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Los préstamos friends & family, un apoyo con riesgo económico y emocional

Emprendedores y expertos aconsejan cómo proceder al iniciar un negocio con dinero de conocidos

Perspectiva. Un 70% de las startups no superan la primera etapa de inversión de capital de riesgo. (Foto: Shutterstock)
Perspectiva. Un 70% de las startups no superan la primera etapa de inversión de capital de riesgo. (Foto: Shutterstock)

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Conseguir apoyo para una empresa en etapas iniciales es crucial para su desarrollo, pero conlleva un riesgo muy alto. Si bien no existen datos locales, un estudio que publicó en 2017 la firma de software CB Insights reveló que más del 70% de las startups no superan la primera etapa de inversión de capital de riesgo.

Esto se concluye del seguimiento a las diferentes rondas de financiamiento de más de 1.000 compañías tecnológicas en EE.UU. entre 2008 y 2010, empezando desde el capital semilla. Es en esta etapa inicial cuando apenas el 46% de ellas pudo recaudar lo suficiente para una segunda ronda.

Recurrir al préstamo friends and family (de amigos y familia) conlleva un doble riesgo ya que no siempre es fácil mantener la relación personal en buenos términos, mucho menos cuando los negocios no van bien.

La alternativa más común es recurrir al préstamo friends and family (de amigos y familia). No obstante, esto conlleva un doble riesgo grande, ya que no siempre es fácil mantener la relación personal en buenos términos, mucho menos cuando los negocios no van bien. Sobre cómo superaron estos obstáculos y qué enseñanzas acumularon en el camino, cuatro emprendedores locales dialogaron con El Empresario.

Lograr subsistir

Al iniciar su propia empresa, Sebastián Stranieri, fundador de VU Security —compañía argentina especializada en ciberseguridad con presencia en más de 20 países, entre ellos Uruguay— tuvo que recurrir a dinero de tres personas: un exjefe, un inversor ángel y su esposa.

Trabajaba como encargado de ventas en una tecnológica de software de seguridad y en 2007 su jefe le dio US$ 25.000 para que pudiera independizarse y fundar su propio negocio. Solo había una condición: en 10 años Stranieri tenía que contratarlo en su empresa.

Sebastián Stranieri, fundador de VU Security recibió US$ 25.000 de su jefe para emprender con la condición que 10 años más tarde, si tenía éxito, lo contratara a él, y así sucedió.

Stranieri, quien el año pasado fue reconocido como Emprendedor Endeavor Uruguay y como innovador por el MIT Technology Review en 2013, recordó que ese dinero, que tenía que durar unos 24 meses, no alcanzó ni para 12, por lo que tuvo que buscar una nueva forma de financiamiento. En este momento, consiguió un inversor ángel que era de profesión abogado, quien al tiempo, al no percibir las ganancias esperadas reclamó su capital de US$ 100.000. Tras varias negociaciones se resolvió devolver a medida que entrara dinero a la caja.

En ese entonces tuvo que reducir gastos, vender su auto, mudarse al apartamento de su novia —actual esposa— y apoyarse en ella para subsistir económicamente y sacar adelante la empresa.

El acuerdo con su mujer fue que, si en cinco años no funcionaba, él buscaría un empleo y ella emprendería. No hizo falta, ya que en 2012 las cosas comenzaron a mejorar e ingresó el conocido fondo de inversión NXTP Labs a la compañía.

Esto no generó rispideces con su mujer, pero sí discusiones de cuándo parar. «El emprendedor ve plata y quiere reinvertirla. Del otro lado, en cambio, tenés una persona que te dice: ‘No, pará, hay que guardar para una emergencia’», contó Stranieri.

Unos 10 años después de sus inicios, cumplió su promesa y eligió a su exjefe como su mentor. La firma crece a un 500% cada año.

Riesgo compartido

«Salvo raras excepciones, los emprendimientos siempre empiezan con fondos propios o de familia o amigos», asegura Isabelle Chaquiriand, directora del programa Xcala, que promueve la inversión ángel en América Latina y el Caribe.

Existen también apoyos de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) y de la Agencia Nacional de Desarrollo (ANDE), que dan fondos a los emprendedores para validación de ideas de negocios o para las etapas muy iniciales de los emprendimientos (luego de pasar un proceso de selección). Sin embargo, en todos los casos les piden a los involucrados como contrapartida que aporten algo al emprendimiento (es decir, no financian el 100% del capital inicial), matizó Chaquiriand.

Franco Miceli, fundador de ABYA, empresa dedicada a soluciones de virtualización gráfica enfocadas en el mercado de Gaming as a Service, tuvo que recurrir a su padre al recibir el subsidio de la ANII.

