Tres monjas enfermeras son las cuidadoras de la Capilla del Maciel, viven en el hospital y brindan asistencia espiritual a los pacientes

Son las últimas representantes de la Congregación de Nuestra Señora del Huerto que quedan en Uruguay y, como tales, realizan varias tareas en el Hospital Maciel, entre ellas cuidar de una capilla que es Monumento Histórico Nacional.

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Hermanas de Nuestra Señora del Huerto.
Foto: Estefanía Leal.

Verónica Iturria (83 años) es la voz cantante, a Zulema Veleda (71) le gusta mucho charlar y Crecencia Crassi (85) se calza el delantal para lo que sea. Ellas son las tres hermanas de la Congregación de Nuestra Señora del Huerto que hoy se ocupan de la Capilla del Hospital Maciel. Hasta el año pasado eran cuatro, pero la hermana Delly Lemes falleció por un problema cardíaco.

Llegaron a ser unas 20, pero la falta de vocación fue bajando el número. Tampoco hay candidatas para reemplazar a las actuales; a lo sumo se podrá esperar que envíen algunas religiosas de Córdoba (Argentina), sino la pata uruguaya de la congregación desaparecerá con ellas.

Verónica recuerda que las primeras hermanas vinieron de Italia, país donde el obispo católico Antonio María Gianelli fundó la Congregación de las Hijas de María Santísima del Huerto en 1829 con dos objetivos principales: adoración a la Eucaristía y el cuidado de niñas huérfanas.

En 1856 el Maciel, que en ese entonces se llamaba Hospital de la Caridad, necesitaba religiosas que ayudaran a los médicos, dado que en esa época no existía la profesión de enfermera.

“El Presidente de la Comisión de la Caridad conocía a un sacerdote y le preguntó si sabía de alguna religiosa. Le respondió que sí, que justo viajaba a Italia y que iba a hablar con una congregación. Pero cuando llegó, las hermanas no podían venir. Entonces otro sacerdote dijo: ‘No se preocupen que yo consigo otras religiosas’”, cuenta a Domingo la hermana Verónica.

Fue así que ocho monjas de la Congregación de Hermanas del Huerto iniciaron una travesía de tres meses que comenzó en Génova y que, según el libro Iglesias del Uruguay, no estuvo exenta de inconvenientes, ya que en cierto momento se desató un incendio a bordo y estuvieron a punto de naufragar.

Para colmo de males, cuando arribaron a Montevideo, el 18 de noviembre de 1856, se desencadenó una epidemia de fiebre amarilla que las puso a atender cientos de enfermos corriendo el riesgo de contagio, cosa que afortunadamente no ocurrió. “Pero a la larga hubo algunas consecuencias”, apunta Verónica.

No hablaban español, pero enseguida se encargaron de todo. Se ocupaban de la cocina, el lavadero… todo lo del hospital lo hacían ellas.

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“Para todas las hermanas que nos gusta la enfermería, el Hospital Maciel es la primera casa. Después se fueron extendiendo al Hospital Vilardebó y al Fermín Ferreira, en Montevideo. Y en el interior a Paysandú, Mercedes, San José. Lo que pasa en este momento es que falta vocación, entonces se tuvo que ir dejando esos lugares y nos vinimos todas a Montevideo, al Maciel, donde poco a poco se fueron yendo… pero siempre trabajando en enfermería y con responsabilidades muy grandes”, señala Verónica con voz calma y un dejo de emoción al recordar a las que ya no están.

¿Qué ocurre en la actualidad? Las tres hermanas se dedican a visitar enfermos y ayudar en lo que se necesite. Hay que destacar que son todas enfermeras, pero hoy actúan como tales solo si se lo piden ya que en el hospital hay mucho personal preparado para la tarea.

La hermana Verónica empezó a estudiar enfermería en el Hospital Maciel cuando todavía no era monja. “Había una hermana que era química, que tenía la parte de la enfermería y preparó al resto”, recuerda.

Fue así que conoció a las hermanas de la congregación y empezó a charlar mucho con Ana, la Hermana Superiora, que era de Nueva Helvecia como ella.

“Así nació mi vocación, entré a la congregación y no continué Enfermería. Me faltó una materia para recibirme, pero igual hice tareas de enfermera. Después me fui a Paysandú y con dos enfermeros decidimos hacer el curso en Defensa Civil y nos recibimos”, acota.

Zulema cursó la carrera en Montevideo ya siendo religiosa, en la Universidad Católica, mientras que Crecencia, que es brasileña, se formó en su país. Esta última hace más de 40 años que está en el hospital, mientras que Verónica lleva alrededor de 30.

