La caída en la cantidad de nacimientos es un fenómeno que se registra desde hace una década en Uruguay. La tendencia, señalada ya por el Instituto Nacional de Estadística (INE) lleva a que el país alcance cifras de nacidos similares a las de fines del siglo XIX y a que cada año, desde 2020, se den más muertes que nacimientos.
El año 2025 no hizo más que reafirmar esta realidad. Hubo 28.903 nacidos vivos en Uruguay, de los cuales 26.655 están documentados y obtuvieron la cédula de identidad, según datos de la Dirección Nacional de Identificación Civil (DNIC), bajo la órbita del Ministerio del Interior, a los que accedió El País.
El dato de natalidad del año pasado supone casi 1.000 nacidos vivos menos frente al año 2024 (29.889). La última cifra también muestra cómo año a año se ha ido reduciendo la cantidad de nacidos en un millar: 2023 (31.385), 2022 (32.301), 2021 (34.601) y 2020 (35.874).
Y este escenario es el puntal de la imagen futura que visualizan los expertos, con la proyección de que en unas décadas la población comenzará a reducirse, de no tomarse medidas. De hecho, la estimación hecha por el INE para este año ya quedó por encima de la realidad -se esperaba 29.831 nacidos para 2025, unos 1.000 casos menos de los que se dieron.
Las estimaciones oficiales prevén una leve suba de nacidos vivos entre los años 2027 y 2034, aproximadamente, y luego un desplome hacia el 2070.
Esta realidad se comienza a visualizar en otras variables. Por ejemplo, en la Administración Nacional de los Servicios de Salud del Estado (ASSE), el prestador de salud con más usuarios del país (1.478.271), nacen unos 14.000 bebés por año, en gran medida en el Hospital Pereira Rossell.
En 2025, nacieron unos 4.800 bebés en el centro pediátrico público, según supo El País, lo que supuso una caída de la natalidad en el hospital frente a los años 2024 (4.987), 2023 (5.120), 2022 (5.283), 2021 (5.765) y 2020 (5.875).
“Baja dramática”
Una década atrás, en 2015, la cantidad de nacimientos se ubicaba muy por encima de la actual: fueron 48.926, cerca de 20 mil más de los que se dieron el año anterior, lo que implica una caída del 40%.
“La baja de la natalidad ha sido dramática”, dijo a El País el exdirector del INE Diego Aboal, en referencia a la disminución sostenida en los últimos 10 años. El economista que estuvo al frente del último censo (2023) puntualizó que con un esquema de más muertes que nacimientos, la población uruguaya “está cayendo en este momento”.
En línea con Aboal, el demógrafo Ignacio Pardo puntualizó a El País a mediados de 2024 que la caída de nacimientos desde 2016 es la “más impactante en la historia de Uruguay”, tanto por el descenso registrado en “tan poco tiempo”, como en términos de “bajos niveles de fecundidad” reportados en la actualidad.
Quienes analizan la evolución de la natalidad toman en cuenta la cifra de números absolutos de nacimientos, pero ponderan la tasa global de fecundidad (TGF), la cantidad media de hijos por mujer. Que se analiza junto al umbral de reemplazo poblacional, que es la cantidad necesaria de hijos por mujer para que la población no caiga a largo plazo.
En Uruguay, así como en otros países, el umbral de reemplazo poblacional es de 2,1 hijos. Sin embargo, la TGF se ubica en niveles cercanos a 1,2 hijos. Es decir, casi la mitad, por lo que no se alcanza la cifra de nacimientos necesarios para mantener la población.
“A nivel mundial, la fecundidad ha caído en todos lados. Lo que nos está pasando a nosotros es lo que está pasando en toda la región, y en Europa ya pasó antes”, dijo a El País la demógrafa Gabriela Pedetti. La meta de 2,1 hijos se ha visto en varios países que “no es realista”, aunque se ha notado que con diferentes medidas se puede llegar a “cierta estabilidad” con una tasa de 1,5 hijos.
Detrás de la caída histórica de nacimientos de la última década, Pedetti y otros demógrafos lo asocian con una baja de los embarazos de mujeres de entre 15 a 24 años -que significaron más de la mitad de la disminución entre 2016 y 2021- asociado por la buena receptividad que tuvieron los nuevos métodos anticonceptivos de larga duración en ese colectivo.
Pedetti también puntualizó que tras estudiar la evolución de la natalidad hasta 2024, han notado que no es que las personas “no tienen hijos”, sino que “muchas” parejas optan por un único hijo, asociado a factores económicos y sociales. El “costo cultural de la crianza”, agregó, que implica el esfuerzo, dedicación y tiempo de los padres con los niños, incide en que haya quienes elijan no tener más de un hijo.
Pese a este comportamiento, Pedetti, Pardo y otros expertos aguardan que en Uruguay ocurra un “repunte” de nacimientos, basado en la “postergación” de los embarazos, como se dio en Europa. La expectativa es que mujeres que quizás antes eran madres en edades más tempranas, opten por serlo en edades más avanzadas, ya que priorizan su desarrollo personal y académico.
