Desde Madrid, la uruguaya Magdalena Ramada lidera el desarrollo de inteligencia artificial (IA) y nuevas soluciones tecnológicas en Willis Towers Watson (WTW), una multinacional de consultoría y corretaje de seguros con 40.000 empleados en el mundo. Su trabajo influye directamente en una unidad de 1.700 personas que genera US$ 455 millones al año, y la posiciona en el centro de la transformación tecnológica de una industria en plena reinvención.
Radicada en la capital española, se desempeña como global insurtech innovation leader y senior director en WTW. Aunque se instaló en esa ciudad «porque se vive bien», la mayor parte de su trabajo se concentra en Inglaterra, donde está la base del equipo de tecnología, y su agenda incluye el contacto con personas de distintas partes del mundo, como EE.UU., Alemania e India. La ejecutiva está divorciada, vive con su hijo de 16 años, y trabaja una semana al mes en Londres, donde su hija de 20 años estudia en la London School of Economics.
Ramada lidera la unidad especializada en tecnología y consultoría para clientes vinculados al mundo del riesgo. Su rol, explica, es «traer el arte de lo posible» en tecnología para potenciar la propuesta de la multinacional. Ese foco la ha llevado en los últimos tres años a dedicarse casi exclusivamente a la implementación de IA en la empresa, tanto en procesos internos y equipos de trabajo, como en el desarrollo de nuevos productos. «Llevo un equipo llamado Pathfinder, con el que hacemos la experimentación y el prototipado que luego se integran a las distintas áreas de negocio», contó.
Hoy lidera proyectos orientados a crear soluciones tecnológicas para el sector asegurador y abrir nuevas oportunidades de negocio, lo que le permite generar impacto a partir de su experiencia y conocimiento de la industria.
Una vida afuera
La ejecutiva emigró de Uruguay hace 20 años, aunque su experiencia internacional había comenzado mucho antes. De niña vivió en Suiza y Brasil, y luego participó de un intercambio en Alemania mientras estudiaba en el Colegio Alemán.
En Uruguay se licenció en Economía en la Universidad de la República (Udelar) y luego se fue a Alemania a realizar un máster en matemática financiera y un doctorado. En ese camino, entró a trabajar en la Cátedra de Economía Monetaria Internacional en la Universidad de Constanza. Durante ese período, tuvo a uno de sus hijos y, próxima a tomar una posición en la Escuela Politécnica Federal (ETH) de Zúrich (Suiza), recibió un llamado que le dio un giro a su carrera. Aceptó un empleo en WTW, que abría una unidad de investigación y desarrollo en Uruguay, donde tuvo a su cargo el mercado local, India y China. Luego se mudó a EE.UU. para dirigir una nueva unidad. Más adelante, la firma le propuso pasar al área de negocios con foco en tecnologías emergentes, un paso que potenció su perfil como líder en innovación.
De su trayectoria también destaca su época como profesora universitaria. Sin embargo, apostó por el mundo corporativo y hoy acumula 20 años de trabajo en WTW.
«Soy muy feliz con mi carrera», resumió. Hoy combina en un cargo global su perfil políglota -habla español, alemán, inglés, portugués, francés, italiano-, su experiencia de haber vivido en 11 países, «la responsabilidad de tomar decisiones que afectan a 1.700 personas» y el liderazgo de equipos.
Raíces e influencia
A pesar de la distancia, Ramada no ha perdido su identidad uruguaya. Se mantiene en contacto con sus padres, familiares y amigos, y en su casa se siguen el fútbol y la política del país. También suenan murgas, La Vela Puerca y rock argentino. Esas raíces se enriquecen con la cultura de cada país en el que ha vivido, aseguró.
A partir de sus experiencias fuera del país, considera que el uruguayo destaca por su formación, ética de trabajo, empuje y humildad. Sin embargo, cree que ser «muy pesimista y muy realista» muchas veces limita su potencial. «La actitud es que hay que pensar que se puede», señaló.
La ejecutiva reconoce que vivir en otro país tiene un costo personal. «No es fácil vivir en el exterior, porque te queda un poco ese dolor de qué alucinante hubiera sido si toda esta proyección hubiera sido posible en Uruguay. Pero también es verdad que una vez que salís, te cuesta mucho volver, salvo que sea con esa actitud de decir: transformemos el país», reflexionó.
A futuro, espera aportar en esa dirección, porque está convencida de que «es difícil ser profeta cuando no es en tu tierra».
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