-Se reunió con el presidente Yamandú Orsi el viernes en el marco de los encuentros “mano a mano” con referentes de la oposición por la participación próxima en la Asamblea General de la las Naciones Unidas. ¿Cómo fue ese encuentro?
-Hubo un análisis de la situación internacional y del cambio que ha habido a partir de la crisis de los organismos internacionales. Además, Orsi habló sobre la importancia del aporte que ha hecho Uruguay en las fuerzas de paz, que señaló como un tema a destacar en el discurso. También sobre la necesidad de renovar las Naciones Unidas y buscar mecanismos que permitan adaptarla a las nuevas circunstancias, reconociendo que la organización está en una etapa de debilitamiento. De mi parte, hablé del proyecto Casupá: le reiteré el error que significa y enfaticé la importancia de hacer la toma en el Río de la Plata. Orsi, en tanto, reivindicó el camino que tomó el gobierno.
-¿Se habló de algún otro tema?
-Le planteé que no hubiera dudas sobre la continuidad de la fiscal de Corte, Mónica Ferrero. Me respondió que podía decir que él, como presidente, la apoya en el cargo.
-¿Se habló de que se citó a los líderes de la coalición por separado?
-Fue parte de lo que ocurrió en la previa, pero no entramos en ese punto. Lo vi muy conforme con la necesidad de tener diálogo con el sistema político. Incluso planteó la importancia de que estuvieran todos los partidos en primera línea cuando venga el papa León XIV.
-La coordinación de los partidos de la coalición, por fuera de lo parlamentario, no se ha consolidado. ¿Cuál es el motivo?
-La coordinación política, si bien hubo algunas instancias de reunión, no tiene periodicidad ni permanencia. Y está claro que la vida política no es solo lo que pasa en el Parlamento, donde hay una coordinación que funciona muy bien. Le trasladamos al Partido Nacional (PN) y al Partido Colorado (PC) la voluntad de generar una dinámica más estable, lo que fue bien recibido. Se va a concretar.
-Hace un año y medio que la coalición es oposición...
-Puede haber muchas causas por las que aún no se consolidó la coordinación. Una de ellas, que también explica la demora en la coordinación parlamentaria, es que no estaba muy claro qué partidos integraban la coalición después de las elecciones. Estuvo la discusión sobre si Cabildo Abierto (CA) era parte. Una vez que quedó claro que no iba a integrarla, se produjo más fácilmente este doble movimiento: primero el parlamentario y segundo el partidario. Al partidario le falta un poco más de funcionamiento, pero va a ocurrir.
-¿Cómo vio la salida de CA? Ha habido choques con el Partido Independiente, incluso antes de que la coalición ganara las elecciones de 2019.
-Lo vi como una consecuencia natural de una decisión que ellos tomaron: ser el socio menor del Frente Amplio (FA) en el gobierno. Eso, a esta altura, es un dato y es incompatible con una coalición que es, por definición, opositora al gobierno.
-Antes de que CA se desmarcara de la coalición, incluso durante la campaña, ¿se imaginó que, acuerdos mediante, iba a darle votos al FA?
-Eso hay que preguntárselo a todos los que votaron a CA. Estoy convencido de que la gran mayoría de sus votantes deben haber quedado sorprendidos, porque el posicionamiento ideológico del partido está muy lejos del que tiene el FA. Pero cada cual... No me voy a meter a opinar si estuvo bien o mal, porque ese es un problema de ellos. Sí, en primera instancia, genera una reacción de sorpresa por el posicionamiento histórico de los dos, porque además, después de todo lo que ha dicho, el FA tiene la necesidad de compartir con CA.
“No había alternativa a judicializar” para frenar
-El Partido Independiente, junto a otras organizaciones e integrantes de otros partidos, inició una demanda contra OSE por el proyecto Casupá. ¿En qué etapa está?
-Se está a la espera de la resolución judicial de la primera parte del proceso, donde hay posibilidad de que haya una sentencia sobre una medida cautelar de freno. Me parece increíble que el gobierno esté encaprichado y prácticamente sin argumentos con la represa de Casupá, cuando es tan evidente que está saturada la cuenca del Río Santa Lucía, al mismo tiempo que está una fuente inagotable como el Río de la Plata, en el que Argentina tiene cuatro tomas.
-Se ha vuelto un tema político más que técnico. ¿Le parece correcta la judicialización?
-No nos quedaba otra alternativa. No empezamos por la judicialización; en general, no me gusta judicializar temas políticos, pero, cuando del otro lado no hay respuesta, ¿qué camino queda? No era recurrible por referéndum ni plebiscito, porque es una obra del gobierno. La única manera de frenarla es mediante la intervención del Poder Judicial. Lo hará o no, aunque espero que sí.
-Insiste con el lema común, pero no encuentra mucho eco en los otros dos partidos de la coalición. ¿Qué responde a la crítica de que se pueden desdibujar las identidades partidarias?