Las tres destacan que han ido acompasando los cambios que se van dando en el Maciel. “Por ejemplo, antes teníamos toda la medicación; ahora es todo por computadora”, apunta Verónica.

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La hermana Verónica en el cuarto de las donaciones.
Foto: Estefanía Leal.

Entre las tareas que sí son su potestad absoluta en el hospital, está recibir donaciones de ropa y artículos de higiene personal para los pacientes, que van almacenando en una de las habitaciones del segundo piso, donde viven. Por lo general provienen de gente que llama especialmente para decir que tiene cosas para donar.

Y, por supuesto, se ocupan de la parte espiritual de los pacientes y sus acompañantes o familiares. “Por ejemplo, ahora el Padre tiene dos pacientes para ver, uno de ellos quiere confesarse y recibir la comunión”, cuenta la religiosa. También pasa que las enfermeras les avisan que hay un enfermo que quiere hablar con ellas y allá van. “Trabajamos muy bien con el personal del hospital, sobre todo con el de la mañana, que es el que está más en movimiento”, agrega.

Monumento Histórico

Estilo neoclásico con interior barroco

La Capilla de la Santísima Virgen María y del Patriarca San José, popularmente conocida como Capilla de la Caridad, es el tercer edificio más antiguo de la Ciudad Vieja (los otros son el Cabildo y la Catedral).

Declarada Monumento Histórico Nacional en 1975, fue restaurada en 1980.

Según el libro Iglesias del Uruguay, es una capilla de estilo neoclásico cuyo orden arquitectónico se lo dio José Toribio. Su fachada fue transformada años después por el arquitecto suizo Bernardo Poncini.

Su entrada mira al este, igual que la Catedral Metropolitana y muchos otros templos en el mundo, de manera de aprovechar la luz solar para iluminar el altar mayor.

Puertas adentro la capilla era inicialmente sobria, pero trabajos decorativos posteriores le dieron un aspecto barroco. “Acaso intimida la profusión de imágenes y adornos”, se señala en Iglesias del Uruguay.

La capilla cuenta con una única nave cubierta por una bóveda decorada por varias imágenes y símbolos cristianos, además de destacados vitrales. Presenta diez grandes arañas de bronce y en sus paredes y rincones se pueden encontrar pinturas, esculturas y detalles arquitectónicos que la convierten en una verdadera obra de arte más allá del deterioro que está provocando el paso del tiempo y la humedad.

Está abierta al público martes y jueves, de 9 a 11 horas.

Hospital Maciel
Iglesia del Hospital Maciel, Montevideo ND 20230608, foto Estefania Leal - Archivo El Pais
Estefania Leal/Archivo El Pais

Día a día

Las religiosas tienen su hogar en el segundo piso del Hospital Maciel. Al lugar se accede por el ascensor, que desde hace un tiempo habilitan con una llave porque les estaba pasando que subía gente que no debía hacerlo.

Se llega a un hall con una mesa y sillas; para entrar a la casa de las hermanas hay que atravesar una puerta cerrada con llave. Verónica toca timbre y enseguida comienza un ladrido fuerte e insistente. “Es Lizzy, nuestra perrita”, explica sobre su inquieta y muy celosa mascota.

Adentro están Zulema, Crecencia y Paola, que es la chica que las ayuda con las tareas de la casa entre las 8 y las 12 del mediodía; el resto del día se ocupan las hermanas.

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“La casa es chica, pero larga”, dice Zulema, dado que la mayoría de las habitaciones y salas están dispuestas al costado de un extenso pasillo. Es así que nos vamos encontrando con una sala de estar con una computadora y la silla de Lizzy, la cocina, el comedor... y ya casi al final las habitaciones, que son muchas más que las dueñas de casa teniendo en cuenta la cantidad que llegaron a ser en otra época. Actualmente ese sector está compartido con la zona de guardia de los cirujanos, una situación provisoria mientras remodelan el lugar habitual de estos especialistas. Incluso han alojado médicos de Bolivia o Paraguay que han venido de visita. También hay una pequeña y muy coqueta capilla, donde las monjas reciben misa antes de ir a abrir la capilla del Maciel.

Además cuentan con una enorme terraza dividida en dos partes. Allí están las plantas de Zulema, que hoy está muy preocupada por los halcones que merodean la zona. También hay un medio tanque que muchas veces utilizan los médicos para hacer asados o se arman almuerzos los domingos si el buen tiempo acompaña.

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La terraza.
Foto: Estefanía Leal.

Verónica cuenta que toman mate a eso de las 11 de la mañana, que ven fútbol por televisión y que las tres son hinchas de Nacional, pero no tanto como la recientemente fallecida hermana Delly, que logró que un médico hincha de Peñarol le regalara una bandera de Nacional.

