Germán Thoss, PUENTE
El mercado de fusiones y adquisiciones (M&A) en América Latina se ha mostrado resiliente en los últimos años. Incluso en un contexto global atravesado por tasas de interés elevadas, tensiones geopolíticas y volatilidad financiera, la actividad en la región se mantuvo dinámica y con señales de transformación.
De acuerdo con el informe anual elaborado por TTR Data junto a Datasite y Aon, durante 2025 se registraron en América Latina 3.061 operaciones de fusiones y adquisiciones, entre anunciadas y cerradas, por un valor total de US$ 119.793 millones. Esto representa un crecimiento del 1% en la cantidad de transacciones y un aumento del 19% en el capital movilizado respecto al año anterior, reflejando que el interés inversor sigue presente.
Brasil y México continúan liderando el flujo de operaciones, concentrando gran parte del capital invertido en la región. Por otra parte, se observa una evolución en los sectores que captan mayor atención, con actividades vinculadas a energías renovables, infraestructura, servicios tecnológicos y data centers ganando protagonismo, impulsadas por la transición energética y la aceleración del consumo digital.
De acuerdo a la experiencia de PUENTE, dentro de este escenario conviven distintos perfiles de compradores estratégicos que participan activamente en los procesos de adquisición. Cada uno responde a motivaciones, horizontes de inversión y criterios de evaluación diferentes, lo que influye directamente en la forma en que analizan oportunidades y estructuran las transacciones.
Uno de los actores más dinámicos sigue siendo el de los fondos de private equity. Este tipo de inversores suele enfocarse en compañías con alto potencial de crecimiento con el objetivo de transformarlas y venderlas, obteniendo valor en un horizonte de entre tres y siete años. En general, buscan tasas internas de retorno (IRR) que oscilan entre el 20% y el 25% anual.
En América Latina, estos fondos tienden a concentrarse en sectores con capacidad de expansión, como fintech, salud, logística, consumo premium y servicios digitales. También muestran interés en empresas que operan en mercados fragmentados o que pueden escalar regionalmente.
Los fondos de private equity suelen buscar participaciones mayoritarias o de control que les permitan implementar cambios estratégicos, profesionalizar la gestión y optimizar los procesos operativos. Las principales palancas de creación de valor suelen incluir la expansión comercial, adquisiciones complementarias, mejoras operativas y profesionalización de la gestión. Desde el inicio de la inversión estos fondos suelen planificar con claridad su estrategia de salida, que puede concretarse mediante la venta a otro fondo, a un comprador estratégico o a través de una oferta pública.
Un segundo perfil relevante es el de los compradores corporativos, es decir, compañías que adquieren otras empresas dentro de su misma industria o en eslabones relacionados de la cadena de valor. En estos casos, la lógica de inversión suele estar más vinculada al posicionamiento estratégico que a la maximización del retorno financiero en el corto plazo.
Las adquisiciones corporativas buscan expandir la presencia geográfica, integrar proveedores o distribuidores, incorporar nuevas capacidades tecnológicas o ganar escala frente a los competidores. En la región, sectores como energía, infraestructura, alimentos, salud y tecnología industrial han concentrado buena parte del interés de este tipo de inversores.
A diferencia de los fondos de private equity, las compañías suelen tener horizontes de inversión más largos y menos definidos, ya que las empresas adquiridas pasan a formar parte de su estructura permanente. El valor de la operación suele encontrarse en las sinergias operativas, las economías de escala o la optimización de procesos dentro de la cadena productiva.
Un tercer actor que ha ido ganando relevancia en el ecosistema de M&A latinoamericano es el de los family offices, estructuras que gestionan el patrimonio de familias empresarias. Este tipo de inversor suele tener una perspectiva de largo plazo, muchas veces generacionales, y expectativas de retorno más moderadas, generalmente en rangos cercanos al 11% al 15% anual.
Los family offices tienden a priorizar negocios sólidos, con flujos de caja previsibles y potencial de crecimiento sostenido. Históricamente han estado presentes en sectores como real estate, alimentos, energía y negocios industriales, aunque en los últimos años también han comenzado a explorar oportunidades en tecnología y servicios especializados.
Una característica de estos inversores es su flexibilidad en la estructura de las transacciones. En muchos casos están abiertos a adquirir participaciones minoritarias o asociarse con los fundadores, permitiendo que la gestión del negocio continúe en manos del equipo original.
Más allá de las diferencias entre estos perfiles, existe un denominador común en el mercado actual, con compradores cada vez más exigentes. Hoy valoran compañías con modelos de negocio claros, márgenes sólidos, buenas prácticas de gobierno corporativo y capacidad de escalar sus operaciones. La calidad del equipo de gestión y la posibilidad de expandir operaciones también se han vuelto factores determinantes en los procesos de evaluación.
En este contexto, para los empresarios que evalúan vender su compañía o incorporar un socio estratégico, entender qué tipo de comprador puede estar más alineado con su negocio y sus objetivos es un elemento clave para maximizar el valor de una transacción.
Germán Thoss
El autor, Germán Thoss es Managing Director & Global Head de Corporate Finance en PUENTE. Cuenta con más de 20 años de experiencia en Corporate Finance y fusiones y adquisiciones (M&A), asesorando a clientes en América del Norte, América Latina y Europa, con un enfoque particular en las industrias de alimentos y productos del mar. En PUENTE es responsable de coordinar los esfuerzos del equipo global tanto en el origen como en la ejecución de las transacciones, brindando asesoramiento especializado en M&A, valuaciones, fairness opinions, reestructuraciones y financiamiento corporativo, con foco en operaciones mid-cap y transacciones cross-border.