La guerra que comenzó hace algunas semanas en Medio Oriente nos retrotrae a los efectos económicos adversos generados por la invasión a Ucrania de principios de 2022. En esta nota pretendemos hacer una primera aproximación a las similitudes y diferencias entre estos conflictos en lo que refiere a sus efectos económicos en general. En particular, para el escenario en el cual el conflicto no se resuelve rápidamente, buscaremos caracterizar cómo terminaría impactando en nuestro país.
Petróleo
La similitud más evidente entre ambos conflictos, desde el punto de vista económico, es que motivó un aumento significativo del precio del petróleo. En efecto, en las primeras semanas de la invasión a Ucrania y en lo que va del conflicto en medio oriente, el mencionado insumo aumentó unos US$ 40 por barril, llegando a US$ 130 en el primer caso y hasta US$ 110 recientemente (gráfico 1).
El aumento actual de los precios refleja una prima por riesgo sustantiva, derivada del incremento de la incertidumbre, que implica que el mercado descuenta la posibilidad que se consolide en un shock de oferta significativo, si el conflicto perdura. Esto implicaría, por un lado, un aumento de costos de producción que luego se trasladará a precios y, en segundo lugar, sería recesivo para una economía como la nuestra, que importa el insumo en su totalidad. Así, el aumento de costos lo notarán rápidamente las empresas, vía encarecimientos de combustibles y otros insumos asociados, al tiempo que las familias lo observarán cuando aumenten los costos de transporte y calefacción, entre otros. Este shock encontraría a nuestro país con cierta holgura en lo que respecta a la inflación, puesto que se encuentra por debajo del objetivo y las autoridades están buscando una leve aceleración de los precios que la lleve al 4,5%. Por el contrario, el shock sería inoportuno en lo que refiere a la actividad, dado que contribuirá a acentuar la desaceleración de la actividad económica, que ya era notoria antes del inicio de la guerra.
Alimentos
La diferencia más evidente entre ambos conflictos desde el punto de vista de la producción de nuestro país es que, en el caso actual, el aumento de algunos precios de los commodities alimenticios fue más moderado. En efecto, en las primeras semanas de la invasión a Ucrania, uno de los principales productores mundiales de trigo, motivaron que dicho grano mostrase encarecimientos fuertes a nivel internacional, pasando de US$ 290 por tonelada a mediados de febrero a US$ 420 un mes después; por el contrario, en las últimas semanas el precio mostró variaciones leves y en niveles reducidos (gráfico 2).
Para el caso de la soja, también se produjo un incremento de importancia en los valores durante 2022, algo que no se observó en estas semanas (gráfico 3).
Por tanto, a grosso modo, el shock positivo derivado de los aumentos de los commodities alimenticios en nuestro país, fue más notorio durante 2022 que lo que viene siendo en la actualidad, tanto por las diferencias en los países afectados por el conflicto, las diferencias en las tasas de interés internacionales y otros factores (gráfico 4).
El encarecimiento de alimentos de 2022 motivó un efecto favorable sobre la producción y rentabilidad de la cadena agroexportadora de nuestro país, lo que compensó parcialmente a nivel macroeconómico el efecto negativo del encarecimiento de los hidrocarburos. Sin embargo, la compensación actual sería mucho más moderada, por lo que el efecto neto de los encarecimientos, debiera ser más desfavorable. Dicho de otro modo, pareciera que los términos de intercambio van a ser más afectados en esta oportunidad respecto a la situación de hace cuatro años.
Familias
El shock sobre la situación económica de las familias parece ser más moderado en el actual conflicto. En efecto, durante 2022 se observaron aumentos fuertes en los precios tanto de los alimentos, especialmente los farináceos en los supermercados, como pan, pastas y otros, y los combustibles en general, que motivaron la aceleración que se observa en el gráfico 5.
En la actualidad, si bien el incremento del petróleo tendría efectos similares, en principio no se observarán, como mencionamos, encarecimientos tan pronunciados ni generalizados en los alimentos. En particular, durante 2022, como consecuencia del aumento conjunto de combustibles y alimentos, observamos impactos en las predisposiciones a consumir en servicios y en bienes como indumentaria, una respuesta de las familias al mayor presupuesto forzoso para alimentación. De hecho, en ese momento un 75% de los consumidores tenían pensado reducir sus gastos en traslados, reducir el consumo en otros bienes para evitar disminuir el presupuesto en traslados o una combinación de ambas medidas de ajuste. En suma, las familias se verían expuestas a un leve efecto ingreso negativo, derivado del incremento de precios y a sustituciones leves de consumos, aunque de menor intensidad que 4 años atrás.
Transitorio vs. permanente
Otra diferencia entre los conflictos tiene que ver con el hecho que el actual se espera sea transitorio. Primero, hay fuertes incentivos para que el conflicto sea corto por parte de EEUU, si se consideran aspectos del ciclo electoral, y también para el caso de China y Europa, que son fuertes importadores de hidrocarburos. Segundo, de mantenerse el shock petrolero por mucho tiempo, puede llevar a una recesión global que no es de interés para la amplia mayoría de los países. Tercero, la guerra de Ucrania implicó avances en el territorio (más difícil de revertir), algo que por el momento se asume que no se producirá en esta oportunidad.
Sin embargo, esta caracterización inicial de la guerra en el Medio Oriente como transitoria debe tomarse con reservas, pues el conflicto en Ucrania se esperaba que durase 3 días o un par de semanas como máximo y lleva más de 4 años. En el caso que se produzca rápidamente una desescalada, los precios del petróleo cederán y los efectos negativos sobre la actividad económica mencionados previamente serán leves y se habrán concentrado en el segundo trimestre.
Suma
En primera instancia y considerando los acontecimientos a mediados de marzo, los efectos negativos de una consolidación del conflicto sobre nuestra actividad económica serían algo más notorios que en 2022. Así, el principal impacto será cierta aceleración de los precios acompañada de impulsos recesivos para la actividad económica. Además, en esta oportunidad no contaríamos con los efectos positivos sobre nuestra producción, derivados del incremento de los commodities alimenticios. Sin embargo, las familias serían afectadas por aumentos de precios focalizados en combustibles, lo que implicará en principio un impacto económico total de menor magnitud sobre su situación económica respecto al verificado en 2022.
- Alejandro Cavallo Director Consultoría Económica de Equipos Consultores