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La capilla de la casa de las hermanas.
Foto: Estefanía Leal.
Congregación

Creadas por un santo y con patrona beata

El obispo italiano Antonio María Gianelli, proclamado santo por la Iglesia Católica en 1951, fue el creador de la congregación de las Hijas de María Santísima del Huerto en Chiavari, Génova, que luego se extendió por toda América.

La patrona de esta congregación es María Crescencia Pérez, una religiosa argentina perteneciente al Noviciado de las Hermanas del Huerto. El 17 de noviembre de 2012 fue beatificada por el cardenal Angelo Amato, enviado especial del papa Benedicto XVI, por el milagro de haber curado a una enferma de hepatitis agravada por diabetes. Según la hermana Verónica existen otros milagros por comprobar que permitirían declararla santa.

Historias

Una bala, el Himno Nacional y una boda histórica

En la fachada de la capilla hay una bala de cañón incrustada. Hay dos versiones al respecto: una la atribuye al bombardeo inglés de 1807, durante las Invasiones Inglesas, y la otra, según el historiador Isidoro de María, dice que fue lanzada por las fuerzas patriotas durante el Sitio de Montevideo de 1813. El proyectil que vemos hoy es una réplica del original, ya que este debió ser retirado cuando se reconstruyó la capilla, en 1857.

Otra anécdota cuenta que en 1825 la capilla fue visitada por el conde Giovanni María Mastai-Ferretti, quien luego sería elegido Papa con el nombre de Pío IX.

También se cuenta que en la capilla tuvo lugar el primer ensayo del Himno Nacional, cantado por un coro de alumnos de un colegio ubicado en 25 de Mayo y Maciel, en la misma manzana que el hospital.

Otra de las cosas que se dice es que en el cementerio que había en la parte trasera del templo fue sepultada Rosalía Villagrán, esposa de José Gervasio Artigas, quien había sido internada en el hospital por demencia.

Finalmente se cuenta que esta es la primera iglesia uruguaya en la que se celebró un casamiento de una pareja de afrodescendientes. Según el libro Iglesias del Uruguay, fue entre un esclavo y una esclava libertos que, apenas obtuvieron su libertad, le pidieron al párroco que los declarara marido y mujer.

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Bala de cañón incrustada en la fachada.
Foto: Estefanía Leal.

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La perra Lizzy, mascota de las hermanas.
Foto: Estefanía Leal.

La capilla

A propósito de la hermana Delly, era quien se ocupaba de la capilla del Maciel. La abría todos los días, de 9 a 11 de la mañana.

Tras su fallecimiento, las hermanas resolvieron conjuntamente con el padre Mauricio Cabral —párroco de la Parroquia San Francisco de Asís, que es quien se ocupa del servicio— abrir las puertas martes y jueves.

“Vienen estudiantes de Medicina, médicos, enfermos, acompañantes. Puede venir gente del barrio. Antes venían también de otros lugares, como Pocitos, Malvín o Agraciada… pero con el virus del covid cambió”, apunta Verónica, quien tuvo la enfermedad, al igual que una de sus compañeras, que lo padeció dos veces.

De todas formas, en las misas llegan a reunir entre 20 y 30 personas porque el padre Mauricio convoca a gente de su parroquia y además van las hermanas de San Vicente con las niñas del INAU que tienen a su cargo.

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La hermana Verónica con el párroco Mauricio Cabral.
Foto: Estefanía Leal.

También realizan misas en fechas importantes, como el Día de la Virgen Inmaculada, en Navidad o Año Nuevo. La próxima será el 2 de julio, día de conmemoración de la Virgen del Huerto, patrona de la congregación. “Es a las 11 de la mañana y después es muy común que en todos lados se haga un chocolate. Entonces invitamos a todos los que desean venir, ponemos una mesa, yo hago el chocolate y cada uno trae una cosa”, cuenta Verónica sobre un encuentro que solía hacerse a las 5 de la tarde, pero que la inseguridad de la zona obligó a cambiar de horario.

La religiosa destaca que en el Maciel son muy respetadas por todos, algo que confirma el director del Hospital, el doctor Gerardo Eguren, que pasa a saludar aprovechando la visita de Domingo.

“El vínculo con las hermanas es muy bueno. Se llevan muy bien con las Damas Azules (grupo de mujeres voluntarias)”, comenta y lamenta no contar con los fondos necesarios para poder realizar todas las obras de restauración que la capilla necesita.

Una caminata por los pasillos del Hospital con la hermana Verónica deja claro el aprecio que le tienen. Más de un médico o enfermero se detiene a saludarla con cariño o a lanzarle alguna broma.

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Ya avanzada la charla, la religiosa se suelta un poco más y las sonrisas se hacen más habituales.