-Entendemos que compartir un mismo lema es la mejor solución para 2029, porque favorece las reglas de juego electorales. Cuando vas con lemas separados, los restos electorales se pierden y terminan favoreciendo a los lemas más grandes. Entonces, perdemos un conjunto de bancas en el Parlamento que, por cómo se dieron las últimas elecciones, hubieran determinado otra distribución, incluso de mayorías en el Senado. Otro argumento es la conformación de la opción electoral. Al ir con un lema común, se elige un candidato común en las elecciones internas de junio. Por lo tanto, hay cuatro meses de campaña para explicarle a la gente que hay que votar a esa persona, que además va a conformar una fórmula mixta, por lo que va a tener una capacidad de representación mucho más amplia en comparación con 2019 y 2024, cuando había un acuerdo para votar en el balotaje al candidato con el que habías competido hasta el día anterior. Es muy difícil alinear a todo el mundo en cuatro semanas. Esta es nuestra opinión, pero el debate tiene tiempo por delante. Hay dirigentes del Partido Nacional y del Partido Colorado que han coincidido públicamente.
-Todo indica que el candidato de la coalición que irá como favorito será Luis Lacalle Pou. ¿Cómo ve que esté medio retirado del escenario público?
-Uno ve los números de las encuestas de opinión y es cantado que hay un peso político de Lacalle Pou en la opinión pública, tanto en simpatía como en adhesión. Sobre su decisión de estar un poco al margen, es lo que han hecho todos los expresidentes que volvieron a ser candidatos; tiene su lógica, porque hay un capital generado y hay tiempos, y en la política los tiempos son casi tan importantes como las decisiones mismas. Por lo tanto, entiendo la posición de Lacalle Pou y entiendo que él tendrá que decidir si va a competir nuevamente. Pero, sin duda, como parte de la coalición tenemos que buscar la manera de... Uruguay necesita un cambio político que este gobierno no está haciendo.
-¿Por qué?
-Tengo una opinión muy crítica del actual gobierno, que es compartida por la gran mayoría de los uruguayos, que desaprueban la gestión. Porque prometieron de todo y no están cumpliendo. Es un gobierno lento y poco dinámico, y ese es un gran desafío que va a tener el próximo gobierno, porque Uruguay está en un momento de pérdida de confianza en lo que está pasando y en lo que puede ocurrir. Tenemos que recrear una esperanza. El objetivo de la coalición, más allá del formato electoral y de los candidatos, es que la gente sienta que la propuesta va a hacer que Uruguay pegue un salto. El gobierno me hace acordar a esos trenes que van acercándose a la estación y que van parando, parando, parando, parando. Eso es lo que estamos viviendo. No hay una gran crisis, no es el caso de 2002, pero es una especie de ralentización que el gobierno parece no entender o no tiene las respuestas para resolver esos problemas. Hay algunos temas centrales: por ejemplo, la educación sigue siendo un debe. Nosotros hicimos algunos cambios, pero no llegamos a consolidar una reforma porque se necesitaba un segundo periodo, y ahora lo que estamos viendo es una marcha atrás. Eso está afectando mucho la posibilidad de construir una sociedad mejor. También está lo demográfico, que te está marcando riesgos enormes en las posibilidades de crecimiento del país. Hay que pegar un salto y para eso hay que tener voluntad política, y este gobierno no la tiene; está en una onda de “la vamos llevando”.
-Habla del gobierno, ¿pero cómo ve en particular al presidente Orsi?
-Es un presidente un poco débil en su capacidad de liderazgo. Lo afectó probablemente el episodio vinculado a su camioneta, pero uno ve que hay cargos en la gestión que no están funcionando y que, sin embargo, no hay correctivos. Capaz que ocurre, veremos. Es una persona muy abierta al diálogo, etcétera, pero al mismo tiempo no veo un rol de conducción fuerte en la dirección que necesita el país. En cuanto a los ministerios, creo que hay varias gestiones que no están dando la talla.
-¿Cree que debería haber cambios en el gabinete?
-No lo hemos formulado en términos de exigencia de renuncia. Sí siento que desde el Ministerio del Interior el tono del discurso es falto de contundencia, falto de golpear la mesa, hasta el punto de haber criticado la frase de Jorge Larrañaga (fallecido en 2021 cuando era ministro del Interior) de que “hay orden de no aflojar”. Me imagino lo que deben pensar los delincuentes, en particular los jefes del crimen organizado; y no veo desde el gobierno un planteo para que ellos se sientan contra las cuerdas. Me parece muy preocupante y muy peligroso. También es muy malo que cada dos por tres surjan dudas sobre el apoyo a la fiscal de Corte. Asimismo, considero muy graves las amenazas que recibieron el ministro Carlos Negro y Ferrero; me solidarizo con ellos. Pero el crimen organizado está probando hasta dónde va.
-El crimen organizado viene creciendo hace tiempo, no es un tema de este gobierno...
-Por supuesto que no. Pero en este gobierno han dado pasos mayores y la articulación internacional ha quedado mucho más en evidencia. Entonces, el discurso tiene que estar en línea con el accionar. El discurso, hoy suave y moderado, cuidando las palabras, cuestionando frases más radicales, se lee para la ciudadanía -en algo que está viviendo en la vida cotidiana- como la inseguridad. Estamos ante un problema que se va agravando e incluso se está contagiando a una violencia que va más allá del delito, que tiene que ver con ese malestar de la ciudadanía con la realidad que se está viviendo y termina en confrontaciones vecinales o de tránsito que explotan en violencia. Ahí hay un lío que va mucho más allá del Ministerio del Interior.