Es miércoles a la noche y en la entrada del Movie Montevideo Shopping un vallado llama la atención de los curiosos. En la zona delimitada hay periodistas, influencers, figuras de la televisión e invitados a la avant premiere de la serie de Flow, El resto bien.
La calma duró poco. La llegada de Benjamín Vicuña activó el murmullo, los flashes y los celulares en alto. La proyección de los primeros capítulos de la serie dirigida por Daniel Burman y Daniel Hendler era la excusa; sacarse una foto o al menos cruzar miradas con el protagonista, el verdadero imán.
El chileno, cuyos últimos proyectos incluyeron rodajes en Uruguay, posó para los flashes, sonrió para las cámaras y fue el más pedido para las notas de prensa. En las pausas, se acercó al vallado para selfies con el público que lo reclamaba desde lejos, bajo la atenta mirada de un seguridad.
La ficción de ocho capítulos, ya disponible en Flow, se centra en Ariel (Vicuña) escritor de historietas de 50 años que, tras una hernia que le impide levantar más de tres kilos, empieza a ver el mundo de otra manera. Tiene cinco hijos de dos matrimonios con distintas edades y problemas. Y está en una edad en la que empiezan los achaques de salud y, sobre todo, se da cuenta de que tiene que ser padre de sus propios padres.
Además de Vicuña, el elenco lo integran Jorge Bolani, Rita Cortese, Daniel Hendler, Andrea Frigerio y Alejandro Awada.
“La hernia es una metáfora”, comenta Vicuña. “Porque lo emocional pesa muchísimo. Hay cosas que uno no puede soltar, como los hijos, porque hay un amor incondicional. Después vínculos, algunos más tóxicos, que uno quisiera cortar para alivianar el camino. Pero la serie habla de eso: de un estado de situación donde muchos sueñan con patear el tablero, ser libres, viajar livianos… y no siempre es tan simple”.
En El resto bien, la familia está el centro, pero no solo para contener, también para asfixiar. Para Burman, ese es el corazón del conflicto. “La familia te da aire, te da vida, pero en cierto momento esa misma burbuja protectora puede volverse asfixiante. Es un equilibrio delicado y no hay muchas alternativas: es eso y aprender a sobrevivirlo”, dijo.
Ese tironeo se traduce en el tono de la serie, que el director define como “una comedia emocional”, donde la crisis de los 50 aparece atravesada por la búsqueda de identidad. “Hay una desesperación por entender qué hacer con el resto de la vida, con ese peso que queda. Muchas veces las demandas no son solo externas: también son formas de escapar de la propia crisis”, señaló.
Sin ironía ni cinismo, Burman apuesta por una mirada empática. “No se trata de banalizar lo que les pasa a los personajes. Es una mirada piadosa: todos hacen lo que pueden con las herramientas que tienen en el momento que les toca vivir”.
Nace un proyecto
La historia de El resto bien nació en pandemia, y Burman dice que hubo algo de inspiración personal: “Hay algo de ese número redondo que pesa, que se siente como un antes y un después”.
“Este proyecto tiene la particularidad de que lo armamos desde cero”, dijo Rodolfo “Fefo” Iriñiz de Cimarrón y productor de la serie. “Es una coproducción entre Cimarrón y Daniel Burman con Oficina Burman. Lo desarrollamos, presentamos y lo terminamos vendiendo a Flow, que fue un socio importante para llevarlo adelante”.
Y como en otros proyectos de la productora uruguaya, la serie se filmó en un 90% en Uruguay, aunque mayoritariamente está situada en Argentina. “Siempre es importante filmar acá. Todo el equipo técnico es local y hay mucho elenco uruguayo. Es clave seguir apostando a eso. También contar con el apoyo del ACAU, contar con incentivos fiscales y otros socios como el Ministerio de Turismo”, dijo.
El productor también logró una reunión impensada gracias al armado del elenco. “Nos dimos un gusto. Volver a juntar a Jorge Bolani con Mirella Pascual. Ellos habían filmado Whisky hace 25 años, no volvieron a coincidir, y logramos reunirlos de nuevo. Fue un honor llamar a Bolani y que dijera que sí”.
Para Flow, El resto bien es el resultado de siete años de trabajo desde aquel primer proyecto: Un gallo para Esculapio, producida con el equipo de HBO Max Latinoamérica y TNT. “Ahora estamos estrenando nuestra primera gran coproducción rodada casi íntegramente en Uruguay, con un director que para mí está en el top 5 de Latinoamérica, y con una productora súper experimentada como Cimarrón. Estamos muy contentos”, dijo Ignacio Galliano, jefe de contenido de Flow.
Para Flow, la serie también encaja en una estrategia clara: historias con anclaje local y proyección regional. “Buscamos contenidos que interpelen a nuestra audiencia en Uruguay, Argentina y Paraguay, sin perder identidad”, dijo Galliano. La plataforma mantiene un ritmo de tres producciones anuales, alternando desarrollos propios y coproducciones como esta.
Mientras el público comenzaba a ingresar a la sala, el cine continuaba con sus funciones. Vicuña aguarda su turno en la escalera y queda al lado de una familia por entrar a ver Super Mario Galaxy que se dieron vuelta varias veces para confirmar que, efectivamente, se había topado con el actor chileno que dialogó con El País.
—Ariel vive desbordado: hijos, padres, trabajo, expectativas. ¿Qué parte de ese caos sentís más cercana hoy?
—En lo personal, el caos de la identidad. Estoy en plena andropausia galopante —soy bastante hipocondríaco— y a mis 47 ya empiezo a percibirlo. Es una etapa desafiante: la vida, la responsabilidad con los hijos y también algo que empieza a pasar a esta edad, que es convertirse en padre de tus propios padres. Uno cree que recién ahí va a empezar a vivir su vida, entre comillas… y aparece el rulo. Pero también hay algo lindo: las responsabilidades se transforman.
—¿Sentís que los hombres a esta edad están menos preparados para reconocer sus límites?
—Creo que hay mucho tabú. Se supone que el hombre tiene el paso del tiempo más resuelto, pero no es así. Existe la andropausia, hay cambios físicos, hormonales, miedos. La diferencia con las mujeres es más cultural que otra cosa: ellas, en teoría, dejan de ser madres en algún punto; el hombre no. Pero también padece, sufre, le teme al paso del tiempo y a la muerte. Basta ver los consultorios llenos de hombres o cómo cada vez más van a terapia para entender a sus hijos, a sus padres y a sí mismos.
—Volviste a filmar en Uruguay. ¿Qué encontrás acá?
—Para mí es volver a un lugar hermoso. Hay una excelencia técnica y una calidad humana increíbles. Trabajar con la gente de Cimarrón es un lujo, son verdaderos líderes. Uruguay es un polo audiovisual muy fuerte, tanto por la actividad privada como por las políticas públicas. Se trabaja muy bien y con gente que quiero y respeto.
—La serie se llama El resto bien, una frase medio de consuelo. ¿Qué es lo que claramente no está bien hoy?
—Hay muchas cosas que no están bien: las guerras, los abusos, la violencia, las injusticias, el hambre. Vivimos en un mundo con demasiados líderes violentos y situaciones extremas. Decir ‘el resto bien’ a veces es una forma de sobrellevar todo eso.
—¿Y vos cuándo usás esa frase?
—Bastante. Trato de ser positivo, aunque tengo mis crisis domésticas, problemas de logística, de trabajo, de hijos… Pero me aferro a esa idea. Es una actitud frente a la vida. Es como el ‘vamos arriba’ uruguayo: seguir, levantarse una y mil veces, acomodar las cosas en el camino.
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