UNA MUJER Y SU CRUZADA CONTRA EL BULLYING

Madre de Fausto: "Ni la UTU ni el Codicen nos dieron una respuesta"

La historia de Fausto ha sido vista más de 368.000 veces en Twitter y abrió el debate

Fausto junto a su madre en una playa. Foto: Twitter
Mientras se resuelve su caso, Fausto está sin ir a clase y “le mandarán deberes”. Foto: Twitter

La madre recuerda la película entera. Primero lo amenazaron con una navaja. Después lo colgaron de la baranda del primer piso de la UTU de Ciudad del Plata. Luego lo tiraron al piso, forcejearon y le rompieron la pantalla del celular. Este último episodio fue el 3 de junio. Lo sabe porque ese mismo día su hijo (la víctima) fue llevado al hospital Evangélico. Padecía las heridas que deja el bullying.

Fausto fue el personaje central de una de las leyendas alemanas sobre las que se han filmado más películas. Pero desde esta semana es, también, el nombre de un preadolescente uruguayo que difundió en Twitter su historia de hostigamiento escolar y cuyo video fue reproducido más de 368.000 veces.

Fue tal la repercusión mediática que la ANEP emitió un comunicado en la tarde de ayer, en el que culpabiliza la “hipermediatización y consiguiente sobreexposición del adolescente” lo que, a juzgar por el organismo rector de la educación, quebranta “el derecho a la privacidad”.

Sin embargo, la madre de Fausto, argumenta que la visibilidad que adquirió el caso “era la única manera de evidenciar la inoperancia de la UTU”.

Cuando su hijo terminó la escuela, la directora del centro educativo le sugirió que siguiera robótica en la UTU de la zona. El chico tenía el interés y las cualidades por esta disciplina. Pero lo que su familia no imaginó fue que, meses después, empezaría lo que califican como “una pesadilla que no acabó”.

Fausto está en la casa. “Nos recomendaron que no fuera más a clase por su propia protección”, relata la madre. Aunque ANEP explica en su comunicado que “como suele aplicarse en todos los casos de certificación médica prolongada, que la Unidad Coordinadora de Atención al Estudiante (UCAE) del CETP, plantea entre otras alternativas, la realización de tareas a distancia durante el tiempo que dure la certificación”.

La madre insiste en que se pone en el banquillo de los acusados a la víctima y no al revés. Esa misma línea argumental sostiene la psicóloga Silvana Giachero, especialista en bullying, quien escribió: “No es justo que los malos se queden”.

Pero Celsa Puente, exdirectora de Secundaria, criticó esa visión: “No es un buen mensaje el de invitar a percibir el mundo como una batalla de bandos (…) No me parece adecuado ni que se exponga a un menor al relato público de su vivencia ni que una profesional salga a hacer consideraciones condenatorias en las que subyace claramente una postura política en relación a la concepción del mundo”.

La representante del sindicato de docentes de la UTU de Ciudad del Plata, Ana Borges, coincidió con los dichos de Puente y argumentó que la institución se hizo cargo.

Pero la madre de Fausto fue contundente: “Nosotros no tenemos plata para un abogado, ni el Codicen (Consejo Directivo Central) ni la UTU nos dieron ninguna respuesta y le pregunté directamente a Fausto: ‘¿vos querés hacerlo público?’ y me dijo que le parecía bien”.

Visibilidad.

Los psicólogos usan la imagen de un iceberg cada vez que quieren explicar que lo que se ve de un problema es solo una ínfima parte. Fausto parece ser, en este caso, esa punta visible del enorme hielo.

Uno de cada diez estudiantes uruguayos, de educación media, se autopercibe como víctima de bullying. El dato surge de una investigación de Unicef y Secundaria que lideró en 2014 el psicólogo Juan Carlos Noya, director del colegio Alemán e investigador en relacionamiento escolar.

En los países nórdicos, “que es donde más se trabaja el combate al bullying”, el guarismo es muy similar al uruguayo.

La Unesco estima en tres veces más las víctimas de bullying. Pero es “una cuestión metodológica”. El organismo toma co-mo víctima a cualquiera que diga que “alguna vez se sintió ofendido”.

El bullying, por definición, “es un hostigamiento reiterado en el tiempo y en que se repiten las víctimas y victimarios”, dice Noya. Pero “más allá de la cantidad, lo relevante es entender la problemática y sus consecuencias”, señala el psicólogo.

Hay una mínima parte de la población, cercana al 1%, que ha ideado con suicidarse fruto del hostigamiento -lo que no significa siquiera que lo haya intentado. Pero “hay otras consecuencias bastante menos visibles, como los problemas para armar una familia o relacionarse con compañeros de trabajo, que suelen estar asociados a episodios de bullying en la infancia”.

En Uruguay hubo quienes quisieron legislar al respecto. El proyecto de ley presentado en el Parlamento, pero que no prosperó, le agrega a los docentes y encargados de los centros educativos una nueva responsabilidad: deberán medir mediante encuestas estandarizadas una vez al año el bullying en todos los centros educativos, que además deberán contar “con alumnos entrenados especialmente que monitoreen y denuncien posibles conductas de bullying”.

Para Noya, las autoridades y los docentes, la solución es, ante todo, educativa.

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