Si se hace hoy una recorrida por los integrantes de la Orquesta Sinfónica Nacional (Ossodre), podemos encontrarnos con gente proveniente de realidades y puntos geográficos tan distantes como Casavalle (barrio de Montevideo), Sarandí del Yi (Durazno) o Rio Branco (Cerro Largo). Ese es el resultado más palpable del programa Un niño, un instrumento, una prueba de su característica más importante: el espíritu transformador e integrador de una idea que nació hace más de 30 años.
“Un niño, un instrumento no busca formar profesionales de la música, lo que busca es el arte como misión transformadora de lo humano”, destaca con orgullo Alejandra Moreira, vicepresidenta del Sodre, al mencionar los objetivos de un programa que procura democratizar el acceso a la cultura enseñando a niños y adolescentes a tocar un instrumento.
Uno de sus grandes impulsores es el maestro Ariel Britos, director del programa, que lo puso en marcha hace más de tres décadas. En 2016 se convirtió en una ley dentro del marco del Ministerio de Educación y Cultura, que decidió que fuera el Sodre que lo desarrollara a través del sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles del Uruguay.
Durante todos estos años Un niño, un instrumento no ha dejado de crecer. Hoy abarca a 5.500 niños y adolescentes, y a unos 170 docentes en 16 departamentos de todo el país. Solo estarían faltando Artigas, Rivera y Maldonado por distintas razones que se busca subsanar prontamente. Por ejemplo, si los pronósticos climáticos lo permiten, la gira por el litoral oeste de la Orquesta Juvenil prevista para setiembre y octubre será una muy buena oportunidad para que autoridades del Sodre se entrevisten con las intendencias que faltan acoger el programa.
Vale destacar que esta iniciativa se desarrolla gracias a los convenios que se realizan con distintos tipos de instituciones, ya sea de la educación pública como privada, intendencias, municipios o el INAU, entre otros. Está abierta a toda la comunidad y “cobra diferentes configuraciones a lo largo de todo el territorio”, según lo explicó Britos en distintas oportunidades.
Cómo funciona
Un niño, un instrumento se organiza en núcleos, cada uno con sus características y sus reglas en cuanto a horarios y rutinas. Hay algunos que funcionan dentro del horario escolar, caso del barrio Casavalle, y otros fuera de la escuela, caso Ciudad Vieja.
Son dos veces por semana en las que los niños tienen clases grupales, individuales y ensayos dado que forman una orquesta.
En general, comienzan con 6 años de edad, pero hay algunos núcleos que ya enseñan expresión musical a niños partir de los 3 años.
Para participar no se exige ningún conocimiento previo ni tampoco tener instrumento ya que se lo proporciona el programa en forma de préstamo, lo que significa que los destinatarios se lo pueden llevar a su casa durante el plazo que formen parte de esta iniciativa.
Lo que sí es necesario es inscribirse. A fines de diciembre se publica un formulario en la web unniñouninstrumento.uy que deben llenar las familias interesadas y en el que aparecen los núcleos para que cada una vea cuál le conviene más. En marzo se procede a una inscripción presencial con certificado escolar o liceal, carné de salud y un recibo de un ente público para el préstamo del instrumento.
Los instrumentos que forman parte del programa son los de una orquesta sinfónica: la familia de las cuerdas —violín, viola, violonchelo y contrabajo—, los vientos de madera —flauta, oboe, clarinete y fagot—, los metales —trompeta, trombón, tuba, corno— y la percusión sinfónica —timbal, bombo, platillos—, además de otros instrumentos que se pueden sumar.
Hay un acompañamiento integral que incluye clases de canto y de solfeo, y la organización de actividades que complementan al instrumento.
“Nosotros tenemos tres puntos de apoyo: trabajo, disciplina y voluntad para salir adelante en la música como en la vida”, declaró Britos. “Participa toda la familia. Tiene un compromiso con el programa y con las actividades que se llevan adelante”, declaró, por su parte, Moreira.
Más allá
Si bien está claro que Un niño, un instrumento no tiene como objetivo que los niños tomen a la música como su profesión de futuro, son muchos los que la terminan eligiendo. La hoja de ruta marca, por ejemplo, que luego del programa los que quieren seguir este camino pasan a la Escuela de Música del Sodre y concursan para la Orquesta Juvenil.
Como ex violinista de la Ossodre y de la Orquesta Filarmónica y además docente, Alejandra Moreira es una de las que enseña en el programa.
“He tenido todo tipo de alumnos. Creo que no hay que convencer a nadie de abrazar una disciplina que es muy vocacional y muy demandante. Necesitás un determinado tipo de compromiso y mucha dedicación, pero también tiene sus cosas maravillosas. En general, los que eligen seguir se decantan solos. Solamente de esa manera la persona consigue disfrutar del camino y comprometerse con lo que tiene que hacer”, evalúa en charla con Domingo.
