OPINIÓN

Una necesaria estructura antisísmica

A partir de las lecciones aprendidas de crisis anteriores.

Foto: Reuters
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Así como en las zonas en las que existe riesgo de terremotos los edificios se construyen con estructuras antisísmicas, del mismo modo se debe proceder con la economía cuando existe el riesgo equivalente: el riesgo de recibir shocks externos sorpresivos, de impacto negativo sobre la actividad de la economía, el ingreso de los hogares y la recaudación de impuestos.

Nuestro país, como todos, está expuesto a recibir esos shocks y seguramente lo está más que la mayoría, por su dimensión y su localización en el mapa, o sea que se encuentra en zona sísmica de manera permanente. Tanto por lo que pueda venir desde el mundo, como lo que pueda venir desde sus vecinos, que reciben desde afuera los mismos shocks que nosotros y nos los amplifican y que también, con frecuencia, son generadores de shocks autóctonos.

Frente a esta situación, nuestro país ha ido construyendo a lo largo del tiempo una estructura antisísmica, que ha sido mejorada tras algunas de las crisis que se han padecido, que en estos días está siendo ajustada y ampliada y que todavía tiene bastante para mejorar.

Veamos a continuación una serie de elementos inherentes a dicha estructura.

Uno, la política monetaria cambiaria debe ser flexible y esto vale tanto para el tipo de cambio como para el manejo de instrumentos monetarios. Crisis anteriores (1982 y 2002) fueron potenciadas por un instrumento cambiario rígido pero, creo, más aún por instrumentistas rígidos que no cambiaron el rumbo a tiempo. No obstante, trabajar con tipo de cambio flexible implica partir con ventaja ante esas situaciones.

Dos, algo similar sucede con la política salarial, donde la institucionalidad vigente tiene alta rigidez. En la crisis en curso, los instrumentistas (todos ellos) han venido mostrando flexibilidad, lo que permitirá amortiguar el impacto de la crisis sobre el empleo, al permitir el ajuste del salario. Sería necesario, tras esta crisis, que no se volviera a rigideces tales como la que impone la indexación, o la que implica tener que aplicar la misma regla a empresas diversas por su tamaño, localización o mercados, por el sólo hecho de formar parte de una misma rama de actividad.

Tres, el cortafuegos establecido tras la última gran crisis, entre los sistemas financieros de Uruguay y Argentina, que llegó para quedarse, es otro elemento necesario. También, que la regulación y la supervisión hayan incorporado el concepto de que los bancos pueden estar vendidos por medio de los balances de sus clientes aún cuando luzcan equilibrados según los propios.

Cuatro, lo mismo ocurre con la gestión de la deuda pública tras aquella crisis, cuando se comenzó un proceso de desdolarización que ha dado lugar a un verdadero seguro anti devaluación.

Cinco, debe reducirse la endogeneidad del gasto: más allá de la inevitable indexación de rango constitucional que tienen las pasividades, los otros rubros deben ser desindexados y flexibilizados. En el caso de los intereses de la deuda, resulta decisivo poder ir hacia una creciente participación de la deuda emitida en pesos nominales, para lo cual es menester ir a una tasa de inflación “normal”. También debe incorporarse el efecto del ciclo económico sobre las finanzas públicas, como se procura hacer en estos días, de modo de poder ahorrar en tiempos de vacas gordas para poder gastar en tiempos de vacas flacas.

Seis, en la crisis actual se ha comprobado la utilidad de contar con instrumentos como el seguro de desempleo, al que se ha dotado de mayor flexibilidad, permitiendo su extensión en el tiempo más allá de los plazos vigentes para épocas normales y adecuándolo a las actuales circunstancias, ampliando su uso parcial.

Siete, lo mismo sucede con las políticas sociales, de vasto alcance, también flexibles y adaptables ante circunstancias críticas. Nuestro país se ha caracterizado desde tiempo inmemorial por contar con estos instrumentos. Es igualmente clave contar con mecanismos de rendición de cuentas del uso de estas políticas, que deben replegarse a tiempo una vez que pasa la crisis, de modo de no dar lugar a incentivos perversos. Para potenciar el impacto de las políticas sociales, así como del seguro de desempleo, es necesario ir a una mayor formalización de la economía y del empleo.

Ocho, también se ha visto en esta crisis la flexibilización de la regulación bancaria y la utilización más amplia de mecanismos de garantías de crédito al sector privado, respaldados por el Estado. También aquí hay que ser cuidadosos de los incentivos, de modo de evitar problemas de riesgo moral e información asimétrica.

Nueve, se debe tener la posibilidad de trabajar y estudiar a distancia ante situaciones como las que estamos viviendo, donde el confinamiento es necesario. Esta crisis ha mostrado la fortaleza de nuestro país en ese sentido, con un extendido y profundo acceso a internet, cuando en el cenit de la crisis casi un quinto de los ocupados llegó a teletrabajar y donde el estudio a distancia por medio de plataformas, ha sido masivo.

En fin, la lista anterior muestra al vasto alcance que tienen los elementos de una necesaria estructura antisísmica y permite comprobar que en nuestro país se ha logrado contar con una que está siendo puesta a prueba con éxito en la actual crisis. Ello ha sido posible como resultado de haber ido incorporando lecciones aprendidas de crisis anteriores al diseño de nuestra institucionalidad.

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