Para perdurar, los negocios hoy tienen el desafío de ser rentables y a la vez velar por su impacto ambiental y social. Sobre los avances, oportunidades y escollos que encuentran en ese camino, disertaron ocho referentes de negocios en el evento «Líderes de Triple Impacto», organizado por El País y El Empresario.
El encuentro, realizado el jueves 31 en el World Trade Center Free Zone, convocó a Lucía Cabanas, gerenta de Marketing, Sustentabilidad y Comunicación Corporativa en banco Itaú; Sebastián Ramos, secretario de Pacto Global, socio de Banca y Finanzas y codirector de ESG en Ferrere Abogados; María Bulla, gerenta de Responsabilidad Corporativa e Impacto Social para Unilever en Argentina, Uruguay y Paraguay; Silvana Bergonzi, CEO de Arredo; Alejandro Ruibal, presidente de la Cámara de la Construcción; Carolina Dovat, directora ejecutiva en Dovat Arquitectos; Matías Saiz, director comercial en Saceem y Federico Gagliardo, CEO de Vitrium Capital.
Lucía Cabanas
«Hay un cambio de paradigma en las finanzas internacionales y esto está derramando en Uruguay. Los bancos tenemos un impacto en nuestra operación y también en la transición hacia una nueva economía», dijo la ejecutiva, que ve al sector «desafiado a que la agenda (sustentable) se acelere». Por último, marcó el valor del propósito. «Tener un para qué más grande que el valor económico» que crea la empresa.
Sebastián Ramos
El avance del sector financiero en materia de sustentabilidad es todavía «muy lento», opinó. «Empezás a escuchar a gerentes, directores que quieren comenzar a hacer algo, lo cual es positivo porque quizás hace cinco años atrás esto no estaba en la agenda, pero falta pasar más a la acción. No ves en el mercado instrumentos pensados en dedicar las finanzas y las inversiones a hacer un cambio en la sostenibilidad».
María Bulla
«Un estudio de Unilever dice que el 68% de los uruguayos elegirían una marca que es responsable ambiental y socialmente. Entonces, las empresas tenemos un rol importante en la representación de la diversidad de consumidores. Si tenemos marcas que llegan a ocho de cada 10 casas en Uruguay y lo que contamos no los representa, probablemente alejemos a los consumidores», afirmó la ejecutiva de la multinacional.
Silvana Bergonzi
«La dicotomía entre ser rentable y ser sustentable es falsa. Si pensamos nuestro valor en el largo plazo, esa ecuación se soluciona porque incorporamos los intereses, preocupaciones y necesidades de las personas que atendemos con nuestra propuesta», dijo. También ve la «oportunidad de educar más (al público) a que hace la diferencia una decisión tan chica como ir por un producto (sustentable) u otro» que no lo es.
Alejandro Ruibal
Sostuvo que «la construcción tiene la oportunidad y la obligación de ayudar en la solución de estos conflictos que tiene nuestra industria». Recordó que la industria crea alternativas que ayudan a paliar sus impactos ambientales como las plantas de tratamiento, de reciclaje y nuevas tecnologías. Cree que las leyes pueden fomentar la construcción sustentable al inicio, «pero luego (el avance) debe tener energía propia».
Carolina Dovat
«La sustentabilidad tiene que ir de la mano con la innovación porque es la única manera de poder salir del ‘esto siempre se hizo así’. Eso nos trae a una industria que tiene un impacto ambiental altísimo. Cada uno va a poder hacer poco, pero entre todos podemos hacer mucho», remarcó. Además, instó a impulsar la transformación digital. «La construcción es de las industrias más atrasadas en ese sentido», dijo.
Matías Saiz
«La obra pública tiene un impacto enorme en lo social, ambiental y económico», valoró el ejecutivo, que mencionó desarrollos que realiza Saceem y que van en esa dirección como las obras en hidrógeno verde, el tranvía entre Ciudad de la Costa y Ciudad Vieja y el proyecto Arazatí. «El mundo va para ese lado. Tenemos que ver cómo poner mas velocidad en la implementación de estas cosas en Uruguay», remató.
Federico Gagliardo
La construcción provoca el 39% de las emisiones de CO2, lo que explica la urgencia de transformar la industria, indicó. «Para nosotros esto empezó desde una convicción personal: le quiero dejar a mis hijos algo mejor de lo que recibí. Trabajamos para el largo plazo», alegó. Así, Vitrium certifica sus obras bajo normas de sostenibilidad «a pesar de ganar un 20% menos» por los costos que esos procesos implican.