En el atelier de Paola Santos (47 años) hay clima de mudanza. Está por dejar la casa de la calle Montero que ocupó durante 5 años para iniciar una nueva etapa en el local que en breve inaugurará en Pereira y Berro. En ese ir y venir hubo que hacer trámites y saltó el dato: el pasado 7 de julio se cumplieron 20 años de su marca en el mundo de la moda. Vestidos de fiesta, novias, 15 años, moda urbana, diseñar para famosos como Agustín Casanova o Maluma y ahora vuelta a los vestidos. “No lo puedo creer, un disparate de tiempo”, dice la diseñadora.
Elegir la moda no fue algo que recuerde como vocacional. Cuando estaba por terminar el liceo no había nada que le gustara, hasta pensó en ser psicóloga. Entonces empieza a buscar un poco más en la memoria y se da cuenta de que había algo que venía de más lejos. “Mi abuela era modista y hacía vestidos de novia. Me acuerdo que tenía la mesa de corte, una mesa alta con una tablita abajo y yo jugaba ahí. Me daba retazos y yo le hacía vestiditos a mis muñecas”, evoca.
Enseguida aparece otro momento, cuando su hijo Tommy tenía un año —hoy tiene 22— y ella le confeccionaba unos conjuntitos de polar y algodón con dibujitos. Le quedaban tan bien que se animó a ofrecerlos para la venta en Multiahorro. “Siempre tuve la visión para hacer cosas. Si hay algo que destaco en mí es la creatividad”, apunta y eso la lleva a otro miembro de su familia, su madre.
“Es una crack, no sabés lo que es mi vieja, hace de todo. Ve algo y te lo sabe hacer. Recuerdo la vez que estuvo internada por un accidente de moto, mandó a mi padre a comprar unas piecitas de tela y hacía peluches para vender en el sanatorio”, cuenta y enseguida lo vincula con otro de sus momentos de rebusque creativo.
Trabajaba en Kosiuko como encargada, pero en el shopping había una casa de iluminación en la que pagaban muy bien y solo eran unas pocas horas de trabajo. Se presentó sin experiencia alguna, convenció a la dueña de que le diera una oportunidad y terminó trabajando allí cinco años. ¿La creatividad? Vio que la gente pedía lámparas para niños y se lanzó a hacer unas con monitos y corazones. “¡No sabés cómo se vendían!”, comenta.
Por esa época conoció a quien se convertiría en su socia en su primer emprendimiento de moda. Era 2007 y se habían empezado a poner de moda las graduaciones. Ellas tenían un local en la calle Héctor Miranda que subarrendaban y que Paola atendía. “De 10 personas que entraban, ocho buscaban vestidos de fiesta y nosotros no teníamos. Entonces empezamos a hacerlos”, cuenta.
Su socia se daba cierta maña cosiendo; Paola nunca aprendió costura ni sabe, hasta el día de hoy, coser a máquina. Pero, otra vez, la creatividad cubrió las faltas. Consiguió una modista, Gloria, con quien terminaría trabajando 15 años hasta que se jubiló y con la que de a poco fue aprendiendo toda la parte de moldes y cortes. “Fue mucho ensayo y error”, dice.
Las socias crearon la marca Lola Mora y durante muchos años les fue muy bien. Luego vinieron algunos desencuentros y resolvieron separarse. Fue ahí que fundó la empresa con su nombre, Paola Santos, comenzó a trabajar con talleres y costureras que llevaban adelante sus ideas y se dedicó a hacer vestidos de fiesta.
“Entremedio empecé a meterme en el mundo del espectáculo y a ser vestuarista de algunos artistas. Era la época fuerte de Márama y le hacía el vestuario a Agustín Casanova. Eso también me llevó a conocer otras personalidades”, relata.
Maluma
Por allá, por el 2018, Paola se había obsesionado con Maluma gracias a su amiga Mumu, ya fallecida. “Me decía ‘tenés que llegar a él’, me había contagiado ese entusiasmo. Así que cuando supe que venía al Uruguay, moví cielo y tierra para contactarlo y llevarle una prenda”, cuenta.
Consiguió que de la productora Gaucho le regalaran entradas, pero no le podían prometer más que eso. Hasta que la noche de la llegada del colombiano, la llamaron para avisarle que podía ir al meet and greet (evento exclusivo para fans con el artista) y que podía llevar la prenda que le pensaba regalar.
“Casi me muero porque no tenía nada hecho”, confiesa.
Se puso manos a la obra, tomo una de las camperas de jean de Credere, la línea de ropa para hombres que tenía con Casanova, y la intervino.
