Buenos Aires (FEMEBA), reunió las respuestas de 1.920 médicos de Uruguay, Argentina, Paraguay y España sobre sus experiencias durante 2024. En Uruguay participaron 195 profesionales, de los cuales 149 reportaron haber sufrido violencia. Entre ellos, casi ocho de cada diez habían atravesado más de un episodio. Aunque esta fue la proporción más alta del relevamiento, las diferencias entre países en la repetición de las agresiones no fueron estadísticamente significativas.
La encuesta también indagó en situaciones que muestran que la violencia no se limita necesariamente a contextos de emergencia. En Uruguay, el 68% de los médicos que reportaron agresiones había atendido a pacientes que no se encontraban en una situación de urgencia. El dato pone de relieve una dimensión del problema que trasciende las situaciones críticas, aunque no permite establecer por sí solo qué circunstancias desencadenaron los episodios.
Los resultados se conocen en un contexto de preocupación por las agresiones al personal sanitario en Uruguay. En una nota publicada por El País a comienzos de octubre, el secretario general de la Federación de Funcionarios de Salud Pública (FFSP), Pablo Silva, afirmó que el sindicato había constatado “en los últimos 18 meses un aumento en la agresión al personal de salud”. Según el dirigente, en 2025 se registraron 48 casos y, de mantenerse la tendencia, la cifra de 2026 podría ser similar.
Silva señaló que las agresiones afectan a trabajadores de ambulancias, puertas de emergencia, internación y salud mental, tanto en Montevideo como en el interior. También reclamó mayor celeridad en la respuesta judicial para que las denuncias no queden sin consecuencias y los trabajadores no tengan que volver a encontrarse con quienes los agredieron.
Los resultados de la encuesta regional, sin embargo, deben interpretarse con cautela. La participación fue voluntaria y la muestra, no probabilística: las cifras describen las experiencias de quienes respondieron, pero no constituyen una estimación representativa del conjunto de los médicos de cada país. Desde FEMEBA indicaron a El País que puede haber un sesgo de selección, ya que quienes sufrieron violencia podrían haber tenido mayor interés en participar. No obstante, los cuatro países utilizaron el mismo instrumento y método de análisis, lo que permite comparar las respuestas obtenidas, con esas limitaciones.
Los investigadores también señalaron diferencias en el perfil de quienes reportaron agresiones. En Uruguay, las mujeres fueron mayoría entre los profesionales que sufrieron violencia; España fue el otro país donde se observó esa tendencia. Sin embargo, la metodología no permite determinar si esto refleja una mayor exposición de las mujeres a las agresiones o si responde a un sesgo en la selección de quienes decidieron participar.
“Este es un problema conocido, mensurado y difundido mundialmente. El valor agregado de una encuesta con datos locales refleja la realidad circundante inmediata. Permite obtener una estimación basada en casos concretos de médicos específicos”, señalaron desde FEMEBA por correo electrónico.
Las agresiones más frecuentes
La violencia verbal fue la forma de agresión más reportada por los médicos uruguayos. Tres de cada cuatro profesionales que sufrieron violencia señalaron haber recibido agresiones verbales de familiares de pacientes, mientras que cerca de siete de cada diez dijeron haberlas recibido de los propios pacientes.
También se registraron agresiones físicas: alrededor de uno de cada ocho médicos que reportaron violencia dijo haber sido agredido físicamente por un paciente. Los episodios de violencia física por parte de familiares fueron menos frecuentes. Además, algunos profesionales señalaron haber sufrido discriminación (12,8%) o agresiones en redes sociales por parte de familiares de pacientes (8,1%).
Estas categorías no son excluyentes: una misma persona pudo haber experimentado distintas formas de violencia. En cuanto a quiénes participaron en los episodios, en casi tres de cada cuatro casos reportados en Uruguay intervino una sola persona; en los restantes, hubo grupos de agresores.
Al describir las circunstancias vinculadas con los episodios, los médicos uruguayos mencionaron sobre todo las demoras en la atención. Algo más de la mitad de quienes reportaron violencia las identificó como un factor presente. A bastante distancia aparecieron los problemas de comunicación o los malentendidos, la ansiedad o el miedo de pacientes y familiares y el estado de la persona agresora, por ejemplo, si estaba bajo los efectos de sustancias. También se mencionó la falta de recursos materiales.
Desde FEMEBA advierten que estos resultados permiten identificar factores asociados, pero no establecer por sí solos las causas de las agresiones. Entre las condiciones que pueden facilitar los episodios, señalan las deficiencias de infraestructura y la falta de medidas de vigilancia o de control de acceso, especialmente en salas de espera y pasillos compartidos.
“Queda claro que hay una gran deficiencia en ese sentido que favorecen de alguna forma a que se puedan producir eventos de violencia, sobre todo en salas de espera y pasillos compartidos entre el personal de salud y los pacientes y familiares”, apuntaron desde el Programa de Prevención de la Violencia de FEMEBA.
Las condiciones de trabajo también aparecen vinculadas con el problema. En Uruguay, casi la mitad de los participantes consideró inadecuado el espacio donde trabaja y alrededor de uno de cada tres describió como autoritaria a la dirección médica de su centro. Según FEMEBA, el estudio encontró asociaciones entre la percepción de las condiciones laborales y la exposición a la violencia, aunque no permite establecer una relación de causa y efecto.
El ámbito laboral también mostró diferencias. En los cuatro países, los resultados indicaron una mayor presencia de violencia en el sector público que en el privado. En Uruguay, sin embargo, las cifras de ambos sectores estuvieron casi a la par. Los investigadores advierten que, como la encuesta no fue estratificada según el ámbito de trabajo, estos datos no deben extrapolarse al conjunto del país.
Las guardias médicas surgieron como otro factor asociado. Al analizar en conjunto las respuestas de los cuatro países, los investigadores encontraron que quienes realizaban guardias activas presentaban un riesgo de reportar violencia un 45% mayor que quienes no hacían guardias. El resultado no permite determinar por sí solo cuánto pesa esa variable frente a otras, como la especialidad o el lugar de trabajo.
Las consecuencias de la violencia
Las agresiones también pueden modificar la relación entre los médicos y sus pacientes. En el conjunto de los cuatro países, cuatro de cada diez profesionales que habían sufrido violencia dijeron sentirse inseguros en el lugar de trabajo donde ocurrió el episodio. Según el país, entre algo más de la mitad y casi tres de cada cuatro redujeron el contacto con los pacientes. Otros debieron suspender temporalmente su actividad profesional.
Pese a la frecuencia de los episodios, recurrir a la Justicia fue poco habitual: solo el 7% de los médicos que habían sufrido violencia en los cuatro países inició acciones legales.
Para FEMEBA, fortalecer el respaldo institucional a los profesionales es una de las vías para afrontar el problema. Entre las medidas que propone están la capacitación para manejar conflictos, la información sobre las vías judiciales disponibles y la creación de mecanismos de asistencia que ayuden a los médicos a canalizar las denuncias.