Sebastián Sánchez nació hace 49 años en Montevideo. Es arquitecto por la Universidad de la República (Udelar) y cuenta con un Máster en Administración de Empresas por la Universidad Torcuato Di Tella (Argentina). En 2001 cofundó junto a Fabián Kopel la firma de arquitectura y desarrollo inmobiliario Kopel Sánchez, que ambos dirigen hasta hoy.
Es padre de Bernardita (14), Juan Sebastián (10) y Guillermina (10). En su tiempo libre disfruta de los autos y ómnibus clásicos, así como de crear y construir proyectos con Legos.
Según el cofundador y director de Kopel Sánchez, el país tiene una gran oportunidad para atraer inversiones, principalmente si logra posicionarse como puerta de entrada a Sudamérica. Para eso, optimizar los trámites burocráticos es clave, indicó. En entrevista con El Empresario, destacó el buen momento del mercado inmobiliario y el ánimo inversor.
—¿Cómo observa a Uruguay como escenario de negocios?
—El país tiene una oportunidad gigantesca, a pesar de varios indicadores que no son tan optimistas, como el crecimiento proyectado versus el crecimiento real, y los recursos para realizar las políticas, por lo menos las prometidas o ejecutables. Uruguay se debería posicionar como un laboratorio de iniciativas. Muchas empresas buscan desarrollar negocios y, para probar si funcionan, necesitan entornos de pocos habitantes, con seguridad jurídica, alejados de los conflictos bélicos y sin problemas de energía. Si buscás en el mundo, son pocos los países que pueden calificar así, y Uruguay es uno de ellos. Hay variables que en una mesa de trabajo o en un asado de fin de semana con empresarios o emprendedores salen, como el atraso cambiario, que somos pocos, que no crecemos o que la población envejece. Pero son un dato de la letra. Hay una oportunidad enorme de posicionar a Uruguay dentro de la región como un país donde se pueden hacer, probar y desarrollar infinitos proyectos y tecnologías. Eso al país le viene muy bien, porque promueve la inversión privada y extranjera, y lo posiciona como un hub desde donde empresas de muchos países pueden entrar a Sudamérica.
—¿Qué hace falta para llevar a Uruguay en esa dirección? ¿Debe ser un esfuerzo público, privado o en conjunto?
—Siempre debió ser en conjunto y cada vez más tiene que serlo. A veces pasa que vienen empresas extranjeras y les es más accesible llegar al gobierno que a los mismos uruguayos que estamos acá todos los días trabajando. Uno de los objetivos de este gobierno fue (crear) una mesa de entrada para las inversiones, que acompañe los procesos que se deben cumplir para que sea todo de forma cristalina e igualitaria, tanto para los que vienen de afuera como para los que estamos acá. Con esa mesa de entrada para las inversiones, Uruguay podría posicionarse y despegarse de la región. La escala del país no está en la cantidad, pero sí en la calidad. Pero primero tenemos que plantearnos el objetivo de ser un hub de prueba de todo lo que a una empresa se le pueda ocurrir. Por ejemplo, el acuerdo Mercosur-Unión Europea nos sirve porque tenemos un potencial muy grande de exportación de materias primas y productos primarios, sobre todo agroindustriales. Pero, ¿qué va a entrar al país? Si el acuerdo es para que entren productos terminados europeos, no suma mucho. El acuerdo debería servir para decirle a empresas europeas con intenciones de desarrollarse en Sudamérica: “vengan, instálense en Uruguay, somos muy parecidos a ustedes”. Deberíamos plantearnos el objetivo de ser la puerta de entrada a una región muy grande, con seguridad jurídica, mano de obra calificada y seguridad. Porque, por más que nuestro termómetro de seguridad está más caliente, comparados con la región Uruguay es seguro.
—¿Cómo evalúa el apoyo estatal al sector privado? ¿Y el diálogo entre ambos?
