LA NUEVA NORMALIDAD

Experto advierte que "habrá que seguir con tapabocas todo 2021"

Uruguay vacunaría primero al personal de la salud y a los mayores de 65 años, siguiendo la estrategia recomendada por organismos internacionales.

Personas con tapaboca en Montevideo. Foto: Leonardo Mainé
En 2021 habrá vacunas para el COVID-19, pero no las suficientes para la inmunidad colectiva. Foto: leonardo Mainé

En el año 2021 habrá “más de una vacuna” para reducir la transmisión del SARS-CoV-2. Dos de las que “probablemente” estén disponibles, y a las que Uruguay tendrá acceso a través de un fondo de cooperación internacional, acaban de anunciar auspiciosos resultados preliminares. La compañía Moderna reportó una eficacia de 94,5%. Y ayer, en un seminario de la Universidad de la República, el científico Marco Krieger, de la Fundación Oswaldo Cruz, adelantó que la vacuna de Oxford-Astrazeneca promete resultados “mejores de lo imaginado”.

Aunque en el imaginario colectivo reposa la esperanza de que un pinchazo -o dos, porque, a priori, se necesitarían dos dosis para adquirir la inmunidad por un tiempo- ponga fin al calvario de la pandemia en curso, con vacunas y todo “habrá que seguir usando el tapabocas todo 2021”, enfatizó ayer Álvaro Díaz, profesor agregado de la Cátedra de Inmunología de la Universidad de la República. La razón de esto es que no habrá vacunas para todos.

Mientras el científico lanzaba este “baldazo de agua fría” o “baño de realidad”, el resto de investigadores que participaban de la ponencia académica, entre los que se encontraban asesores de primera línea del Ministerio de Salud Pública (MSP), asentían con la cabeza.

Las vacunas equivalen, en el contexto de la pandemia en curso, a la luz al final del túnel. Más aún si se considera que “han demostrado una eficacia mayor al 90% en menos de ocho meses de ensayos”, dijo Alejandro Chabalgoity, profesor titular de Desarrollo Biotecnológico.

Pero en el marco de una pandemia, también, los gobiernos tendrán que tomar decisiones sobre a quiénes vacunar primero y a qué porcentaje de la población se necesita inmunizar para alcanzar la “inmunidad colectiva”.

“La vacunación universal es casi imposible en una pandemia”, reconoció la epidemióloga Lucía Alonso. En este sentido, el objetivo internacional es “reducir el riesgo de transmisión: cortar las cadenas de contagiosidad”. Se seguiría la estrategia de vacunar primero “al personal de salud y a las personas mayores de 65 años”, explicó. Luego accederían “aquellos con comorbilidades por otras enfermedades, más tarde las personas de servicios esenciales (policías, bomberos) y los educadores”. Pero, aunque esa es la estrategia “más razonable” para la academia, la decisión es política.

Chabalgoity lo dejó en claro: “el desarrollo de la vacuna es un problema científico, no político. Pero la distribución equitativa es un problema político, no científico”.

Esa decisión política, recomendó la Organización Mundial de la Salud (OMS), debería estar acorde a qué pretende conseguir el país con la vacunación y a su escenario epidemiológico. Noelia Speranza, quien integra el Programa Nacional de Vacunaciones, lo resumió así: “Si se quiere bajar morbimortalidad, hay que priorizar la vacunación a las poblaciones de más riesgo, a los más adultos. Pero si se quiere atender la saturación sanitaria, hay que priorizar al personal de salud. Si se quiere mantener la actividad económica a full, tal vez la prioridad serían los más jóvenes…”.

La cartera de vacunas Covax, estrategia de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) a la que Uruguay se adhiere, prevé la cobertura inicial del 20% de la población. Los mayores de 65 años son, en el país, un 15%. Por lo que podría priorizarse ese núcleo.

El escenario epidemiológico en el que se encuentra Uruguay trae una ventaja: la transmisión del virus es “baja” y, por tanto, se requiere inmunizar a un porcentaje menor de la población para alcanzar la inmunidad colectiva.

Vacuna contra el COVID-19. Foto: Reuters.
Vacuna contra el COVID-19. Foto: Reuters.

Esta inmunidad, también llamada de rebaño, es el porcentaje de la población que tiene que adquirir los anticuerpos (por vacuna o por haberse enfermado y curado) para que la comunidad quede protegida.

La epidemióloga Alonso explicó que, en el mundo, se necesita alcanzar la inmunidad de entre el 50% y 70%. Eso ocurre porque cada infectado transmite el virus a entre dos y seis personas más.

En Uruguay, por ahora, cada infectado contagia a poco más de una persona. Si fuera 1,5 habría que vacunar, en promedio, al 34% de la población local.

Alonso explicó que la vacuna, sea cual sea, no acabará con el virus al instante. La humanidad solo ha logrado extinguir la viruela. Pero el objetivo es “dilatar en el tiempo la transmisión para no saturar el sistema sanitario”.

Vacuna con alto nivel de efectividad

Mientras el mundo se esperanzaba con la noticia de la empresa Modera, que anunció que sus ensayos preliminares arrojan un 94,5% de eficacia para prevenir la transmisión del SARS-CoV-2, en un seminario de la Universidad de la República se adelantaba que esta semana también habrá “novedades muy buenas” sobre otra vacuna a la que podrá acceder Uruguay.

Se trata de la inmunización que están creando Oxford y Astrazeneca. “Esta semana habrá un reporte científico, no un comunicado de prensa”, con los datos de esta vacuna que tiene niveles de efectividad “mejor de los imaginados”, dijo Marco Krieger, del Departamento de Epidemiología de la Fundación Oswaldo Cruz de Brasil, uno de los científicos detrás de la invención.

De esta vacuna que forma parte de la cartera que ofrece el fondo Covax (estrategia a la que Uruguay adhiere), por lo pronto, se necesitarán dos dosis para obtener una inmunización de, al menos, un año y medio. Eso, explicó Krieger, se infiere por lo que se sabe de la inmunidad que adquiere el cuerpo humano a otros coronavirus y los ensayos preliminares con el SARS-CoV-2. Aunque, claro está, todavía no pasó ese tiempo de pandemia para comprobarlo. La Organización Mundial de la Salud reportó el jueves que hay 48 proyectos de vacunas en la fase de experimentación clínica. Once de esas experiencias ya alcanzaron la tercera fase, la previa a la aprobación.

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