La última vez que estuvo en Uruguay por trabajo, no la pasó muy bien. “Fue una de las experiencias más feas de mi vida”, confiesa Laurita Fernández (35 años), pero enseguida aclara: “Fue de las cosas más locas e increíbles que viví”. La parte “fea” fue todo lo que implicó esconderse para que nadie supiera que era Koala Espejado en ¿Quién es la Máscara?, pero valió la pena porque fue para participar de una propuesta con un nivel de producción que la fascinó.
“Yo no sabía bien cómo era y fue todo muy flashero porque hacía mucho calor y con mi coach tuvimos que viajar encapuchados”, recuerda sobre toda esa etapa del programa en la que no pueden dejarse ver ni hablar con nadie.
A Montevideo la conocía muy bien porque, siendo más joven, solía elegirla como destino con sus amigas si tenía dos o tres días libres. Aún hoy lo sigue haciendo con su mejor amiga. Y si se remonta más lejos en el tiempo, muchos de los veranos de su infancia fueron con su familia en La Barra (Maldonado). “Íbamos a la Posta del Cangrejo, tengo grandes recuerdos de ir a buscar caracoles y de todas las películas que miraba en los veranos en Uruguay. Me acuerdo que íbamos a una feria cerca de la Intendencia también”, rememora.
En unos meses entrará por primera vez al Teatro El Galpón para hacer La cena de los tontos, la obra de Francis Veber que en Argentina ya superó los 200.000 espectadores y le ha dado a Laurita el premio Estrella de Mar como Actriz de Comedia. La obra gira en torno a un grupo de amigos que cada semana invita a cenar al individuo que considera más “tonto”.
La comedia tiene también una versión cinematográfica de 1999 que Laurita vio ni bien fue convocada por el director Marcos Carnevale para ser parte del elenco. Incluso fue representada en teatro por Adrián Suar y Guillermo Francella —hoy sus productores— en el 2000. “Como estaba grabada, aproveché y me la vi porque obviamente me intrigaba. Además estaba bueno para entrar en clima y también entender qué cosas había que aggiornar”, señala la actriz.
Sobre todo porque en esta nueva versión hay un cambio que la involucra especialmente: interpreta dos personajes femeninos bien distintos.
“Fue lo que más me entusiasmó del proyecto porque me permite jugar todas las noches a ser una mujer súper, súper, súper correcta, y al rato ser una loca linda incorrecta que hace reír y que tiene mucho humor. Está muy bueno ese contraste y lo trabajamos mucho”, destaca haciendo alusión también a las variantes en el look en el que apela hasta al uso de una prótesis para la boca.
A Laurita la acompañan en el elenco Martín Bossi —“la tiene recontraclara en materia de humor y me enseña un montón”, asegura— y Gustavo Bermúdez, que sustituyó a Mike Amigorena que no pudo seguir por temas de agenda.
“Lo que pasa con Gustavo con el público femenino es muy, muy loco. Cuando hizo la telenovela Nano yo tenía 4 años, pero mi madre que es fanática de toda la vida no podía creer que fuera a trabajar con él. Con todo el pudor del mundo le pedí un video con un saludo para ella. ¡Y no sabés la cantidad de entradas que mis amigas me quisieron manguear para verlo!”, apunta entre risas.
Volviendo a la obra, remarca que “es una comedia que no falla, la gente se ríe cada cinco segundos y es para toda la familia”.
En Uruguay, por lo pronto, a las funciones del jueves 12 y viernes 13 de agosto iniciales debieron sumarse otras dos para el sábado 14 y domingo 15 que se pondrán a la venta por Redtickets a partir de mañana.
Paso a paso
Laurita supo de muy chica que quería bailar, cantar y actuar, y se preparó para que ese fuese su medio de vida.
“Mis papás me llevaban, me traían, me pagaban las clases desde los 4 años. Nunca dejaron de apoyarme y cuando me empezaron a salir oportunidades de trabajar, me dejaron que las tomara siempre y cuando rindiera todas las materias y me fuera bien en el colegio”, destaca sobre una familia sin cuyo apoyo “todo me hubiera costado cinco veces más”, reconoce.
