Del 10 al 12 de abril, el Planetario de Montevideo será escenario de una experiencia poco habitual en la agenda cultural local: el primer Festival Internacional Fulldome del país, una apuesta por el arte inmersivo que busca abrir nuevas formas de ver, escuchar y habitar lo audiovisual.
La idea nació de una charla de sobremesa entre Leticia Almeida, Lea Brugnoli y Matías Chumino. Venían de visitar una exposición en Magma Futura y, entre ideas y entusiasmo, apareció el planetario como posibilidad. “¿Y si hiciéramos un festival fulldome?”, se preguntaron. Lo que empezó como un comentario al pasar tomó forma en cuestión de días y, un año después, se concreta.
El término “fulldome” refiere tanto a un formato como a un lenguaje. A diferencia del cine tradicional, donde la narrativa se organiza en una pantalla frontal, aquí la obra se proyecta en una cúpula que envuelve completamente al espectador. La imagen no está delante, sino alrededor. El sonido —en este caso, un sistema 5.1— acompaña esa lógica: llega desde múltiples direcciones y construye una experiencia sensorial total. El resultado es una inmersión que no solo interpela la mirada, sino también el cuerpo.
Ese desplazamiento técnico implica, además, un cambio narrativo. Sin un único punto de vista ni una cuarta pared como en el teatro, el fulldome obliga a repensar cómo se cuentan las historias. Para Leticia Almeida, ese desafío es justamente su mayor potencia. “Permite atravesar completamente la lógica del audiovisual tradicional y abrir nuevas formas de relato”, dice en charla con Domingo. En un campo todavía en desarrollo, esa libertad se traduce en experimentación, en búsquedas que no están del todo fijadas y que habilitan otras preguntas sobre el futuro del arte digital.
La programación del festival responde a esa amplitud. A partir de una convocatoria abierta que recibió cerca de 180 obras de más de 60 países, el equipo curatorial construyó un panorama diverso en técnicas y enfoques: animación 2D y 3D, video volumétrico, piezas generativas y trabajos experimentales que exploran distintas formas de ocupar el espacio de la cúpula. Hay, además, un foco explícito en la producción latinoamericana y una apuesta por incluir artistas uruguayos, tanto consagrados como emergentes.
En esa misma línea, el festival no se limita a la exhibición. Talleres y actividades paralelas buscan fortalecer un ecosistema todavía incipiente en el país. Desde instancias de formación en software, hasta espacios específicos de composición sonora inmersiva, la propuesta apunta a generar herramientas concretas para quienes quieran explorar el formato.
También habrá premios en distintas categorías: mejor obra, innovación, obra latinoamericana, obra uruguaya, sonido y artista emergente; con el objetivo de apoyar a quienes trabajan en un formato que exige recursos técnicos y tiempo de desarrollo. “Es un medio costoso”, reconoce Almeida, y por eso el festival busca no solo visibilizar, sino también sostener esas prácticas.
La programación se desarrollará durante tres días, con jornadas que van de las 10 a las 21 horas (la apertura el viernes será a las 18). Las entradas tienen un costo accesible (200 pesos). Y, más allá de la logística, lo que está en juego es la posibilidad de instalar en Montevideo un espacio para el arte inmersivo, de generar curiosidad y, sobre todo, comunidad.
“Esto empezó como un sueño y las expectativas son grandes, pero más grande es la felicidad de estar haciéndolo. Estamos muy contentos con la repercusión. Sentimos que Montevideo está abierto a nuevas propuestas y a espacios dedicados a la cultura de nuevos medios”, cierra Almeida.
-
La era de las directoras uruguayas: un retrato coral de realizadoras que están moviendo el cine nacional
"El rock en el norte": el documental que pone en valor décadas de música y cultura en el norte del país
Un tesoro en rescate: investigadores recuperan la colección audiovisual más antigua y numerosa de Uruguay