Por ese entonces ya había comenzado a colocar inscripciones en las prendas, algo que hacía sobre todo para el líder de Márama, pero que con el tiempo se transformó en un sello de sus colecciones. “Me convertí en una recolectora de frases. Si estoy viendo una película y me gusta una frase, la paro y la anoto. Lo mismo con los libros, Internet, un muro en la calle o canciones. Hay de todo”, explica.
Para Maluma eligió dos: “No hay mejor libertad que ser uno mismo” y “Se ríen de mí porque soy diferente, yo me río de ustedes porque son todos iguales”. Le entregó la campera —“fue muy gracioso porque eran todas chicas de 15 años y yo”, apunta entre risas— y creyó que todo terminaba ahí. A la semana le empezó a sonar el celular con miles de mensajes diciéndole que mirara las redes del artista: había fotos de él usando la campera en un recital en Puerto Rico y además había posteado las frases de Paola.
Maluma quedó tan contento que, por medio de su vestuarista, le pidió que le diseñara otras prendas para sus giras. “Le preparé una pequeña colección y estuvo un año entero usando varias cosas mías. Para mí fue muy reconfortante, un mimo al alma, porque es alguien que puede usar lo que quiera y de quien quiera, y me eligió a mí”, destaca, al tiempo que se imagina haciendo algo igual para Lali Espósito. “Tiene un estilo muy copado, muy transgresor, es atrevida… me encanta su personalidad”, señala.
Nuevos aires
La experiencia con Maluma disparó la demanda de prendas de ese estilo y eso fue algo que la salvó, porque cuando vino la pandemia los pedidos de vestidos de fiesta obviamente desaparecieron. Eso se sumó a que unos años antes se pusieron de moda las casas de alquiler de vestidos, muchas de ellas llenas de diseños de Paola que sus clientas habían vendido luego de darles uso.
Ahí comenzó a intervenir la ropa de Credere —la marca no funcionó— y las prendas que le sobraban a una amiga que tenía su propia marca. “No me preguntes por qué, empecé a pintar y a trabajar con una amiga que hacía la parte de serigrafía”, recuerda sobre esas nuevas colecciones que la gente usaba aunque estuviera encerrada en su casa. “Fue increíble, me empezaron a pedir, a pedir y a pedir, y se transformó en esta línea urbana que si en un momento fue solo de artistas, después pasó a ser sumamente popular”, destaca.
Abrió un local en Punta del Este, eso la hizo conocida en el exterior gracias a los turistas y en un viaje a México, se enamoró perdidamente de Tulum, abrió una tienda allá y la mantuvo dos temporadas. Una realidad complicada de ese país combinada con que conoció a su actual pareja, un argentino, la decidieron a dejar México y apostar todo al Uruguay.
Ahora está intentando volver a los vestidos de novias y quinceañeras, y a los vestidos de fiesta hechos a medida. Para ello se ha rodeado de costureras, sobre todo del interior, y bordadoras de Montevideo. Su madre era un pilar importante en este andamiaje, pero un tema de salud familiar la tiene momentáneamente alejada del equipo.
Inquieta como es, Paola también ha seguido explotando esa veta artística derivada del pintar. Hace cuadros que tiene a la venta aunque reconoce que “el arte es lento”. “En México conocí muchos curadores que me aconsejaron que pintara tranquila y que no regalara los cuadros, que hoy con las redes sociales en algún momento van a llegar a la persona correcta y el arte no tiene precio”, comparte y añade que en enero estuvo exponiendo en Punta del Este.
Está contenta porque cree que todas esas cosas que hoy hace y la llenan de energía, comenzarán a ordenarse en su nueva casa de Pocitos. Ahí dispone de un espacio para exhibir sus prendas, pero también de otro para crear —cosa que hasta ahora hacía en su casa— y de otro para pintar o hacer muebles y adornos. Además habrá más lugar para los talleres que dicta en una tarde y del que los interesados, sin conocimientos previos, se llevan una prenda única e irrepetible hecha por ellos mismos.
También tiene ganas de festejar estos 20 años con la moda, pero “cuando haga más calorcito”. “Voy a lanzar una línea de vestidos y la voy a presentar en la casa nueva”, anuncia.
Todo esto la hace sentirse muy agradecida con la vida y su presente profesional, al que admite que llegó equivocándose mil veces y reinventándose unas mil veces más. “Si me muero mañana, puedo decir: ‘Bien Paola, que lo hiciste’ (hace la mímica de darse un beso). Te animaste y probaste”.