Esas oportunidades fueron cimentando el camino, pero no hay duda de que todo se disparó cuando ingresó al mundo Marcelo Tinelli. De empezar como la bailarina que acompañaba al famoso a estar a la par de ese famoso y terminar conduciendo un programa de la productora como fue Cantando 2020, todo se desarrolló casi que sin respiro y Laurita Fernández se transformó en una marca.
“Fue Marcelo (Tinelli) el que me puso Laurita. Me empezó a presentar así porque era la más chiquita de todos los que estaban participando del Bailando. Al principio no me gustaba, pero me empezó a pasar que en la calle me reconocían y me decían Laurita, así que le empecé a tomar cariño. Además me permitió diferenciarme porque mi apellido es bastante común. Ahora me encanta y se lo recontraagradezco”, remarca.
También le agradece poder haber conservado un trabajo durante la pandemia como conductora del Cantando junto a Ángel de Britos. “Fue un desafío total, una experiencia loca. A mí, emocional y psicológicamente, me salvó un montón estar haciendo ese programa, estar ocupada y tener trabajo. Todos nos sentíamos muy bendecidos, fue un oasis para muchos de los que fuimos parte”, afirma.
El trampolín Tinelli le abrió muchas puertas y no lo desperdició, ha sabido lucirse en todo lo que ha hecho: conduciendo otros programas (Combate, El club de las divorciadas, LAM, Bienvenidos a bordo), protagonizando musicales (Sugar, Legalmente rubia), haciendo tanto comedia como drama en TV (Los protectores, Inconvivencia) y hasta incursionando en la radio (¡Dale que vale!).
Recuerda especialmente el consejo que le dio Guido Kaczka, reciente Martín Fierro de Oro y con el que compartió pantalla en Bienvenidos a bordo y terminó reemplazando.
“Sabe que lo quiero, admiro y agradezco un montón que se haya cruzado en mi camino. Las palabras que dice son muy claras y hay que saber escucharlo. Me dijo ‘no falsees, ni fakees nada, ni sobreactúes; que todo lo que pase sea genuino, que sea real, jugá con la espontaneidad’. Eso me ayudó un montón a la hora de encarar el programa”, reconoce.
Desafíos
“Todo en su momento ha tenido una demanda distinta, o más emocional o más de romper barreras personales o más de desafíos físicos”, responde cuando Domingo le consulta cuál de sus trabajos le costó más llevar adelante.
Si bien reconoce que el musical Sugar le generó una carga emocional y mental propia de quien tenía la responsabilidad de hacer que funcionara, fue Legalmente rubia la obra que marcó un antes y un después en su carrera. “Fue la combinación de muchos, muchos años de trabajo en el que pude volcar un montón de cosas y todas las noches era como jugar un partido de fútbol de dos horas sin parar”, señala.
De ese musical tiene la anécdota de que la fue a ver Cris Morena, su ídola de la infancia y la adolescencia. “Casi me muero, fue la función más increíble y estresante de mi vida”, confiesa.
Dice que con Matilda el desafío fue que solo tenía que cantar y actuar. “No podía usar el recurso del baile, en el que me siento segura”, apunta. Mientras que La cena de los tontos la invitó a reconectarse con la actriz que es desde otro lugar. “Jugar con herramientas que hasta el momento no había jugado tanto”, sostiene.
Son varios los musicales que le encantaría hacer, entre ellos Moulin Rouge, Mi Bella Dama, Mary Poppins… y también le gustaría volver a incursionar en una serie dramática si bien los proyectos que tiene para el 2027 están más vinculados a la comedia. “Estamos terminando de definirlo; cuando esté, lo contaré”, lanza sin dar más detalles.
Quizás haya algunas mini vacaciones antes, cumplir el sueño de ir a Europa o simplemente entregarse a actividades que le fascinan, como jugar al tenis o cualquier ejercicio físico que ande en la vuelta porque es muy fanática de hacer deporte. Hasta ha tomado clases de golf.
¿Se imaginaba este presente cuando allá por 2010 estaba dando sus primeros pasos en los medios?
“No te digo que no me sorprendió todo lo que pasó, pero sí te digo que yo trabajé para que suceda. Pasó sin querer, queriendo que pase”, asegura.
“Me parece que la mejor manera de crecer es tomar riesgos, es salir a hacer cosas nuevas, más si uno se capacita y tiene las herramientas para poder hacerlo”, concluye quien siempre se propone seguir aprendiendo.