De la cámara de Nolan a Harry Potter: los baldes de pop coleccionables fascinan a fanáticos y generan millones

Los cinéfilos se dan un gusto con la compra de recipientes de edición limitada inspirados en grandes estrenos. Algunas cadenas de cines proyectan ingresos de US$ 100: por la venta de este merchandising.

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Balde de pop de La Odisea.

Antes de que pudiera empezar a trabajar, Bill Howard tuvo que entregar su celular. Luego firmó un acuerdo de confidencialidad. Ese día, pasó una hora y media en los estudios de Universal Pictures con una sola copia impresa del guión de una próxima película. Lo estudió detenidamente, a solas, y tomó notas en una libreta, reflexionando sobre su oficio. ¿Cómo aplicaría sus habilidades únicas a esa producción para contribuir a convertirla en un éxito de taquilla?

Muchos miembros de la élite de Hollywood han entrado en una sala sellada para leer un guión ultrasecreto. Pero Howard no es un actor de primera línea, ni director de fotografía ni artista de efectos especiales. Lo que hace es fabricar baldes.

Baldes para pop -o, más formalmente, recipientes coleccionables para concesiones de cine-. Estos envases de edición limitada se diseñan para las grandes películas y pueden venderse por hasta US$ 70. Todos los estudios y cadenas de cines quieren participar en este negocio, porque, por razones un tanto inexplicables, se ha vuelto increíblemente lucrativo. AMC Theatres estima que este año, los baldes generarán US$ 100 millones en ventas, casi el doble que en 2023. Cinemark, la tercera cadena de cines más grande del país, afirma que la venta de estos productos contribuyó a que sus ingresos por merchandising aumentaran un 40% entre 2024 y 2025.

«Hace siete años, este negocio prácticamente no existía para AMC», dijo Nels Storm, vicepresidente de estrategia de productos de alimentos y bebidas de la compañía. «Nunca diría que los baldes de pop son la razón por la que la gente va al cine o que los productos con temática cinematográfica están salvando la industria, pero en los últimos años se han convertido en un tema importante de conversación en torno a los grandes estrenos».

Howard, de 71 años, es el CEO de Snap Creative, una empresa con sede en Camarillo, California, que emplea a 55 personas. Snap está detrás de dos de los baldes más demandados de este verano. Ambos están relacionados con el estreno de La Odisea de Christopher Nolan: uno es una réplica de la cámara IMAX del director, con un precio de US$ 50; el otro es una réplica de 56 centímetros del caballo de Troya y se vende por US$ 70.

Para diseñarlos, Howard y su equipo se reunieron al principio con una de las productoras de la película, Emma Thomas, quien les explicó los puntos clave de la historia. Luego, presentaron sus ideas a IMAX.

Rich Gelfond, CEO de la compañía, era escéptico respecto del balde con forma de cámara. «Me resultaba imposible imaginar que hubiera una gran demanda para baldes de pop de US$ 50».

Aprobó una primera tirada de 2.500 unidades. Se agotaron casi de inmediato. Muchos cinéfilos ni siquiera compran estos baldes en el cine; a menudo, los encargan por internet con antelación y los reciben en sus casas, sin palomitas en su interior.

Para conseguir más unidades, Gelfond llamó al CEO de IMAX China y le rogó que le enviara todos los que tuviera disponible, ya que la película recién se estrenará allí en agosto. Su colega aceptó y, cuando IMAX puso a la venta la segunda tanda de 2.500 unidades, se agotaron en apenas siete minutos. Entre su página web y las ventas en cines, IMAX calcula que colocó 30.000 baldes de pop.

Gelfond cambió de opinión. «Este es un negocio de verdad», admitió.

Casi todos los baldes de Hollywood son fabricados por tres empresas. Además de Snap, están Golden Link, con sede en Nueva York y socio de Disney Studios; y Zinc, una firma australiana responsable de los envases de las sagas Duna y Misión: Imposible.

Snap, Golden Link y Zinc obtienen las licencias de propiedad intelectual de las películas de los estudios y colaboran con ellos en los diseños. El director creativo de Snap estuvo recientemente en el set de rodaje de la próxima cinta de Superman, en Atlanta, y habló con el director, James Gunn, sobre los conceptos de los baldes.

«Cuando consigues conectar con el cineasta, sabes que vas por buen camino», dijo Howard.

El empresario atribuye el fenómeno a la Generación Z. «Les encantan los cubos», dijo. «Buscan experiencias del momento, que se puedan convertir en memes y que sean eventos emocionantes y de tirada limitada».

Furor que trasciende a los jóvenes

Aunque los baldes son furor entre los jóvenes, hay indicios de que el furor trasciende a ese perfil. En mayo, un diseño rojo con forma de cartera para El diablo se viste a la moda 2 se agotó durante el fin de semana de estreno de la película protagonizada por Meryl Streep, Anne Hathaway y Emily Blunt. Gran parte de las unidades fue adquirida por mujeres fanáticas del film original, estrenado hace 20 años.

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Balde de pop de El diablo viste a la moda 2.

El éxito fue tal que los cines lamentaron no haber encargado más unidades. La demanda fue «increíble», afirmó David Haywood, vicepresidente senior de estrategia de alimentos y bebidas de Cinemark. «Si pudiera volver atrás, ni siquiera sé si habría un límite para la cantidad que compraría».

Tamaño agrandado

En general los baldes son un gran negocio. Regal estimó que sus ventas de merchandising superarán los US$ 40 millones este año. Y los diseños son cada vez más grandes.

A fines de agosto, con motivo del reestreno de Harry Potter y la piedra filosofal, Snap presentará su balde más grande hasta la fecha: una réplica de 1,2 metros de la escoba Nimbus 2000 del protagonista. Costará US$ 50 y podrá contener 3,8 litros de pop.

Ese volumen equivale al 270% de la capacidad del caballo de La Odisea, que almacena 1,5 litros. Según Howard, «es un tamaño bastante normal para un balde de pop». Como referencia, un envase grande convencional tiene una capacidad de unos cinco litros de palomitas de maíz.

De todos modos, la capacidad suele ser lo de menos para los coleccionistas, muchos de los cuales ni siquiera tienen interés en el pop. Recientemente, en eBay, un lote de 20 baldes que celebraban la película El Contador 2 -sobre un hábil asesino que también es un contador certificado con autismo, interpretado por Ben Affleck- se vendió por US$ 550.

Fracaso en la taquilla afecta ventas

Encargar muy pocos baldes genera una poderosa sensación de escasez. Pero no siempre se venden. La reciente Supergirl fue un fracaso y su balde también: estaba inspirado en Lobo, el reacio compañero de aventuras de la heroína, montado en su motocicleta espacial.

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Balde de pop de Supergirl.

Los resultados en este negocio son difíciles de predecir. Amos del Universo decepcionó en la taquilla y uno de sus baldes, un trono iluminado del villano Skeletor, tampoco tuvo éxito. Sin embargo, un segundo modelo, inspirado en el Castillo Grayskull, fue un éxito de ventas.

Los que no funcionan generan dolores de cabeza para las cadenas de cine. «Entonces tenemos un problema de inventario en los complejos», explicó Vikki Neil, directora de marketing de Regal. «¿Qué hacemos con esa mercadería? ¿La devolvemos? ¿La liquidamos con descuento? Ahí la situación empieza a complicarse».

Nicole Sperling

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