La vicepresidenta del Sodre destaca que lo fundamental es que los chicos se integren, compartan con iguales (o no) y saquen todo lo positivo que la convivencia ofrece. Entre esto está lo que enseña ser parte de una orquesta. “Esa cosa de ayudarse. ‘Mirá este pasaje no me sale’ y ves como el compañero lo está ayudando. Siempre en ese círculo de trabajo en equipo y de que entre todos lo vamos a lograr”, remarca la violinista. Luego, las repercusiones casi que llegan solas. Moreira menciona como ejemplos que el asistente de concertino de la Ossodre empezó con Un niño, un instrumento o que en el exterior, uno de los integrantes de la Vienna Synchron Stage Orchester conoció el corno francés al sumarse a esta propuesta (ver recuadro).
¿Qué estaría faltando? Como no podía ser de otra manera, más recursos. “Siempre nos falta más dinero para poder invertir. Igual lo vamos logrando con el aporte de las intendencias también. Es un esfuerzo a nivel nacional y esa es un poco la riqueza del programa, que no se trate de una cuestión partidaria sino de una política cultural”, subraya Moreira.
Entonces vuelve sobre esa cuestión diaria y satisfactoria que regala Un niño, un instrumento: “Lo primero que se nota cuando un alumno tiene sus primeros contactos con el instrumento es esa cosa de transformación, de que el sonido lo atraviesa, la cara de asombro... Es ahí que uno piensa: ‘Este es el objetivo por el que estamos acá y haciendo esto’”.
De Florida a primer corno en Viena
Luis Barbé Espinosa (29 años), integrante de la Vienna Synchron Stage Orchester y durante más de dos años de la Orquesta de la Radio de Viena (ORF-RSO), fue uno de los participantes de Un niño, un instrumento poco antes del ingreso del programa al Sodre.
“Mi madre escuchó en la radio de Florida que se iba a crear una orquesta juvenil en la ciudad y mis padres me llevaron a inscribirme”, recuerda sobre su primer acercamiento tanto al programa como a la práctica musical orquestal. Luis quería tocar trompeta o clarinete, pero como ya no había cupos le ofrecieron el corno y aceptó. “No sabía lo que era un corno francés, cuando llegué a mi casa lo primero que hice fue buscar cómo era. Así comenzó mi relación con este instrumento”, relata y aclara que la decisión de hacer de esto su profesión fue surgiendo después, con el tiempo y por fuera del programa.
De todas formas, reconoce el valor que tiene Un niño, un instrumento para acercar la música y la práctica de un instrumento a niños y jóvenes que, quizás de otra manera, no tendrían acceso. En su caso fue el puntapié inicial para que, luego de dos años en la Orquesta Juvenil de Florida y de las clases con el profesor Germán Crovetto, se siguiera formando los fines de semana en Montevideo en AUDEM, con Fiorella Chiappe, solista adjunta de la Filarmónica de Montevideo.
“Mis padres hicieron un esfuerzo enorme durante todo ese proceso. Además de los viajes y las clases, me compraron mi primer corno cuando comenzaron a aparecer oportunidades para tocar y participar en masterclasses en Argentina y Brasil, ya que el instrumento que utilizaba en la orquesta no podía usarlo para estas actividades externas”, relata.
Formó parte de la Orquesta Juvenil del Sodre; tocó como invitado en la Filarmónica de Montevideo, la Banda Sinfónica y la Ossodre, y comenzó a viajar cada 15 días a Buenos Aires para tomar clases particulares con Andrés Bercellini. Luego ingresó al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, lo que lo decidió a continuar su carrera musical en Argentina cuando tenía 17 años. “Esto fue para mí un antes y un después”, asegura, dado que resolvió dejar la carrera de Derecho.
En Alemania estudió un año con Stefan Jezierski, cornista de la Filarmónica de Berlín, y se graduó con honores en la Escuela Superior de Música y Artes Escénicas de Stuttgart, formándose con Christian Lampert. Antes de terminar sus estudios ganó una audición para entrar a la RSO y se mudó a Austria, donde terminó un máster con honores en la Universidad Anton Bruckner de Linz con el profesor Raimund Zell.
En octubre continuará su formación de posgrado en la Universidad Mozarteum de Salzburgo, con el profesor Radovan Vlatkovic.
En Viena fundó SonArte, una organización internacional que hoy integran más de 200 músicos de más de 15 países de Latinoamérica que han pasado por sus programas, que incluyen residencias artísticas en la región.
Además, ha tocado en bandas sonoras de grandes películas, como Misión Imposible.
“Una primera oportunidad puede abrir una puerta”, dice Luis respecto a Un niño, un instrumento, al que le agradece haber descubierto el corno y haberlo relacionado por primera vez con la música y con una orquesta, “después hay que construir el camino y el mío se construyó durante muchos años, con estudio, perseverancia y con muchas personas que decidieron creer en mí”, sentencia.