Por Analía Filosi
"¿Qué hacemos? Tenemos que comprar”. Pilar Moreno se acuerda como si fuera hoy del día en que con Gonzalo Moratorio tomaron la decisión de destinar el dinero que tenían para otro proyecto, para la compra de una primera tanda de reactivos con la que elaboraron el primer kit nacional de diagnóstico molecular para el covid-19. La idea la concibieron en febrero de 2020, viendo lo que estaba ocurriendo en el mundo, y para el 13 de marzo, cuando en Uruguay se declaró la emergencia sanitaria, ya habían puesto a punto el kit que tanto sirvió en un país a veces muy lejos de todo.
El trabajo gestado entre el Laboratorio de Virología Molecular de la Facultad de Ciencias de la Udelar y el Laborarorio de Evolución Experimental de Virus del Instituto Pasteur de Montevideo, que coordinan en conjunto Moratorio y Moreno, hizo que esta Doctora en Ciencias Biológicas pasara a ser una de las voces referentes durante la pandemia, algo que le costó bastante encarar porque no es amante de la exposición.
“Si hubiera cobrado por minuto las consultas de la gente, sería millonaria”, bromea en diálogo con Revista Domingo, pero siempre destacando que tanto ella como su equipo estaban encantados de poder dar una mano en tan difícil situación. De aquellos duros 2020 y 2021 le quedó eso de que le cuesta cortar el trabajo e irse a casa, siente que trabaja más que antes de la pandemia.
¿Imaginaba que iba a vivir algo así cuando era niña? Definitivamente, no. Pilar nunca fue una de esas niñas que tienen marcada la vocación. Su acercamiento a los clubes de ciencias se dio porque le encantaba ir a la escuela y a todo lo que el Colegio Latinoamericano organizaba para sus alumnos.
“Era un lugar donde uno se sentía totalmente libre, donde siempre te fomentaban a superarte, a hacer lo que quisieras”, recuerda. Por eso, tanto a ella como a su hermana menor, Soledad, les costó mucho aceptar la decisión de su padre de cambiarlas al Colegio Seminario, algo que iba de la mano de una mudanza de Pocitos al Buceo. Armaron una especie de revolución en su casa, con pancartas y todo, pero no dio resultado.
Para las hermanas fue pasar de un extremo al otro, comenzar a ir a un colegio católico sin ni siquiera estar bautizadas. El cambio fue grande, pero confiesa que se adaptaron y en eso tuvieron mucho que ver las amistades. Si hay algo que identifica mucho a Pilar es ser muy amiguera y generar grandes grupos de amigos. Ya lo había hecho en el Latinoamericano, ocurrió lo mismo en el Seminario, donde armó un núcleo de amigas que mantiene hasta la actualidad y con las que se reúne todos los sábados, aunque solo sea media hora. Lo mismo en Facultad de Ciencias.
“A algunos amigos los veo más, a algunos los veo menos, pero lo cierto que a los que veo menos son esas personas que las encontrás después de años y es como si no hubiera pasado un día”, asegura quien considera que “los grupos de amigos son un sostén impresionante, más allá del sostén familiar”.
Porque Pilar también es muy familiera, algo que ha inculcado al armar su propia familia, al punto que si un domingo no tiene invitados a almorzar, sus hijos se lo reclaman. Está muy orgullosa de esa familia ampliada que conforma con todos sus primos y que, en el caso de la familia materna, tiene mucho que ver Nueva Helvecia.
“Es mi lugar en el mundo”, dice y sus ojos se iluminan. Es el lugar al que llegaron sus antepasados de Suiza y donde se instalaron e hicieron su vida. El primero en llegar fue su tatara tatarabuelo Teófilo Karlen, que compró una casa que ha pasado de generación en generación y que se convirtió en un punto de encuentro gracias a su abuelo.
“Es un lugar donde uno siempre está en casa. Creo que todos los momentos importantes de mi vida los pasé ahí. Fui la primera en casarme ahí, después lo hizo mi hermana y mi prima. Y es un lugar donde logramos que mis hijos y los hijos de mis primos sean como hermanos. Somos unos 30 y cuando vamos es un intensivo de comer, juegos de caja y anécdotas”, cuenta la madre de Manuela (19 años), Clara (15) y Antonio (11).
Tan es así que un día su madre y su tía decidieron construir seis cuartos en un galpón y llegar así a un total de ocho cuartos, uno por cada primo para que lo use con su familia. “Es volver a las raíces y a nuestros hijos les encanta hablar de los antepasados”, apunta quien el año que viene piensa viajar a Suiza con su hermana y sus tres primas para conocer el pueblo de los Karlen.
El de su abuelo Julián Moreno, en Navarrete, España, ya lo visitó hace mucho tiempo con cuatro amigas. “Nos recibieron como si fuera lo mejor que les había pasado en el mes. Fueron dos días increíbles en los que nos pasamos comiendo y tomando vinos de la bodega que tenían. Al otro día pasé horrible porque tenía un ataque al hígado impresionante”, recuerda entre risas.
Pero volvamos a la niña sin vocación, que en un momento se convirtió en la adolescente que debía decidir qué estudiar. Empezó a averiguar y se enteró de que había una carrera que había abierto el año anterior que se llamaba Licenciatura en Bioquímica. Una amiga que la cursaba le contó de qué iba y se inscribió en Facultad de Ciencias sin tener muy claro lo que iba a seguir.
“Ahí me encontré con que cada materia era una puerta diferente y que había muchos caminos por los que podía optar”, dice. Confiesa también que si no fuera por su grupo de estudio nunca se hubiera recibido. “Me costaba levantarme temprano, me gustaba mucho salir y lo cierto es que ellas iban a mi casa y, mientras yo me levantaba, hacían el café o el mate”, comenta.
