Identidad y género

Lesbianas encargaron semen por internet y ahora no pueden darle sus apellidos a su hija

Madres lesbianas impedidas de reconocer ambas a su hija.

Por no estar casadas ni haber acudido a la inseminación regulada, el Estado no permite el apellido de una de las madres. Foto: archivo El País
Por no estar casadas ni haber acudido a la inseminación regulada, el Estado no permite el apellido de una de las madres. Foto: archivo El País

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Esta es la historia de una pareja de lesbianas que en el afán de ser madres dieron un paso en falso. Todo comenzó, un poco por "falta de dinero" y otro tanto por imprudencia, cuando encargaron por internet una muestra de semen, en lugar de haber acudido a un banco de esperma autorizado. Ahora, tres años después de aquel descuido, el Estado solo reconoce como madre a la gestante y no a su pareja.

Este es el embrollo al que estas jóvenes uruguayas se enfrentan en la actualidad y que solo podrán sortear mediante la adopción. Eso sin contar otro montón de dudas que, de aquí en adelante, podrán enfrentarse: ¿qué ocurre si el padre biológico reclama la paternidad de la niña? ¿Y si la hija quiere conocer a su padre biológico? ¿Y si a la pequeña se le despierta una enfermedad porque el semen no fue debidamente analizado y controlado?

Todas estas preguntas hicieron que estas madres desistieran de un juicio para que el Ministerio de Educación y Cultura registrara a la hija con el apellido de ambas. En noviembre habían iniciado un recurso de amparo que, a los pocos días, dejaron sin efecto.

El disparador.

En octubre de 2018, otra pareja de mujeres (Karina y Fernanda) habían logrado que sus gemelas fueran reconocidas e inscriptas en el Registro Civil como hijas de ambas y, por consiguiente, con el apellido de las dos.

La única norma que reconoce la comaternidad es la ley de matrimonio igualitario, pero, por definición rige para quienes están casados. En el caso de Fernanda y Karina, ya convivían hacía tres años pero no se habían casado. Recién cuando fueron a inscribir a su hija se enteraron que a las parejas heterosexuales el Estado les reconoce la copaternidad sin necesidad del matrimonio, pero a las lesbianas no.

El inédito fallo de la Justicia a favor de Karina y Fernanda— fue informado por la prensa y dio impulso a que otras madres también acudieran al amparo en busca de una solución similar. Eso fue lo que hizo, sin éxito, la pareja que encargó semen por internet.

Los abogados defensores se enteraron, por un ginecólogo que había sido llamado como testigo, que las mujeres no había seguido el procedimiento regulado y convencional. El médico las había asistido en el análisis de la salud de la bebé, pero no había intervenido en el proceso de fertilización. De hecho, él se enteró en la consulta que ellas habían encontrado al "padre-donante" navegando en una red social.

La madre gestante era afiliada al Hospital Militar, una institución que está por fuera del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS). Para su suerte, el hospital no le cobraba el tratamiento de inseminación (como sí ocurre en los prestadores del Fonasa que mantienen un copago de unos US$ 200 la primera vez). Sin embargo, el Militar sí le exigía que consiguiera la muestra de semen, que en un banco autorizado puede superar los $ 5.000.

"Incluso nos hacían promociones de tres muestras por $ 10.000, pero nos era imposible pagarlo y tampoco queríamos hacerlo", contó a El País la madre gestante. He aquí que empezaron a buscar por internet y en una red social dieron a parar con un uruguayo que "sin fines de lucro" les donó una muestra.

No hay misterio. Cuando una mujer fértil está en su etapa de ovulación —a los 14 o 15 días posteriores a la menstruación— tiene altas chances de quedar embarazada. Mientras el semen se mantenga a una temperatura similar a la del cuerpo humano, los espermatozoides "sobreviven" a la intemperie por unas horas. El donante puso su muestra en una jeringa estéril y la mujer receptora se la colocó en la vagina —como si fuera una relación sexual convencional, pero sin penetración del hombre.

Esta práctica, dicen los ginecólogos, no reviste mayor complejidad, pero sí tiene riesgos. "Un semen que no se haya testeado, sea encargado por internet, de un amigo o de una relación casual, puede trasmitir distintas hepatitis, VIH u otras enfermedades infecciosas", explicó Justo Alonso, profesor titular de Ginecología.

Desde lo legal, a priori no hay un delito en conseguir un donante. Tampoco es una práctica "clandestina", basta con darse una vuelta por internet. El problema, dicen los juristas, es qué derechos se tienen en cuenta y cómo se hacen pesar una vez que el niño nace.

Según Mabel Rivero, profesora emérita en Derecho de Familia y Sucesiones, "si los involucrados se pusieron de acuerdo, no cabe ninguna reclamación legal". De hecho no existe una norma que habilite una demanda, "salvo que alguien pueda probar que sufrió un daño... pero eso es difícil de probar".

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