Igual la más charlatana sigue siendo Zulema, que tiene un cuento para todo y afirma que es lectora fiel del diario El País. En tanto Crecencia, ni bien uno se distrae, desaparece por los pasillos de la casa, que no es tan chica como sostiene Zulema. La que no para de ladrar es Lizzy y Paola se la lleva en brazos.

“Por ahora estamos bien, en el sentido de que no tenemos ningún problema de salud. Somos ya mayores, pero eso no quita que hagamos las cosas que estamos haciendo y que nos ayudan a estar junto al paciente, con las necesidades que tenga”, dice Verónica, pronta para iniciar una nueva ronda por su querido Hospital Maciel.

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La hermana Verónica y la hermana Zulema.
Foto: Estefanía Leal.
Obras

Faltan fondos para restaurar la Capilla

“Aunque su nombre siempre ha sido capilla de la Santísima Virgen María y del Patriarca San José, desde su misma fundación se la conoce como la Capilla de la Caridad o, también, como capilla del Hospital Maciel”. Así comienza el capítulo dedicado a este Monumento Histórico Nacional del libro Iglesias del Uruguay.

La piedra fundamental fue colocada el 30 de octubre de 1798 y al principio se creyó que la obra había sido proyectada y ejecutada por el arquitecto español José Aldao. Posteriormente se investigó y se comprobó que el verdadero arquitecto fue el Maestro Real de Obras, Miguel Estévez, tal como reza una placa colocada en la propia capilla.

Primero se construyó una capilla muy elemental, con techos de paja, que con el tiempo fue sustituida por la que conocemos hoy, culminada casi enseguida del nuevo edificio del hospital, inaugurado en 1856. Cabe destacar que el primer edificio del Maciel debió ser demolido por mala construcción.

Francisco Antonio Maciel, un empresario saladerista, fue el impulsor de la construcción tanto del hospital como de la capilla. Era un hombre profundamente creyente que, junto a su esposa y otros diez vecinos de Montevideo, integraban la llamada Hermandad del Señor San José y la Caridad. En el seno de esta surgió la idea de levantar el hospital para atender y eventualmente internar en forma gratuita a los pobres, los condenados a muerte y los náufragos de buques extranjeros. La capilla, por su parte, brindaría la asistencia religiosa y espiritual.

El Hospital de la Caridad, que a partir de noviembre de 1911 pasó a llamarse Hospital Maciel, fue el primer hospital civil en esta orilla del Río de la Plata, cuando todavía éramos una colonia española.

La nueva capilla se terminó de construir en 1810 y se inauguró con una ceremonia en la que participó el regimiento de Blandengues, con José Gervasio Artigas como uno de sus oficiales.

El paso del tiempo ha hecho de las suyas y deteriorado distintas partes del edificio. Por eso en 2015 se creó una Comisión Pro Restauración impulsada por las Hermanas del Huerto y que tuvo como asesor al actual director general de la Comisión de Patrimonio Cultural de la Nación, el arquitecto Willy Rey. Dicha comisión diseñó todo un plan de obras, pero los fondos que se consiguieron solo alcanzaron para rehacer completamente el techo.

La empresa contratada para la tarea fue Collet Lacoste, especialista en restauraciones de edificios históricos, entre otras obras. Francisco Collet, director de la empresa, contó a Domingo que los techos fueron realizados a fines de 2022 gracias a una donación puntual, pero que de ahí en más no se hizo más nada porque no hay dinero.

En un video hecho por Collet Lacoste disponible en su sitio web se explica que se sacó la escalera vieja que iba al campanario y se colocó una nueva que debió ser subida por tramos y armada en el lugar porque no entraba en el ascensor ni se podía subir por el exterior con cuerdas. También se detalla todo lo que se hizo con el techo: se reemplazó el 100% de los tornillos, se cambiaron chapas en mal estado y se hicieron a nuevo todos los canalones de desagüe, en forma totalmente artesanal.

Willy Rey, por su parte, señaló a Domingo que “la capilla tiene una valiosa pintura, tanto en el área de bóveda como en el área de paredes. A los efectos de poder ser restaurada requiere primero consolidar todo lo que es la cáscara exterior, primero que nada la cubierta, para después ver las paredes y luego ver que no haya filtraciones de subsuelo”.

Agregó que ahora hay que buscar los recursos para poder seguir adelante porque, como es lógico hoy en día, el dinero del presupuesto del hospital se destina todo para el funcionamiento sanitario.

“La capilla es magnífica, un componente muy importante de nuestro patrimonio cultural”, destacó.

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Interior de la capilla del Hospital Maciel.
Foto: Estefanía Leal.

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