Con el tiempo vendría la pasantía en el laboratorio de virología molecular diagnóstica Genia, dentro de la Asociación Española, institución en la que siguió trabajando cuando Genia se fue. Estando allí hizo la Maestría en Ciencias Biológicas, pero cuando el trabajo le empezó a resultar muy rutinario, resolvió irse a hacer el doctorado con Juan Cristina, Grado 5 de Virología Molecular de la Udelar, mientras trabajaba en el Instituto Pasteur en la Unidad de Proteínas Recombinantes. Ya con el doctorado bajo el brazo concursó por la dedicación total en la Udelar, la obtuvo, volvió a concursar y hoy es Profesora Adjunta Grado 3 de la Facultad de Ciencias, además de trabajar en el Pasteur.
“Con Gonzalo Moratorio lideramos el Laboratorio de Virología Molecular de la Facultad de Ciencias, tenemos 12 personas a cargo, y además tenemos el laboratorio en el Instituto Pasteur, con 12 personas entre estudiantes de maestría y doctorado e investigadores post doctorales”, destaca.
Asegura que tiene un trabajo que le encanta, en el que es muy feliz, entre otras cosas por el grupo que se formó. “Me gusta ver que a la gente que está conmigo y a mis estudiantes les vaya bien; eso es reconfortante. Soy totalmente libre de hacer lo que tenga ganas ¿Que si es exigente? Lo es, los estándares son muy altos, uno tiene que estar todo el tiempo estudiando y publicando y siente que está corriendo atrás de la liebre todo el tiempo y nunca la va a alcanzar; pero soy feliz con lo que hago”, remarca.
¿Y en lo personal? Hace más de 20 años que Pilar está casada con Luis Xalambri, un ingeniero agrónomo que conoció en el liceo y con el que estuvo 10 años de novia. Con él tuvo a sus tres hijos, que hoy le hacen vivir los fines de semana a puro deporte, ya que Clara juega el hockey en el Biguá (Pilar durante un tiempo jugó de golera en el Mami Hockey) y Antonio al fútbol en el Intermezzo. También pueden ser fines de semana de series apocalípticas, que sustituyeron a las de época que Pilar elegía antes. “Downton Abbey me encantó”, acota. O tal vez alguna como el documental de Bilardo, que fue la última serie que vio con su marido.
Además, todos los sábados colabora con la olla popular del Hogar de Cristo de Soriano y Barrios Amorín. “Me di cuenta de que eso me da mucho más a mí de lo que yo doy, es un ‘dejá de pensar en tus cosas porque son mínimas’. Me hace muy bien”, afirma.
El 20 de junio cumplirá 50 años, una edad que es un punto de inflexión para mucha gente. Confiesa que le está costando un poco, cosa que no le pasó con los 30 o los 40. “No sé si voy a hacer una megafiesta o voy a quedarme encerrada en casa”, bromea. Pero a la hora de ponerse seria, reflexiona: “Cuando paso raya creo que he generado cosas que me hacen muy feliz, he mejorado algunas y hay otras que quedan por mejorar, como el ser tan autoexigente. Tengo que aprender a disfrutar, no proyectar tanto y vivir el presente; en eso trabajo”.
Fanática de Luis Suárez
“Me pasa que si está Suárez en la cancha, sé que siempre hay una esperanza. Hasta último momento quiere ganar y en eso me siento muy identificada”, sostiene Pilar, quien se define como muy competitiva, siempre quiere ganar en cualquier juego de caja.
Pero lo que más la conmueve del Pistolero es su humildad, que es una persona querida y su resiliencia. “Pasó por momentos malos toda su vida y siempre se fue superando y logrando objetivos”, destaca. Por eso se enojó por la forma en que fue expulsado del Mundial de Brasil, más allá de la graciosa teoría que sus hijos le piden que ya no repita: “Siempre digo que en realidad fue Chiellini que le metió el hombro en la boca”, bromea sobre la polémica mordida.
Días después de eso fue el cumpleaños de su sobrina e hizo caretas con la cara de Suárez para todos los niños; incluso ella fue manejando de su casa con una careta puesta y la ventana del auto abierta. “Mis hijos me querían matar”, acota.
Cuando el futbolista volvió a Nacional, el año pasado, hizo socios del club a su marido y sus tres hijos (ella ya lo era) y fue con ellos a todos los partidos que pudo en los que jugó. “Creo que fuimos unos privilegiados y que fue muy generoso de su parte venir”, apunta quien recibió como regalo de su hija el libro de Suárez para “que lo tengas en la mesita de luz”, le dijo.
Nueva Helvecia
Es su “lugar en el mundo”. Aprovechando que ella y su prima Carolina tomaban clases de cerámica, decidieron para un cumpleaños de su abuelo Herminio Karlen hacer una réplica de la casa. Les dio mucho trabajo, pero lo consiguieron y hoy la tienen que cuidar de cada niño que la agarra. Su abuelo quedó muy feliz.
Nacional
“Mi padre siempre nos dijo que había libertad: o éramos de Nacional o nos íbamos de casa. Ese era el lema”, cuenta. Su padre fue dirigente del Club Nacional de Football y Pilar es hincha fanática y socia; siempre que puede va al Gran Parque Central. “Me encanta que haya venido Gutiérrez porque soy resultadista”, dice.
Manager musical
Secundó a Daniela Hirschfeld, responsable de Comunicación del Instituto Pasteur, en la creación de No te preocupes, en realidad hacemos ciencia, una banda formada por investigadores del IP que hace difusión de la ciencia a través de la música. Tienen previsto tocar en vivo a principios de junio en Teatro Movie. Pilar coordina.