Hace unos días que Romina acaba de llegar al Valle dell’ Angelo, a unos 300 kilómetros de Roma, y no deja de pensar: ¿cómo hizo mi bisabuela para salir de acá cuando a mí me llevó dos horas de montaña por la carretera? Junto a su familia decidieron conocer el pueblito italiano de poco más de cien habitantes de dónde vienen sus antepasados. Confiesa que nunca tuvo particular interés por conectar con su pasado, pero que el viaje le vino muy bien para desenchufarse un poco de tanto periodismo.
Recuerda entonces que en mayo de este año cumplió 15 años en el programa radial En Perspectiva, aunque la aventura había comenzado un tiempo antes como periodista de prensa, primero de Crónicas y luego de Búsqueda. En este semanario se especializó en temas económicos y por eso, cuando Juan Andrés Elhordoy, que había sido su profesor en la Universidad Católica, le propuso ser productora del programa de Emiliano Cotelo, le pareció una buena oportunidad para abrirse a otros temas.
“Lo que me resultó súper atractivo era que un día tenía que preparar una nota de economía pura y dura, al otro día una bien política, al siguiente una cosa de arquitectura y luego una sobre un descubrimiento científico”, destaca en charla con Domingo mientras de fondo se escuchan las campanadas de la iglesia del Valle dell’Angelo.
Pero no fue lo único que la llevó a aceptar el desafío, también hizo lo suyo la memoria emotiva. “Cuando me llevaban en el auto al liceo Kennedy, siempre iba escuchando En Perspectiva. En mi casa siempre se escuchaba a Emiliano”, relata y agrega que ya desde muy chiquita tuvo claro que quería ser periodista. “Me acuerdo que me acostaba mirando la tele, cada tanto prendía la radio y leía el diario. O sea, era medio enfermita”, apunta entre risas.
Como su padre es contador, muchos creyeron que iba a ir para ese lado, pero no. Por un momento se le pasó por la cabeza ser azafata, luego paleontóloga. “Se ve que había un área ahí de investigar”, dice intentando buscar una explicación.
Romina creyó al principio que lo suyo siempre sería escribir y agradece haber comenzado por allí. “El periodismo escrito te ayuda mucho para encarar los otros formatos. Es como que tenés una base muy sólida que te ayuda a ordenarte, a pensar los temas y a enfrentar las entrevistas con una lógica que está buena”, reflexiona.
Al aire
Al año de estar produciendo para En Perspectiva, Elhordoy dejó la co-conducción y Cotelo, con quien Romina siempre se llevó muy bien a la hora de hablar de periodismo, le propuso que asumiera ese lugar. Si bien no era lo que más le gustaba hacer, entendió que se le estaba presentando una gran oportunidad. “Pruebo y veo qué pasa”, fue lo que pensó, peor era quedarse con la duda.
“Me acuerdo que ese primer día al aire fue terrible, tenía muchos nervios, un desastre. Me había agarrado unas cuestiones de jerga y no salía de determinadas cosas. Era muy jovencita”, rememora. Con el tiempo se fue soltando; la magia de la radio ya la había captado por completo.
Ese mismo año tuvo su primer acercamiento a la televisión. Nelson Fernández, que en ese entonces dirigía el equipo periodístico de Nuevo Siglo, la convocó para ser la presentadora de un programa de debates políticos. Si bien en el cable se manejan otros tiempos, la experiencia le sirvió para años después poder hacer frente a otro gran reto: Subrayado.
“Eso fue bien desafiante porque me agarró con bastantes más años y más oficio, pero adaptándome a un lenguaje que era totalmente distinto”, señala por lo que significó abordar todos los pormenores del plebiscito de la Ley de Urgente Consideración (LUC). “Tenía que encontrarle la vuelta para contarlo de manera atractiva, breve y que se entendiera”, acota sobre las salidas diarias con las que comenzó en 2019. Su desempeño gustó y terminó por sumarse al staff fijo para realizar columnas sobre temas políticos dos veces por semana. “Me gusta la parte de explicar”, dice.
Con amigas
En facultad, Romina se hizo muy amiga de Viviana Ruggiero y Malena Castaldi. Siempre hablaban de hacer algo juntas y en 2018 casi lo concretan, pero implicaba que una de ellas tuviera que dejar lo que estaba haciendo. No era el momento.
