Nació en Montevideo hace 42 años. Es licenciada en Economía por la Universidad de la República (Udelar), con formación avanzada en Estadística. Tras desarrollar su carrera en Pronto, Scotiabank Uruguay y Scotiabank Banca Internacional, el año pasado se incorporó a Mastercard para liderar el desembarco y la operación de la compañía financiera en el mercado local.
Fuera de la oficina, disfruta del buceo, la lectura de divulgación científica y el tiempo con sus afectos, entre ellos Emilia, su hija de 9 años, a quien describe como “la luz de mi vida”.
Está al frente de la operación local de la multinacional financiera, una posición desde la que observa tanto el desarrollo del ecosistema de pagos como el potencial que este podría alcanzar en Uruguay. Al reflexionar sobre el país, considera que su estabilidad favorece la llegada de inversiones y empresas, aunque para seguir en la senda de crecimiento hace falta más ambición y dinamismo. A continuación, un resumen de la charla.
-¿Cómo observa a Uruguay desde el punto de vista de su potencial de desarrollo?
-Uruguay tiene un diferencial con la región, que mantiene desde hace tiempo y que es justo cuidar y no subestimar, que es todo lo relativo a la estabilidad institucional, el Estado de Derecho, la certeza jurídica, su democracia plena y el hecho de tener uno de los índices de desigualdad más bajos del continente. Todo eso nos da la plataforma para generar credibilidad y seguir desarrollándonos. Y creo que un buen ejemplo de eso es la decisión de Mastercard de llegar al mercado uruguayo; somos el primer sello internacional en establecer presencia local permanente. Esa decisión da cuenta de las certezas que encuentra la compañía en el país. El desafío es no quedarnos solo con la visión de ser el país más estable de la región, sino también ser un poco más ambiciosos y dinámicos. Porque muchas veces miramos hacia afuera y esperamos que otros países hagan cosas para ver qué podemos traer acá, cuando en realidad podríamos ser los abanderados de la región.
-¿Cómo repercuten esas fortalezas en el negocio de la firma?
-Uno de los factores que es una condición necesaria para instalarnos es la estabilidad. Obviamente, hay otras cosas que vimos y por las cuales nos hacía sentido venir a Uruguay. En particular, el sistema de pagos, que es una industria súper dinámica y que viene creciendo a doble dígito, según datos del Banco Central. Entendemos que en Uruguay se combinan los fundamentos y la institucionalidad, pero además tiene potencial.
-¿Dónde ven oportunidades de crecimiento?
-El desarrollo de nuevas verticales es una de las mayores oportunidades. Un ejemplo es el transporte público. En Uruguay todavía se paga con un sistema cerrado y no tenemos, como en otros mercados de América Latina, la posibilidad de pasar un medio de pago abierto. Eso para nosotros es importante porque educa y genera habitualidad. No es que sea un volumen incremental, sino que muchas personas que todavía no adoptaron estos instrumentos como medio de pago cotidiano descubren que pasando la tarjeta pueden empezar a pagar. No es el único vertical; también el pago de impuestos es algo a explorar, así como el negocio B2B, donde en general las empresas utilizan efectivo, cheques o transferencias. Otro indicador que miramos mucho es el llamado “ATM to POS”. A partir de los datos del sistema de pagos minoristas, tomamos el total de consumos con tarjetas de débito y prepago y lo comparamos con el total de operaciones transaccionales, es decir, consumos más retiros de efectivo en ATM o corresponsales. Excluimos el crédito de la medición. Ese indicador estaba en torno al 48% en 2022 y hoy ronda el 62%, lo que muestra una evolución positiva, pero entendemos que todavía queda camino por recorrer. Todo lo relacionado a seguir potenciando el uso de medios de pago y generar mayor aceptación y educación de los usuarios es algo que queremos explorar.
-¿Cómo deben interactuar el sector privado con el público para facilitar la innovación o los cambios que esperan?
-El sector privado no tiene que esperar a que el sector público haga política pública. La política pública siempre dinamiza; pasó acá con la ley de inclusión financiera, que impulsó mucho los medios de pago y catalizó también el consumo. Lo mismo pasó con la multiadquirencia. Pero, en realidad, el sector privado tiene que apostar por inversión, tecnología y participación activa en las instancias de construcción de política pública para catalizar el mercado.
-La digitalización de los pagos ha avanzado en Uruguay, pero el efectivo sigue teniendo un rol importante. ¿Qué falta para acelerar ese cambio cultural?
-El efectivo sigue teniendo un rol importante, pero va en caída. Ahí hay dos cuestiones. Una es la aceptación; generar mayor aceptación en todo el país, en los pequeños comercios, en el interior y en los nuevos verticales. La otra es la educación. Mucha gente, a raíz de la ley de inclusión financiera, cobra sus haberes a través de la cuenta bancaria o un instrumento de dinero electrónico, pero más allá de tener el instrumento, retira el efectivo y lo sigue utilizando. Entonces, transmitir de mejor manera las ventajas en términos de seguridad, operativa y beneficios impositivos que puede tener la adopción de estos instrumentos también es un componente clave para profundizar ese camino.
-¿Cómo visualiza Mastercard el auge de las fintech? ¿Qué relación tiene con esas startups?
-Las fintech son aliados y un buen complemento del sistema. En muchos casos han resuelto muy bien temas de experiencia de usuario. Me refiero no solo a quienes emiten instrumentos de prepago, sino también a todos los jugadores del sistema. Hay facilitadores de pago, que con sus soluciones han dado acceso a comercios en todo el país; también pasarelas de pago que viabilizan el comercio electrónico. Son un muy buen complemento para dinamizar todo el ecosistema.
-¿Qué relevancia tiene Uruguay dentro de la estrategia de Mastercard?
-Dentro de la estrategia de la compañía, Uruguay es denominado como un mercado de alto potencial, y por eso también se tomó la decisión de instalarnos aquí. Vimos que se había avanzado mucho en el desarrollo del ecosistema de pagos y en la formalización de la economía, principalmente porque todos en Uruguay tenemos un instrumento de pago digital, pero todavía existía un gap y una oportunidad latente para capturar. Una de las cosas que queremos impulsar en los próximos años es la posibilidad de pagar el transporte con medios electrónicos. Ese es uno de los grandes desafíos que tenemos. Después está la penetración en otros verticales y seguir impulsando el mercado. Uruguay es un mercado relevante para Mastercard, y por eso, apostamos a traer las mejores soluciones de la compañía e impulsarlas localmente. De hecho, nos definimos no solo como una empresa de pagos, sino como una tecnológica en la industria financiera. Las soluciones que traemos no tienen que ver únicamente con lo más tradicional, como las tarjetas de débito, crédito y prepagas. Más allá de nuestros servicios de consultoría y de valor añadido, tenemos soluciones de ciberseguridad y de movimientos de pago incluso en otros rieles.
Estamos a nada de pedirle directamente que compre por nosotros.
-¿Encuentran el talento en Uruguay para desarrollar ese tipo de servicios innovadores?
-Sí. Queremos crecer en el mercado local. Es más, tenemos una búsqueda abierta y las perspectivas hacia fin de año son tener un equipo mucho más amplio, porque queremos capturar talento local que conozca también la idiosincrasia del país. Eso es importante para desarrollar negocios y acompañar mejor a los clientes.
-Desde su perspectiva, ¿qué características definen al consumidor uruguayo?
-Somos más bancarizados o formalizados que el resto de los países (de la región). Quizás somos un poco más conservadores en la adopción de medios alternativos, pero una vez que la tecnología se adopta y uno empieza a utilizarla, es más difícil después volver atrás.
-¿Hacia dónde se está encaminando el ecosistema de los pagos digitales?
-Hay muchas tendencias. Por ejemplo, en seguridad, van desde la aplicación de inteligencia artificial (IA) al momento de evaluar una transacción y ponerle un score de riesgo para definir si el emisor debe aceptarla o es una transacción fraudulenta, hasta la tokenización y autenticación para la seguridad de las operaciones. Ese es uno de los caminos. Después viene todo lo que es IA. La inteligencia artificial está cambiando la manera en la que trabajamos, vivimos e interactuamos cada día, y ese cambio también impacta en cómo nos relacionamos con el comercio y los medios de pago. Antes, si quería buscar un regalo para mi hija, entraba en Google y buscaba el ejemplo concreto de lo que quería; ahora quizás le pregunto a Claude o a ChatGPT, y estamos a nada de pedirle directamente que compre por nosotros. Entonces, una de las cosas en la que estamos trabajando en Mastercard es el framework del «agente de pago». Es decir, cómo hacemos para que esas transacciones sean seguras y generar el marco que viabilice esas compras sin generar riesgos y sin que después haya contracargos o dudas sobre su legitimidad.