Hay imágenes que no solo registran momentos, sino que los prolongan. Que capturan algo que sigue vibrando más allá del encuadre. En el caso del candombe —con su pulso, su cuerpo colectivo y su memoria— esa tarea implica también encontrar una forma de acercarse sin invadir.
En esa búsqueda se inscribe el trabajo de Carlos “Chino” Pazos, que acaba de presentar en Washington DC una muestra que condensa más de una década de registros. Inaugurada el 23 de marzo en la Galería de los Héroes y las Heroínas, en el edificio de la Organización de los Estados Americanos (OEA), la exposición titulada “Candombe: El Llamado del Tambor”, reúne escenas que construyen una narrativa visual del candombe.
Seleccionada por el Fondo de Promoción de las Artes en el Exterior, del Ministerio de Relaciones Exteriores, y presentada en el marco de la Semana de las y los afrodescendientes, la muestra llevó a ese espacio imágenes que funcionan como puente cultural. Allí, ante autoridades de distintos países y público internacional, el candombe se volvió experiencia compartida.
“Esta es mi primera muestra fuera del país. Que haya sido en el edificio de la OEA, en el marco de la ‘Semana de las y los afrodescendientes’ es especialmente significativo para mí”, dijo Pazos en charla con Domingo desde Washington DC.
“Tuve devoluciones muy lindas durante la inauguración, una especialmente de una uruguaya que me habló con lágrimas en los ojos, que me dijo: ‘Tus fotos hablan, me traen recuerdos de mi niñez’. Pero también de personas de otras nacionalidades que nunca habían visto una Llamada”, contó.
Durante años, el fotoperiodista eligió trabajar con comparsas como Cuareim 1080, Valores y La Sara del Cordón, acompañando las jornadas completas, accediendo a espacios íntimos, estableciendo vínculos de confianza. “Fotografiar sin ser visto”, podría ser una síntesis de su método. En ese equilibrio entre cercanía y respeto aparece la posibilidad de capturar algo más que la imagen: una atmósfera.
La actividad incluyó además un espectáculo musical a cargo del Trío Candombe, liderado por Sebastián Natal.
“Creo que se logró el objetivo de dar a conocer parte de nuestra cultura afro a las autoridades de diferentes países de América e invitados internacionales. Luego, también lo presentamos en la sala de eventos de la Embajada de Uruguay en Estados Unidos, donde fue muy emocionante ver a decenas de uruguayos que viven en el exterior y que vibraron con la muestra y la presentación de una cuerda de tambores”, remata el fotógrafo.
Entre líneas y tambores
No empezó con una vocación definida, sino con un gesto práctico: aprender a sacar buenas fotos para un viaje. