Nació en Argentina y tiene 59 años. En su formación destacan sus estudios de publicidad y marketing en la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES), de Buenos Aires. Desde hace más de 35 años trabaja en la compañía de telecomunicaciones que en 2022 mutó su nombre de Cablevisión a Flow.
Está casado con Nadine y es padre de tres hijos: Lupe, Lola y Teo. Sus hobbies son el fútbol y el entrenamiento de caballos de salto.
El sector de la televisión paga y las telecomunicaciones atraviesa un proceso de transformación ante las nuevas tendencias de consumo. Frente a ello, Flow apuesta a la integración e invierte en tecnología, plataformas e infraestructura. Su CEO ve a Uruguay como un potencial hub tecnológico regional, pero entiende necesario actualizar el marco regulatorio y fomentar la competencia entre empresas en igualdad de condiciones. Sobre su negocio y los retos que enfrenta Uruguay para crecer, conversó con El Empresario.
-La empresa está presente en Uruguay desde hace más de 25 años. ¿Cómo describiría hoy la operación local?
-Uruguay es clave para nosotros, no solo por la trayectoria que tenemos en el país, sino también por su nivel de desarrollo digital. Tiene usuarios exigentes y una rápida adopción de nuevas formas de consumo, lo que lo convierte en un excelente laboratorio para probar y escalar soluciones dentro de la región. Desde Uruguay acompañamos la evolución del negocio hacia modelos convergentes, donde conectividad, entretenimiento y servicios digitales se integran en una misma propuesta de valor.
-¿Cuál fue el principal desafío en la transición hacia un modelo digital y qué cambió en el negocio a partir de ese proceso?
-El mayor desafío fue dejar atrás una lógica fragmentada y pasar a una visión integral del ecosistema digital. Ese cambio impactó profundamente el negocio, desde la forma en que invertimos en infraestructura hasta cómo diseñamos productos, plataformas y experiencias pensadas para un consumo cada vez más on demand.
-¿Qué lecciones les dejó el cambio en los hábitos de consumo?
-El principal aprendizaje es que el usuario está en el centro y define las reglas. El consumo on demand creció de manera exponencial y eso nos confirmó que el valor ya no está solo en el contenido, sino en la experiencia: acceso simple, calidad de transmisión, integración de servicios y flexibilidad para consumir cuándo y cómo quieran.
-¿Cómo compite Flow frente a las plataformas globales?
-Hoy todos competimos dentro de un mismo mercado audiovisual, pero no bajo las mismas reglas. Los operadores tradicionales cumplimos con obligaciones regulatorias, fiscales y de inversión que no siempre alcanzan de igual forma a las plataformas globales. Esa asimetría genera una competencia desequilibrada, que no favorece ni a la inversión ni a la innovación.
Hoy todos competimos dentro de un mismo mercado audiovisual, pero no bajo las mismas reglas. Los operadores tradicionales cumplimos con obligaciones regulatorias, fiscales y de inversión que no siempre alcanzan de igual forma a las plataformas globales. Esa asimetría genera una competencia desequilibrada, que no favorece ni a la inversión ni a la innovación.
-¿Hay que competir, integrarse o convivir con las plataformas?
-El camino es convivir e integrarse dentro de un ecosistema cada vez más interdependiente. Nuestro desafío es ofrecer una experiencia unificada, donde el usuario pueda acceder a múltiples contenidos y servicios desde una misma plataforma. Hoy Flow integra contenidos y apps como Netflix, YouTube, Disney+, Amazon Prime Video y Paramount+, permitiendo acceder a ellos desde la plataforma.
-¿Qué tendencias definirán el negocio del entretenimiento?
-La convergencia de servicios, la personalización impulsada por inteligencia artificial (ver recuadro) y la integración entre conectividad y plataformas marcarán el rumbo. Además, el debate global sobre reglas más equilibradas para todo el ecosistema será clave para garantizar inversión, innovación y pluralidad de oferta.
-¿Cuál es la principal apuesta de la compañía para crecer?
-Es seguir invirtiendo en infraestructura, tecnología y plataformas. Seguimos apostando a la inversión de largo plazo; hoy estamos desplegando fibra óptica al hogar en Artigas y comercializando Internet al hogar en Salto, Paysandú y Rivera. Esto permite acceder a mayores velocidades, mejor estabilidad del servicio y una experiencia digital superior, habilitando nuevos usos como el teletrabajo, la educación a distancia, el entretenimiento y los servicios digitales avanzados. De esta manera, Flow suma la marca Personal para la conectividad fija dentro del hogar. Con esta tecnología los clientes pueden acceder a una mejor navegación, con velocidades simétricas -igual de subida que de bajada- de hasta 600 o 1.000 megas, lo que permite una muy buena experiencia al subir contenidos, compartir o descargar archivos, trabajar en la nube, hacer videoconferencias HD, ver TV en alta definición o jugar online.
-¿Cómo evalúa el clima de negocios en el país?
-Uruguay tiene fortalezas claras en estabilidad institucional y capital humano, pero enfrenta desafíos regulatorios que hoy lo alejan de las mejores prácticas internacionales. Para atraer inversiones en un contexto cada vez más dinámico, resulta fundamental avanzar hacia reglas más modernas, previsibles y equilibradas. Un marco que promueva la competencia efectiva es clave para el desarrollo del sector, porque el principal beneficiado es el usuario, que accede a mejores servicios, mayor capacidad de elección y a precios acordes a la calidad ofrecida.
Para atraer inversiones en un contexto cada vez más dinámico, resulta fundamental avanzar hacia reglas más modernas, previsibles y equilibradas.
-¿Qué puntos se deben trabajar para fortalecer las telecomunicaciones y los servicios digitales?
-Uruguay ofrece hoy condiciones muy favorables para el desarrollo del sector. Tiene una base sólida para impulsar la innovación, nuevos servicios y su posicionamiento como un hub tecnológico regional. Pero, para aprovechar plenamente este potencial, resulta clave avanzar en la actualización del marco regulatorio. Sería deseable que la normativa incentive sinergias entre redes y servicios y permita que empresas públicas y privadas compitan bajo las mismas reglas. Hoy persisten algunos desafíos relevantes. Los cambios tecnológicos y en los hábitos de consumo no han sido acompañados al mismo ritmo por la regulación, lo que genera distorsiones competitivas, rigideces normativas y un desaliento a la inversión. A esto se suman desafíos estructurales como las asimetrías regulatorias, la incertidumbre normativa y una alta carga tributaria. Estos factores impactan negativamente en la sostenibilidad financiera, la capacidad de expansión de las redes y en la asequibilidad de los servicios para los usuarios. Superar estos obstáculos será clave para consolidar el crecimiento del sector y maximizar su aporte al desarrollo económico y digital del país. Una de las asimetrías que existe en el mercado es que no se nos permite brindar Internet en Montevideo y Canelones -donde prestamos servicio de televisión satelital-, mientras que Starlink obtuvo licencia para vender en todo el país. Uruguay ya cuenta con una alta penetración de Internet, pero tiene oportunidades de mejora en capacidad y precio.
-¿Qué retos ve a nivel del país para potenciar su crecimiento?
-El principal desafío es cómo sostener el crecimiento en un contexto global cada vez más competitivo sin resignar sus fortalezas estructurales. El país cuenta con activos muy valiosos -estabilidad institucional, seguridad jurídica y capital humano calificado-, pero hoy necesita dar un salto en competitividad, productividad e innovación. Uno de los retos centrales es modernizar los marcos regulatorios y tributarios, adaptándolos a una economía digital convergente. Las regulaciones deben acompañar la evolución tecnológica, ser más flexibles y tecnológicamente neutrales, y generar condiciones de competencia equilibradas que incentiven la inversión de largo plazo, tanto local como extranjera. Otro desafío clave es la inserción en el plano internacional. Para crecer, Uruguay necesita integrarse más y mejor a los mercados globales, ampliando acuerdos comerciales y reduciendo barreras que hoy limitan la escala de las empresas que operan en el país. Finalmente, Uruguay enfrenta el desafío de seguir desarrollando talento y capacidades, alineando educación, formación técnica y reconversión laboral con las necesidades reales del sector productivo. El crecimiento sostenible requiere un ecosistema donde los sectores público y privado trabajen de forma coordinada para potenciar la inversión, la innovación y el impacto positivo en los usuarios y en la economía en su conjunto. Entonces, si Uruguay logra avanzar en estos frentes, tiene una oportunidad concreta de consolidarse como un hub regional de servicios, tecnología y talento, con crecimiento sostenido y mayor bienestar para la sociedad.