La Agencia financió hasta el 70% de su proyecto, por lo que Miceli utilizó sus ahorros y capital de su padre para alcanzar los US$ 100.000 necesarios para armar el prototipo. Una vez culminada esta etapa, recurrió nuevamente a otro subsidio de ANII con el apoyo paterno.

Si bien la segunda vez fue un poco más difícil convencerlo, su padre —que tenía experiencia en negocios y le dio consejos de gestión— confió en él y no le puso condiciones para el préstamo. «No es un capital muy alto para perder, pero si funciona va a ser terrible negocio», coincidieron ambos.
En la actualidad, la empresa —que recibió aceleración de Thaleslab— tiene interesados en su tecnología en EE.UU. y Argentina.

Intereses por escrito

Sebastián O’Ryan tiene varios emprendimientos en su haber. El fundador del espacio compartido Cowork Latam hace tres años se interesó por desembarcar en Chile con la franquicia de gimnasios de origen estadounidense Anytime Fitness.

La cadena se caracteriza por funcionar 24/7 y no requiere de un amplio staff para operar. El monto al que tenía que llegar O’Ryan junto a sus socios para adquirirla era alto y, además de solicitar un préstamo bancario de unos US$ 200.000, recurrieron a familiares y amigos.

Para conseguir los US$ 150.000 que faltaban, hicieron una presentación corta a sus conocidos buscando captar fondos, con una promesa de retorno del 18% a partir de los tres años. Y se realizó un documento legal que especificó el tipo de acción que sus allegados adquirieron al invertir.
Si bien el emprendedor reconoció que, según lo estipulado, ya deberían haber devuelto parte del dinero, aún no se logró. Por esta razón, sostuvo que es clave poner al tanto a los inversores sobre cómo va el negocio.

Priorizar relaciones

Previo a asentarse en Uruguay, Óliver Socas, CEO de la consultora en innovación y desarrollo de negocios Thinkfy (con presencia en América Latina y España) tuvo varios emprendimientos. A sus 20 años, ideó crear una empresa de alquiler de coches con su primo en Islas Canarias, para la que necesitaba unos 40.000 euros.

Óliver Socas, CEO de la consultora Thinky, le pidió 40.000 Euros para crear una empresa de alquiler de autos a su padre, quién luego de pedir un préstamo bancario le dijo: "confío en que tú vas a pagar siempre, para que no ejecuten a tu padre"

Habló con su padre, quien optó por ir al banco para sacar un préstamo a nombre de Socas y ponerse como garante. «Confío en que tú vas a pagar siempre, para que no ejecuten a tu padre», fueron sus palabras. Pensar en eso fue clave para Socas al momento de tomar decisiones. Esa empresa se logró vender y se recuperó el capital. «En los cuatro años del préstamo mi padre nunca recibió ni una llamada ni reclamo del banco», especificó.

Por otro lado, le tocó a él aportar capital para un negocio de un primo, que a los tres meses quebró. «Estuvimos un tiempo en el que la comunicación no era lo más adecuada y, al fin y al cabo, te das cuenta de que no vas a perder ese vínculo, pero se genera esa incomodidad», contó Socas.

Cuatro consejos 

Dejar claras las condiciones
Sebastián Stranieri, fundador de VU Security, aconseja no dejar espacio a las suposiciones y estipular desde el primer momento de forma clara y contundente las condiciones en que se da el capital. «Siempre hay que saber si se trata de un préstamo, regalo o participación con acciones. Lo único que puede generar discusiones es hacer eso de mala manera», dijo.

«Casarse a la catalana»
Óliver Socas, CEO de Thinkfy, afirma que en negocios con seres queridos hay que «casarse a la catalana, con separación de bienes»: «Una cosa es que me prestes dinero y otra que opines. Cuando se hace en pareja, familia o amigos, el emprendimiento que está fuera de la casa hay que disociarlo de la familia. Si no lo logramos, tarde o temprano se acaba violentando la relación personal y profesional».

Pedir a quien puede perder
Franco Miceli, fundador de ABYA, aconseja mentalizarse de que es una apuesta y que el negocio puede fallar. «Es importante ver qué significa que esto no funcione para esa persona. No hay que pedir plata a alguien que no pueda perderla, porque como todo emprendimiento tiene su riesgo. Entonces, hay que saber que la pérdida del capital no puede ser de vida o muerte, porque no vas a querer tener esto en tu conciencia».

Rendir cuentas
Sebastián O’Ryan, fundador de Cowork Latam, señala como aspecto esencial ser transparente con los involucrados. «Hay que ser sinceros y contarles en qué está el negocio. En una primera etapa no creo que sea necesario estar continuamente haciendo reportes. Si tienen dudas se conversa, no cuesta nada, pero es mejor dedicarse a vender y sacar adelante la empresa.Igual hay que ser claros y transparentes».

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