—El diálogo se está dando. Lo que nos pasa a quienes conocemos las formas de proceder, estamos acá desde que nacimos y pretendemos estar para siempre —y está bueno que los gobiernos de turno entiendan quiénes son las empresas locales con visión de largo plazo— es que nuestro principal obstáculo para atraer inversiones son los trámites. Hoy la burocracia nos está complejizando el sistema. No puede ser que para presentar un trámite en un país de 3 millones de habitantes, tengas que recorrer 10 organismos, cuando en otro país, en una ciudad de 10 millones de habitantes, hablás con un solo gobernador y en la misma municipalidad solucionás todo. Nosotros somos embajadores de capital; como empresarios de la industria de real estate somos importadores de capital. Nuestras inversiones están hechas con capital uruguayo que a veces está en el extranjero, e invitamos a los inversores a que lo traigan (el país). Darle velocidad a los permisos de construcción municipales y gubernamentales traería más inversión. Hoy, a nivel de inversión, el tiempo es dinero. Uruguay es atractivo, pero la región también lo está siendo. Los mismos capitales que busca atraer Uruguay, los estamos peleando con Argentina, con beneficios fiscales gigantescos y una promoción muy grande y agresiva para colocar inversiones; con Brasil, que es un prácticamente continente que te seduce con un mercado de 220 millones de habitantes; y con Paraguay, que tiene un incentivo muy grande y una política para atraer capitales desde hace mucho tiempo. En el “barrio” estamos peleando todos por los mismos capitales; si a eso le sumamos que no tenemos tantos atractivos y que los plazos son largos, los captadores de inversiones nos quedamos con pocas herramientas.
—Recientemente, en la presentación de Ventura Sky mencionaron que la obra sería “una esquina transformadora”. ¿Cómo afectan los cambios en las maneras de habitar al desarrollo de los nuevos proyectos?
—Cuando proyectamos, tenemos que hacer el interesante ejercicio de pensar cómo va a vivir una persona dentro de cinco años, que es el tiempo que lleva una construcción. Eso siempre nos pasó como arquitectos y es un desafío. Hace 20 años era bastante más sencillo y tenía más posibilidades de acierto. Hoy el mundo cambia a una velocidad diferente, por un tema de tecnologías y de ansiedad de la gente. No son los mismos cinco años que hace 20 años atrás. Hace unos años no se hablaba de inteligencia artificial (IA) y hoy no nos estamos dando cuenta de que estamos en una revolución. Algunas empresas estamos con mucha implementación de IA y eso te abre los ojos sobre lo que está pasando y lo que se viene. De nuevo, ahí hay una gran oportunidad para Uruguay, porque cuando las tecnologías son nuevas equilibran a todos los países, porque son universales. Hoy en el mundo cambiaron las forma de habitar y de relacionarse. Y nosotros seguimos bastante lo que dice el mercado, somos tomadores de sus elecciones.
—¿Ese escenario se refleja en el apetito inversor? ¿Cómo está ese aspecto actualmente?
—Hoy está en un buen momento, porque el mercado está sano y confía en el ladrillo. Nosotros somos consecuencia de buenas y malas noticias. Por ejemplo, cuando pasa algo con algún fondo de inversión en Uruguay y hay alguna turbulencia, la gente dice: “yo de este negocio no conocía tanto, pero del ladrillo siempre supe, porque me habló mi padre o mi abuelo”. Y ese inversor viene de ahí. Además, el que estaba alquilando y piensa en comprar hoy tiene muy buenas oportunidades de financiación. Si tenés 30 años y tenés posibilidades de comprar un apartamento con un crédito hipotecario, hacelo. Y despojate de la idea de que vas a comprar el lugar donde vas a vivir, porque es una forma un ahorro en ladrillos que luego podés alquilar. Entrás en una “moneda de cambio” que es el ladrillo, que te puede permitir alquilar o comprar donde quieras vivir. Y cuando tengas 50 años vas a decir “qué buena decisión tomé a los 30”. Hay que transmitirles esa educación financiera a los jóvenes, porque entrar en el ladrillo lo antes que puedan va a ser una gran oportunidad y les va a transformar la segunda etapa de su vida.
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