Un tesoro colonial en restauración: la Capilla del Hospital Maciel quiere volver a ser un espacio vivo y abierto

Más de dos siglos de historia, frescos únicos y un pasado social que la conecta con la ciudad. La restauración busca abrir sus puertas a todos y recuperar su función como refugio y espacio de encuentro.

capilla maciel.png
Capilla del Hospital Maciel
L. Mainé

Quien traspasa la entrada de la Capilla del Hospital Maciel entra en uno de los pocos edificios coloniales que aún subsisten en Montevideo. Fundada en 1798, ocho años después de la Iglesia Matriz, la capilla fue conocida en sus inicios como “de la Caridad” y este año cumple 227 años: más que los 200 de vida independiente del país, un testimonio vivo de la historia de Uruguay.

Como señala el párroco Mauricio Cabral, la que en realidad se llama Capilla de la Santísima Virgen María y del Patriarca San José “es un signo histórico vital de la ciudad y de la historia de Uruguay” que, al mismo tiempo, es “un espacio de espiritualidad en medio del hospital, donde se mezcla el dolor, la esperanza y la necesidad de salir adelante”. Dice a Domingo: “La capilla es un espacio para agradecer y para encontrar un momento de tranquilidad frente a las noticias que afectan a pacientes y familiares”.

Al cruzar su umbral -y descubrir que en la puerta principal hay un ángel tallado que parece seguirlo con la mirada-, la capilla revela un refugio de historia y arte: su nave rectangular, la bóveda de cañón decorada con casetones, los vitrales geométricos, un altar principal barroco que combina siglos de devoción y creatividad. Destacan también las pinturas que, gracias a su técnica y relieves, parecen cobrar volumen, casi en 3D, como si los ángeles y los motivos flotaran sobre las paredes.

Hoy, un proyecto de restauración busca devolverle su esplendor original: reparar los frescos, controlar la humedad, restaurar las ventanas para volver a abrir sus puertas no solo a pacientes y familiares, sino también a la comunidad y al turismo, haciendo de este espacio histórico un lugar vivo, accesible y lleno de significado.

iglesia altar capilla maciel.png
Capilla del Hospital Maciel
L. Mainé

De la voluntad a la acción.

Hace años, cuando Rogelio Charlone era residente del hospital, le hizo una promesa a la hermana Verónica: algún día ayudaría a restaurar la capilla. “Siempre sentí que era un ‘debe’ para nosotros”, recuerda quien hoy es jefe de Servicio de Otorrinolaringología y presidente de la Comisión de Apoyo para la recaudación de fondos. Desde entonces, varias comisiones intentaron avanzar con obras menores, pero los años pasaron y los proyectos quedaron estancados. Verónica, una de las tres hermanas de la congregación Nuestra Señora del Huerto que custodian la capilla, y con la paciencia y la certeza que da la vocación, le respondió con un aliento que resonó más allá de las palabras: “Tienen un grupo muy lindo. Así que pienso que sí, ahora no queda solo en palabras”.

Declarada Monumento Histórico Nacional en 1975, fue restaurada en 1980 y, en los últimos años, se han hecho algunas reparaciones en la cubierta y conexiones a bajadas de pluviales a cargo del estudio especializado en patrimonio del arquitecto Francisco Collet.

“Ahora nos quedan obras que tienen un costo alto”, cuenta el párrafo.

De la voluntad hay que pasar a la acción. El primer desafío es la humedad, que exige soluciones precisas y urgentes. El altar del Carmen -el más vistoso luego del Altar Mayor, el que está cubierto con láminas de oro- es uno de los más afectados. El agua se filtra desde los cimientos y avanza lentamente por las paredes, deteriorando los relieves y ornamentos.

iglesia capilla maciel.png
Integrantes de la comisión de apoyo para la restauración de la Capilla del Hospital Maciel
L. Mainé

Después vienen los vitrales que cierran los arcos superiores y la restauración de los frescos, muchos de los cuales han quedado cubiertos por una pintura “lúgubre”. Además, preocupa una rajadura en medio del trompe-l’œil, es decir, la pintura que simula una cúpula con lucernario. Sí, esa cúpula no es real, aunque a simple vista lo parezca y es única en su tipo en Montevideo.

El objetivo de la restauración es claro: devolver a la capilla su esplendor original, dejando a la vista su valor patrimonial, oculto por capas de pintura acumuladas a lo largo de los siglos. “La idea es llevarla a lo más original posible”, explica Charlone.

iglesia capilla maciel.png
Capilla del Hospital Maciel
L. Mainé

Un detalle llamativo de la capilla: las dos impresionantes pilas de agua bendita empotradas en la pared están hechas a partir de las valvas de un gigantesco molusco de la especie Tridacna, originario del Océano Índico, cuyo peso puede llegar a los 250 kilos.

La capilla, además de su valor histórico y artístico, tiene un pasado social que la vincula con la vida de la ciudad. Hasta la década de 1970, se celebraban allí grandes bodas de la alta sociedad montevideana, en un edificio que combinaba un tamaño ideal -suficiente para congregar a muchos invitados sin resultar desmesurado- y una ubicación estratégica, cerca de los palacios de Ciudad Vieja.

En los últimos años, la capilla se abría hacia el hospital de martes a viernes, y los sábados se permitía el ingreso desde el barrio. Como explica el padre Mauricio, la restauración del edificio no es solo un trabajo sobre paredes y techos, sino también sobre las dinámicas del lugar: abrirlo implica ofrecer un espacio donde la gente pueda reencontrarse con su belleza. “Cuando un espacio está deteriorado, eso también limita la construcción de la persona, de la paz. Pero si lo ves restaurado, la persona logra entrar en eso”, señala. Por ahora, el foco está en la reapertura, para ofrecer un refugio a quienes lo necesiten.

VOCACIÓN POR EL CUIDADO DE LOS ENFERMOS

Hace más de 20 años que la hermana Verónica forma parte del Hospital Maciel, un lugar que conoce desde su formación en enfermería. Tras completar sus estudios, ingresó a la congregación de Nuestra Señora del Huerto. Desde entonces, su camino la llevó a distintos hospitales del país, como San José y Paysandú, hasta regresar nuevamente al Maciel, uno de los pocos centros que mantiene la presencia de su congregación, hoy reducida a solo tres hermanas. “Cuando era estudiante, ya veía que esta capilla era extraordinaria”, recuerda Verónica. Observaba cómo los enfermos y sus familiares acudían a rezar, buscando consuelo y fuerza. Para ella, acompañar espiritualmente a los pacientes siempre fue central: “Pedimos todos los días por todos los enfermos y por el personal de la salud”. Vivir en el hospital es parte de su vocación: habitan en el segundo piso, un espacio que antes fue hogar de las primeras hermanas italianas que llegaron al país. Desde allí, mantienen viva la tradición de servicio que combina la fe con la atención directa a quienes sufren.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar