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Presidencia temporal del Mercosur: esta es la ocasión

Si en 25 años no hemos tenido ventajas y solo trabas para ampliar nuestro comercio al mundo, llegó la hora de se produzcan cambios radicales en las obligaciones de pertenencia a bloque.

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Luis Lacalle Pou
Luis Lacalle Pou participará mañana jueves en un nuevo encuentro de presidentes del Mercosur.
Foto: Presidencia

Muchos ministros han pasado por la conducción económica argentina en el último medio siglo. Algunos teniendo momentos de éxito en su gestión, pero prácticamente ninguno ha finalizado su mandato sin dejar al país en una crisis profunda que ha afectado, comercialmente y en algunos casos financieramente, a nuestro país.

Antecedentes

El Dr. José Alfredo Martínez de Hoz intentó frenar a una altísima inflación con el programa cambiario “de la tablita”, con anuncios anticipados del valor del dólar que terminó con una crisis que se extendió con su sucesor, Lorenzo Sigaut y el siguiente ministro el Dr. Roberto Alemann, muy perjudicado por la decisión militar de intentar la recuperación de las Islas Malvinas que finalizó con la crisis de 1982, la segunda o tercera en importancia en el período al que me refiero. Recordemos también las crisis que sobrevinieron tras las conducciones de Bernardo Grinspun y de Juan Vital Sourruille, ministros del renunciante anticipado Raúl Alfonsín. Y lo que sucedió en el comienzo del gobierno de Carlos Menem con Rapanelli y Erman González, este último sustituido por Domingo Cavallo, que estabilizó la economía durante cinco años con la aplicación del Plan de Convertibilidad. Retirado del Ministerio, cinco años después fue convocado por el presidente De la Rúa, ante la inestabilidad que retornó a la economía, lo que le obligó, en noviembre del 2001, a decretar el congelamiento temporal de los depósitos bancarios.

Cuatro semanas más tarde, en la segunda mitad de diciembre, se produjo la renuncia del presidente De la Rúa y en pleno enero de 2002 se extendió el llamado “corralito cambiario” y se decidió el default de la deuda pública, celebrado por el Congreso Nacional. Fue la crisis que más afectó a Uruguay, comercial y financieramente.

Viene luego la administración de Kirchner, que con su ministro Lavagna, sin arreglar el problema del default de la deuda y con el beneficio del boom de los precios agrícolas internacionales tuvo aire para dejar una economía con serios problemas que no se solucionaron por su sucesora —Cristina Fernández— al frente del gobierno y que también —con su ministro comunista Axel Kiciloff— los dejara como herencia al presidente que asumió en diciembre de 2015: Mauricio Macri. Tampoco los sucesivos ministros de éste, incluido el del gobierno actual, lograron sacar a la economía de su recesión, detener la alta inflación y manejar el endeudamiento público fruto de un alto déficit fiscal, lo que se reflejó en un control de cambios con acceso muy restringido a la compra de moneda extranjeras.

La grave situación se deterioró aún más durante el gobierno de Alberto Fernández y su ministro “gobernante” Sergio Massa, hasta diciembre pasado. Hiperinflación, cepo cambiario, y precios relativos favorables para el consumo en Argentina provocaron, como se recordará, la fuerte asistencia de uruguayos a comprar bienes y servicios a la vecina orilla. ,

La lamentable intervención del FMI desde 2015 no debe pasar desapercibida. El fracaso de Macri y el de Alberto Fernández es también el del organismo internacional, que fue incapaz de anticipar lo que vendría desde el punto de vista económico cuando concedió el mayor préstamo dado a un país y de exigir a esos gobiernos un programa económico para su devolución, habitualmente de corto plazo. Un crédito que aún está pendiente de cancelación siquiera parcial, situación que nos retrotrae a aquel momento, para valorar la decisión del presidente Jorge Batlle de no acceder a la exigencia del FMI de declarar el default selectivo de la deuda de nuestro país en plena corrida originada por la crisis argentina durante el gobierno de Kirchner y su Ministro Lavagna.

El nuevo gobierno, inaugurado hace pocos más de cinco meses, todavía no da indicios de que pueda comenzar una recuperación económica sólida que si bien, si ocurriera, parece que no será acompañada de hiperinflación ante la reducción significativa del déficit fiscal y la consecuente baja de la emisión para su financiamiento, viene mostrando un bajísimo nivel de actividad productiva y alto descontento social en un contexto de muy bajo respaldo legislativo de la gestión presidencial.

Efectos reiterados

La situación de la economía argentina en las últimas cinco décadas ha sido en muchas más ocasiones desfavorable para nuestro país que lo que han sido algunos momentos favorables, como en aquellos en los que tuvo estabilidad: durante cuatro años de la convertibilidad. La influencia más adversa sobre nuestra economía ha sido la que provocó en nuestro país la crisis del 2001-2002, la que nos contagió gravemente no solo en la parte comercial de bienes y de servicios, sino también en lo financiero.

Pero, contrariamente a lo que muchos opinan aún y como lo muestra la evidencia empírica del último medio siglo al menos y de los últimos tres años, la economía uruguaya no se ha blindado enteramente frente a las crisis del país vecino. Nuestro comercio exterior de bienes con Argentina refleja los efectos de las sucesivas crisis sobre nuestro país. No obstante el margen de preferencia que tienen nuestras exportaciones para ingresar a la Argentina, han caído de 19% del total en 1998 a 4% en la actualidad y las importaciones, en igual lapso, han declinado de 22% a 12%. Si en 25 años no hemos tenido ventajas por pertenecer al Mercosur y solo trabas para ampliar nuestro comercio al mundo, llegó la hora que en un mes, cuando Uruguay tenga la presidencia pro témpore del organismo, se produzcan cambios radicales en las obligaciones de pertenencia a una institución que pocos beneficios comerciales nos ha brindado y muchos nos ha quitado.

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