El mundo de las transmisiones deportivas se ha fragmentado en múltiples señales, divididas entre televisión tradicional y plataformas de streaming. Y cada una de ellas tiene un objetivo claro: sumar la mayor y mejor oferta de eventos en vivo, un contenido capaz de atraer audiencias masivas en tiempo real, y para ello invierten cifras cada vez más elevadas.
En ese tablero, Amazon emerge como uno los principales protagonistas. La plataforma del gigante del e-commerce no ha escatimado recursos para asegurarse los derechos de algunas de las competiciones más importantes del mundo.
Hoy, su programación deportiva incluye la NBA, el partido de los jueves de la NFL, la Nascar y el Masters de Augusta en Estados Unidos. A su vez, ofrece la Champions League de la UEFA en países como Alemania, Italia y Reino Unido, así como el torneo de tenis de Wimbledon, en distintos países.
Para construir ese menú, la compañía compite con otras plataformas como ESPN, Apple TV, DAZN o Paramount+, en una carrera que ha disparado el valor de los derechos deportivos.
Un informe de Ampere Analysis, una consultora especializada en la industria global de medios y deportes, proyectó en febrero que Amazon se convertirá en 2026 en «la principal plataforma de streaming en términos de inversión global en derechos deportivos». Según el estudio, Prime desembolsará US$ 3.800 millones, es decir, el 27% del gasto total del sector, superando a DAZN (22%), que ha liderado esta categoría desde 2018.
En conjunto, los servicios de transmisión online gastarán US$ 14.200 millones este año, un 7,6% que en 2025.
Golf, NBA y quejas
En paralelo, Amazon avanza con eventos de alto perfil. En abril emitió por primera vez el Masters de Augusta, el torneo de golf más famoso del mundo, compartiendo la cobertura con ESPN (propiedad de The Walt Dinsey Company), CBS y Paramount+ (ambas de Paramount Global).
Algo similar ocurre con la NBA. A partir de esta temporada 2025-2026, Prime transmite un paquete relevante de partidos de temporada regular, el play-in y finales de conferencia y finales de liga, en un acuerdo de 11 años que implica una inversión anual cercana a US$ 1.800 millones. Sin embargo, los derechos están repartidos con The Walt Disney Company (ESPN) y NBCUniversal (el canal NBC, el servicio de streaming Peacock y la cadena en español Telemundo), lo que marca el fin de los acuerdos exclusivos y consolida un modelo más fraccionado.
Esa multiplicación de pantallas ha generado fricciones a nivel del público. En redes sociales, fanáticos de la NBA cuestionan la necesidad de contar con varias suscripciones para ver una misma competencia.
«Que tres cuartas partes de los partidos de los playoffs de la NBA se emitan en Amazon Prime es un verdadero fastidio, para ser sinceros. No todo el mundo tiene Prime, y si lo tienen, ni siquiera pueden ver nada más sin salir completamente de la aplicación», escribió un usuario en X.
«Efecto Paramount»
Mientras Amazon se encarama como el servicio de streaming que más invierte en transmisiones deportivas, otros jugadores también hacen sus movimientos para potenciar su oferta.
Tal es el caso Paramount+ que, según el estudio de Ampere, se ubica en cuarta posición al invertir el 8% del sector. En tercer lugar se coloca YouTube (14%) y en quinto escalón, Netflix (5%).
Paramount logró recientemente un acuerdo por US$ 111.000 millones para comprar Warner Bros. Discovery, una operación que le permitiría incluir a su portafolio activos como Eurosport, TNT Sports y HBO Max, con derechos de partidos de NBA, NHL, MLB, NCAA, Champions League y Copa Libertadores en diferentes mercados.
Incluso antes de esta transacción, Paramount ya venía reforzando su apuesta por el deporte: en agosto del año pasado la compañía anunció un acuerdo con la UFC para transmitir las peleas de artes marciales mixtas por siete años, a cambio de US$ 7.700 millones.
En este nuevo escenario, el deporte dejó de ser solo contenido: es uno de los principales motores de la guerra del streaming. Y mientras las plataformas compiten con inversiones récord por captar audiencias, los fanáticos enfrentan un ecosistema cada vez más fragmentado -y caro- para seguir a sus equipos.
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