Años después Javier Castro, con quien Romina había trabajado en En Perspectiva, volvió sobre el tema, pero imaginando un producto en el que las tres realizaran juntas lo mismo que estaban haciendo en distintos medios por separado. “Empezamos a discutirlo y coincidimos en que estábamos en un momento en que nos gustaba la idea de desafiarnos un poco. Decir ‘che, vamos a hacer algo distinto y mostrar otra faceta más personal’”, cuenta.
La idea fue recrear una charla entre amigas, hablar de lo que se habla en los asados, en una sobremesa con una copa de vino o cuando uno se pone a “arreglar el mundo”.
“Fue un proceso riquísimo de un año y medio de preparación con los desafíos de empezar de cero un proyecto independiente y de mostrarnos en otra onda”, explica la comunicadora. Así nació el podcast Nada está resuelto, un ciclo de en principio seis capítulos en los que las periodistas hablan con invitados sobre las relaciones de pareja, la amistad, el propósito, el paso del tiempo, los 40 (las tres tienen esa edad) y la maternidad.
En familia
Romina es hija única, por eso cree que haber acompañado a su padre a ver a Huracán Buceo por todas las canchas chicas fue un poco hacer del hijo varón que no tuvo. “Un día me llegó a sacar antes del liceo para ir a Paysandú a ver a Huracán jugar su primer torneo internacional”, evoca entre risas.
No se arrepiente, lo disfrutó mucho porque Huracán Buceo tenía además toda una parte social que la atraía. “Yo estaba en el plantel de natación y en el de handball, y también era animadora”, recuerda.
Con el handball siguió años después, jugando primero en el colegio y más recientemente como parte del mami handball del Seminario. “Me encanta porque es un deporte que me hizo aprender a trabajar en equipo. Espero retomarlo el año que viene”, comenta ya que lo que tuvo que interrumpir por las grabaciones de Nada está resuelto.
Alguna vez también jugó al tenis, pero fue más para acompañar a su madre (maestra), con la que tiene una relación muy cercana al igual que con su padre. “Siempre me apoyaron en todo”, destaca.
Eso ahora lo traslada a sus hijos, con los que comparte todo lo que puede aunque deba levantarse todos los días a las 4 y media de la mañana. “Ya no me pesa; con un buen mate y la siesta lo soluciono. La gran ventaja del horario es que sobre el mediodía ya estoy trabajando desde casa y puedo estar más tiempo con los nenes”, celebra.
A Valentín (10 años) lo lleva al fútbol; con Milena (6) le gusta ir a la placita. “Vienen de una pareja de periodistas, entonces tienen inquietudes por saber más”, acota al contar que un buen plan es viajar en familia.
Precisamente en 2019 decidieron ir a Rusia para conocer más sobre el país de los antepasados de su marido, Iván Kirichenko. Algo parecido a lo que por estos días los tiene en Italia. “Estuvo espectacular”, asegura de un destino que la atrapó, pero de una manera diferente a cómo lo hizo China, donde estuvo un mes haciendo un curso.
“Fue un viaje que me voló la cabeza a una zona que se llama Changsha, que tiene una cultura bastante tradicional. Aprendías muchas cosas de ellos. Por ejemplo, un día nos llevaron a un barrio en el que habían recreado como una mini Venecia, algo muy de Occidente. Nosotros queríamos ver cosas típicas, pero era la forma que tenían de homenajearnos. Eso nos permitió entender mucho más la complejidad de lo que es un intercambio cultural”, remarca.
Fue ese mismo viaje el que alguna vez le hizo cuestionarse si su vida no estaba más en recorrer otros países, otras culturas. Le abrió tanto la cabeza que volvió con la idea de salir a conquistar el mundo. Era madre de Valentín, así que no tardó en cambiar de parecer, pero no se arrepiente. Incluso ya le había pasado de desistir de ir a estudiar al exterior porque le había salido el trabajo en Búsqueda.
“No me quedó como una deuda, al revés, siempre estuve convencida de lo que hice. Creo que buscar otras cosas fuera quedará para otro momento o no quedará; no me genera problemas”, afirma convencida.
Lo mismo piensa a la hora de evaluar su presente profesional. “Tengo la suerte de disfrutar mucho de lo que hago”, confiesa, “todavía las cosas en la que estoy me resultan desafiantes y muy motivantes, y siempre tengo ganas de hacer cosas nuevas. Entonces no tengo grandes pendientes; llegarán o se irán dando”.