La crisis de natalidad impacta también en la cantidad de trabajadores, y por ende, en lo que el Estado recauda. Se afecta la sostenibilidad del sistema de seguridad social por la disminución de aportantes, con una población cada vez más envejecida, el financiamiento del sistema de salud, entre otras políticas públicas. Y también, según expertos, es una oportunidad en la educación para trabajar, de manera más personalizada, con menos alumnos.
¿Pago por hijo para aumentar natalidad?
Ante un escenario de crisis de natalidad, desde hace una década surgen varios planteos para intentar revertir la situación. Hay quienes plantean que el pago estatal por hijo podría ser una. Sin embargo, los consultados por El País coincidieron en que no dio resultados en otros países.
Pedetti planteó que sobre las llamadas “políticas pronatalistas directas”, con el pago de bonos por hijo, hay evidencia “clara” de que “no funcionan” y tiene un impacto “muy escaso o nulo”. “Es una inversión inicial, que después no la mantenés, las familias enseguida se adaptan a esa realidad y no tienen ese dinero”, dijo. Este tipo de políticas buscan “promover algo que las personas en su sentido y en sus derechos deciden no hacerlo”, remarcó la demógrafa.
En esa línea, Aboal indicó que los países que aplicaron políticas pronatalistas “generosas”, pasaron de una tasa de fecundidad de 1,2 niños por mujer a 1,5 como mucho, pero que no han llegado al 2,1 hijos ideal. “Han tenido impacto chico”, dijo.
Ambos insistieron en que otros países ha dado resultado la aplicación de “políticas de cuidado, conciliación e igualdad de género” que busquen “mejorar la conciliación entre la vida familiar y laboral”, sin afectar a la madre en posibles ascensos por la maternidad.
En ese sentido, Pedetti sostuvo, por ejemplo, que si los varones se tomaran más licencia por paternidad, no serían las mujeres quienes se vieran más afectadas por el impacto del nacimiento en su vida laboral y académica. Sobre todo para que “no se condene después a la hora de tener un ascenso”, dijo la experta.
Otra medida que plantearon es la extensión del horario escolar, para que no impacte en la vida laboral de los padres. Esto en un escenario en que un 85% de los niños uruguayos asiste a la educación pública, y donde tres cuartas partes concurren cuatro horas diarias, la mitad que lo usual en varios colegios privados.
“En la región, las tasas de fecundidad siguen disminuyendo y la realidad es que tampoco se ha hecho nada para cambiar”, dijo Pedetti. En esa línea, Aboal afirmó que si bien no habría una crisis “de hoy para mañana”, esta situación debería afectar las discusiones sobre una “nueva reforma” de la seguridad social -que ya se cambió en 2023- y del sistema de cuidados.
Dastugue va por política de fomento de natalidad
El diputado blanco Álvaro Dastugue presentó el mes pasado un proyecto de ley de “fomento de la natalidad”, a partir de brindar “beneficios fiscales y sociales” a los padres que tengan dos o más hijos menores de cinco años, y la exoneración de IVA en bienes y servicios esenciales para la primera infancia, entre otras medidas. La iniciativa incluye campañas estatales de “concientización sobre la baja natalidad y su impacto social, promoviendo el valor de la vida, la crianza y el acompañamiento a las familias”.
¿“Shock migratorio” solución para aumentar nacimientos?
“Debemos desarrollar la atracción de talentos y hacer un shock inmigratorio”, propuso el senador colorado Pedro Bordaberry en octubre pasado en un evento de ADM, tras plantear que “no somos viables” con este esquema. Por un lado, propuso generar beneficios y mejoras en las residencias de quienes decidan vivir en el país, y atraer jubilados de alto poder adquisitivo “como ocurre en Miami”.
Pedetti, en tanto, manifestó que la llegada de personas al país “no es el camino” que permita revertir la situación. Por un lado, porque hay evidencia de que las poblaciones que migran “acoplan su fecundidad a la del lugar en donde están”, tomando en cuenta las dificultades de no tener políticas de contención.
“En general, tienen más problemas de inserción laboral, viven en condiciones de vivienda mucho más precarias. Entonces, traer gente sin ver las condiciones seguro que no va a mover la situación”, agregó. Del análisis demográfico que realizaron, surge que entre 3% y 4% de los nacimientos anuales eran de madres migrantes.
Aboal, por su parte, si bien valoró la “atracción de talentos”, dijo que esto tiene el riesgo de que “no se elige” quién ingresa, y que la integración de poblaciones diversas se ha visto que es “complejo” en Europa y otros sitios.
En su lugar, Aboal planteó que el “combate a la pobreza” de los niños que hoy viven en el país -donde según el INE uno de cada tres es pobre- debería ser una “prioridad absoluta”, para que puedan lograr trabajos altamente productivos para sostener el sistema de bienestar”.
“Me parece que la estrategia tiene que ser por otro lado. Antes de hacer políticas pronatalistas y que nazcan más, mejoremos las posibilidades de los niños que están naciendo hoy, en la pobreza”, agregó Pedetti.
“La discusión es qué le estamos dando a los niños que están ahora para que sean productivos, aumenten el PIB y nos quedemos tranquilos de la sostenibilidad fiscal”, acotó el extitular del INE.