OPINIÓN

Pasemos revista a la coyuntura

Crecimiento económico, inflación, empleo, tipo de cambio, deuda y pobreza. ¿Cómo evolucionan?

Foto: Pixabay
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Viene al caso pasar revista a los principales indicadores sobre la coyuntura, dado que para todos ellos se cuenta, al menos, con información para la primera mitad del año y en algunos casos bastante más. Por otro lado, hay numerosos detalles que surgen de un análisis de esos indicadores, más profundo que el habitual, que no suelen tener suficiente difusión y que es menester darlos a conocer.

Actividad económica. En línea con lo ocurrido en el mundo, nuestro PIB se desplomó en el segundo trimestre, 9,0% frente al primero y 10,6% con relación al segundo del año pasado, cayendo 2,6% en los doce meses a junio versus los doce anteriores. Sin embargo, las cosas lucen peor si dejamos de lado los servicios públicos y nos concentramos en lo que se podría llamar “el PIB privado”. Si tomamos esa referencia, la caída interanual superó el 15% y en los doce meses a junio, el 4%.

Empleo. En este caso, se suele prestar la mayor atención a la tasa de desempleo, pero la que se vincula con la actividad económica es la de empleo. Aquella se ha mantenido relativamente estable desde antes de que estallara la pandemia, pero la de empleo, como la de actividad, ha caído. Desde entonces crecieron los números de los inactivos y de los ocupados ausentes (en seguro de paro o por la pandemia) y unos y otros corren riesgo de terminar desempleados. Mientras tanto la tasa U-6, que incluye desocupados, sub ocupados y desalentados, está por encima del 20%.

Salarios. Los salarios privados están cayendo alrededor de 3% interanual desde abril. La mayor inflación y la no existencia de un aumento desde julio (más allá del gatillo por desvíos a junio, del orden de 2,8% en promedio) explican esta situación. Sin embargo, los salarios medidos en dólares siguen muy altos en términos históricos, aun ajustando su evolución por la de nuestros precios de exportación (41% por encima del promedio desde 2000).

Inflación. En los últimos cuatro meses, la inflación interanual se ubicó en torno al 10%. Si se considera la inflación subyacente, según mi definición, promedió un punto menos. Aún en este caso, está muy por encima de la meta (5% más y menos 2%) y salvo un breve lapso a mediados del año próximo, cuando se meterá dentro de ese rango, ella seguirá por encima de los límites fijados por el BCU. Las expectativas siguen difiriendo de las metas establecidas en el presupuesto, que apuntan a una tasa de 3,7% en 2024.

Tipo de cambio real. El panorama es diverso: en los últimos dos años se mejoró con fuera de la región, pero salvo con China, aún se está 10% a 20% por debajo de los promedios históricos. Con Brasil, y más con Argentina en el caso del dólar paralelo, la relación bilateral de precios es ampliamente desfavorable, entre 40% y 60% por debajo de los promedios históricos. También estamos desalineados de Argentina, en torno a 20%, en el caso del comercio formal. Aún con un dólar en $ 47, que nos situaría en los promedios históricos con fuera de la región, se mantendría una disparidad considerable con los vecinos, cuyas monedas (real y blue) están extraordinariamente depreciadas.

Sector externo. En este caso la situación es ampliamente confortable: con datos a junio, el balance del financiamiento externo es positivo en casi 4% del PIB como resultado de un saldo positivo en la cuenta corriente (0,5% del PIB) y de una inversión extranjera directa de 3,5% del PIB. La situación casi equilibrada en la cuenta corriente es consecuencia de resultados opuestos en el ahorro neto del sector privado (+6,1% del PIB) y en el del sector público (o resultado fiscal, -5,7% del PIB). La enorme mejoría en el ahorro neto privado después de 2012 se debió a una caída del mismo porte en la inversión privada en 2013 a 2017.

Finanzas públicas. En los 12 meses a agosto, el MEF informó un déficit fiscal de 6,1% del PIB (4,7% del PIB en 2019) que, si se ajusta por factores extraordinarios, llega a 6,7% del PIB (5,0% del PIB en 2019). La mayor parte del deterioro en estos ocho meses se debió a la pandemia (por más gastos y menos recaudación) y en alguna medida fue atenuado por la aceleración inflacionaria que diluyó los gastos (notoriamente salarios y pasividades) en términos reales.

Deuda pública. A mitad de año, la deuda bruta total del sector público se ubicó en 72,8% del PIB y la deuda neta (deduciendo los activos de reserva sin contar los encajes, y los activos con residentes) alcanzó a 46,9% del PIB. En el primer semestre ya se dio parte del salto que la relación entre deuda y PIB mostrará en el año, como consecuencia, principalmente, del déficit y la caída del PIB. Mientras tanto, la subida relativa del tipo de cambio no tiene efectos netos significativos, ya que por un lado hace caer al denominador en términos de dólares y por otro lado también hace caer al numerador, por la dilución en términos de dólares de la parte de la deuda que está denominada en moneda nacional.

Pobreza. No se trata de un indicador de coyuntura macro, como los anteriores, pero viene al caso decir dos palabras. Ceres, con datos del INE, estimó la pobreza más allá del factor ingreso y consideró las similitudes en carencias socioeconómicas de quienes están en las cercanías de la línea de pobreza, tanto por encima como por debajo de ella. Las estimaciones de dicho centro para 2019, elevan la proporción de pobres en la población desde el 8,8% (estimado por el INE a partir de los ingresos), al 14,7%.

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