Loterías y Quinielas, la casa de la suerte: más de un siglo de sorteos, bolillas y Niños Cantores en Ciudad Vieja

Los objetos y las historias que permiten conocer cómo cambió una institución que, desde 1889, sigue funcionando en el mismo edificio de Cerrito 220 y puede ser visitada por el Día del Patrimonio

loterías y quinielas patrimonio1.jpg
Viejas bolillas de madera

Bolillas de madera contadas por miles. Globos de sorteo. Billetes antiguos. Un instrumento para medir la densidad de las bolillas. Libros donde quedaron asentados, durante décadas, los resultados de cada sorteo. Cada objeto cuenta una parte de la historia de la Dirección Nacional de Loterías y Quinielas.

Algunos dejaron de utilizarse. Otros cambiaron con el tiempo. Y otros siguen formando parte de una rutina que se mantiene hasta hoy en el mismo edificio de Cerrito 220, inaugurado en 1889. Allí se siguen realizando sorteos 137 años después de que el edificio abriera sus puertas y más de dos siglos después de aquel primer sorteo de lotería, realizado en 1819 frente al Cabildo con el objetivo de contribuir al sostenimiento del Hospital de Caridad.

Este fin de semana, además, el edificio abre sus puertas al público por el Día del Patrimonio. Este sábado habrá un sorteo abierto a las 17:30 horas. Será una oportunidad para ver de cerca algunas de esas piezas que, durante décadas, fueron parte de la mecánica de los sorteos y hoy permiten reconstruir cómo cambió una institución que, pese a las transformaciones, continúa funcionando en el mismo lugar.

“Es como trabajar en un museo, pero para nosotros es lo que vivimos todos los días”, dice Federico Rodríguez. Entró a la institución como Niño Cantor a los 14 años y, más de cuatro décadas después, sigue trabajando allí como analista de marketing.
Su historia también permite mirar esa transformación desde adentro: conoció los grandes globos repletos de bolillas de madera, en los que cada bolilla correspondía a un número y podían llegar a cargarse 30.000, 40.000 o hasta 50.000; aprendió a cantar los números al revés para que pudieran ser anotados correctamente —y practicaba durante largas horas para no equivocarse— y vio cómo los sorteos fueron incorporando nuevas tecnologías. “Más de 40 años acá… ya es como abrir mi casa”, dice Federico.

Y la frase adquiere otro sentido este fin de semana, cuando el edificio diseñado por el arquitecto Juan Tosi —también responsable del diseño del Barrio Reus— vuelve a recibir al público. Un público que, décadas atrás, se sentaba en la platea para ver si tenía suerte.

loteríasy quienielas patrimonio.jpg
Fachada del edificio de Loterías y Quinielas en Cerrito 220

Objetos históricos.

Durante el recorrido se pueden ver objetos vinculados a juegos que llegaron mucho después, como el primer globo utilizado para el 5 de Oro a principios de la década de 1990. Se conservan además instrumentos que servían para controlar las bolillas, las túnicas que utilizaban los Niños Cantores y las boletas que antes se hacían con papel carbónico.

También están los extractos que utilizaban los cantores para practicar. Los leían al revés. Los que hoy son pequeños papeles con los resultados de los sorteos, entonces tenían el tamaño “de una sábana” y se colgaban en las agencias de todo el país.
Hubo una época en que seguir un sorteo implicaba acercarse hasta el edificio. “Mucha gente venía a ver los sorteos”, recuerda Federico (hoy se transmiten por YouTube y el sorteo del 5 de Oro se puede ver también por televisión). En la planta alta, además, se instalaban locutores de cinco radios para transmitirlo en directo. Para los sorteos de fin de año y Reyes, el salón podía recibir hasta 80 personas que se sentaban en unas tribunas.

La escena podía llegar incluso más lejos: si alguien había jugado un número y quería comprobar que efectivamente entraba al sorteo, podía pedir que un escribano se lo mostrara antes de colocarlo en el globo. “Venía alguien y decía: ‘Yo jugué al 121. Quiero ver mi bolilla antes que la pongan’. Entonces, el escribano sacaba el 121 de la tabla —unas largas tablas donde estaban dispuestas miles de bolillas—, se lo mostraba y después lo ingresaba al bolillero. Era muy común. Hoy le llamamos transparencia”.

loterías y quinielas patrimonio.png
Atrás, los dos globos casi centenarios; adelante, los bolilleros actuales.

Con los modelos de globos más modernos, en cambio, el número dejó de estar contenido en una única bolilla. Las bolillas llevan los dígitos del 0 al 9 y el número ganador se construye a medida que salen. El Niño Cantor no toca ninguna bolilla.

Hoy, los sorteos oficiales se realizan de lunes a viernes: la Quiniela tiene una edición vespertina y otra nocturna, mientras que los sábados se realiza el sorteo nocturno. El 5 de Oro, en tanto, se sortea los miércoles y domingos. Además, la institución realiza sorteos para otros organismos o instituciones que recurren a la DNLQ para garantizar la transparencia del procedimiento.

Niños Cantores.

Parte del patrimonio de Loterías son los Niños Cantores, que debían aprender una técnica precisa para que cada bolilla pudiera ser identificada y anotada sin errores. Federico Rodríguez fue uno de ellos. Entró a la institución siendo adolescente y recuerda que llegar hasta el momento de cantar requería un entrenamiento que empezaba mucho antes. El ingreso implicaba superar pruebas para determinar si los aspirantes tenían las condiciones necesarias para la tarea, entre ellas pruebas de dicción. Los mayores enseñaban a los nuevos cada una de las tareas: cantar, alcanzar las bolillas, manejar los globos y cargarlos. Había que practicar hasta adquirir rapidez y precisión.

No había demasiado margen para equivocarse. En un sorteo podían pasar por las manos de los cantores alrededor de un centenar de bolillas y el entrenamiento buscaba que los errores fueran excepcionales. “No te podías equivocar más de tres veces de en 100 o 120 bolillas. Si no, venía otro”, recuerda.

loterías y quienielas patrimonio.jpg
Niños Cantores

Daniel Martella, hoy encargado del diseño de los billetes de lotería, también vivió esa historia. Ingresó como Niño Cantor en 1978. Su padre trabajaba en Loterías y lo había anotado. La primera vez no salió sorteado: “Eran 15 niños, 15 bolillas. Yo no salí. Yo tiraba cuetes”, recuerda entre risas. No quería ser Niño Cantor, pero al poco tiempo se abrió otro cupo y su número salió primero. Martella tenía entonces 12 años. Fue Niño Cantor hasta los 18 y, al cumplir la mayoría de edad, continuó trabajando en el organismo.

La forma de ingresar cambió con los años. Hoy los Niños Cantores llegan a través de convenios de primera experiencia laboral con el INAU y permanecen durante un año. Ya no son los niños de 10, 11 o 12 años que conocieron generaciones anteriores: actualmente ingresan jóvenes de entre 18 y 19 años, en parte porque algunos sorteos se realizan de noche y se trata de una actividad vinculada con las apuestas. Pero la voz que anuncia los números sigue formando parte de la escena de los sorteos.
Los globos actuales ya no necesitan miles de bolillas ni los cantores tienen que cargarlos como lo hacían sus antecesores. Pero cuando llega la hora del sorteo, algo de aquella escena permanece: las bolillas salen una detrás de otra, alguien canta el número, alguien más lo registra y alguien festeja o se decepciona. En Cerrito 220, la tecnología cambió, pero la suerte todavía se sigue jugando en el mismo lugar.

¿Encontraste un error?

Reportar
Te puede interesar