Las crisis no destruyen reputaciones; las revelan

Prepararse para enfrentar un problema de comunicación ya no significa solo tener un manual, un comité o un vocero entrenado, sino construir confianza a diario, cuando todavía no hace falta explicar nada

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Efecto dominó.

Una crisis ya no comienza cuando una empresa emite un comunicado. Comienza cuando alguien publica un video. Lo que ocurre luego depende menos del incidente y más de la confianza que la organización construyó antes de necesitarla.

Hace un tiempo, millones de personas conocieron el nombre de una empresa de la que nunca habían oído hablar. No fue por el lanzamiento de un producto, un resultado financiero o una campaña de marketing. Fue por un video.

Una cámara enfocó a una pareja durante un recital de Coldplay. En pocas horas, las imágenes recorrieron las redes sociales y los medios del mundo. Lo que parecía una escena casual terminó convirtiéndose en un problema reputacional para Astronomer, la empresa donde trabajaba uno de sus protagonistas. Días después, su CEO dejó el cargo.

Más allá de la historia personal, el episodio dejó una lección que ninguna organización debería ignorar. Hoy una crisis ya no necesita de una catástrofe o un accidente para surgir. Necesita un video, una captura de pantalla o alguien dispuesto a compartir una historia.

Durante años las empresas pensaron que una crisis comenzaba cuando sonaba el teléfono del director de Comunicación o cuando un periodista pedía una declaración. Hoy, para cuando el comité de crisis se reúne por primera vez, la conversación ya empezó. Y muchas veces también el veredicto. La primera versión de una crisis ya casi nunca la escribe la empresa, sino alguien que estuvo ahí.

Cuando una compañía enfrenta un problema, las personas no juzgan solo el incidente. Evalúan si su respuesta es coherente con su historia, sus valores y la confianza construida.

La reputación funciona como una cuenta bancaria invisible. Durante años una organización hace depósitos a través de cada promesa cumplida, cada cliente escuchado, cada empleado tratado con respeto, cada decisión coherente y cada error reconocido. Cuando llega una crisis, empieza a retirar.

No es un activo menor. Hoy, más del 90% del valor de mercado de las empresas que integran el índice S&P 500 está explicado por activos intangibles como reputación, marca, conocimiento, confianza y propiedad intelectual. Hace 50 años ocurría lo opuesto.

Por eso una crisis nunca es solo un problema de comunicación. Es un problema de negocio.

El caso Tylenol sigue siendo una referencia. En 1982, siete personas murieron en Estados Unidos tras consumir cápsulas del analgésico contaminadas con cianuro. La marca representaba cerca del 35% del mercado y muchos especialistas anticipaban que desaparecería.

Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario.

Johnson & Johnson retiró millones de productos del mercado, alertó inmediatamente a los consumidores, suspendió sus campañas publicitarias, priorizó la seguridad de las personas y asumió un impacto económico de más de US$ 100 millones.

Meses después, Tylenol había recuperado prácticamente toda su participación de mercado. La reputación sobrevivió porque la marca llevaba décadas construyendo credibilidad.

Verónica García Mansilla
Verónica García Mansilla

En un contexto de creciente desconfianza hacia las instituciones, la reputación ya no se construye durante una crisis. Se pone a prueba en ella.

Y un cambio vuelve este escenario aún más desafiante: la inteligencia artificial (IA).

Las crisis ya no terminan cuando desaparecen de la agenda pública. Cada noticia, video, comunicado y respuesta pasa a integrar la memoria digital con la que los sistemas de IA construyen una imagen de una empresa.

Antes una crisis podía diluirse con el tiempo. Hoy puede influir durante años en cómo una organización es presentada, resumida o recomendada por la IA.

Un estudio global de PwC reveló que el 96% de las organizaciones enfrentó al menos una crisis significativa en los últimos años. La diferencia no estuvo entre quienes tuvieron una crisis y quienes no, sino en quiénes habían construido suficiente confianza para atravesarla.

Prepararse ya no significa solo tener un manual, un comité o un vocero entrenado, sino construir confianza a diario, cuando todavía no hace falta explicar nada.

Porque cuando aparece un video o alguien cuenta una historia, ya es demasiado tarde para empezar a construir reputación.

Las crisis nunca fueron el inicio de una historia. Son el momento en que el mundo descubre el relato que una organización venía escribiendo desde hacía años.

Las crisis no destruyen reputaciones. Las revelan.

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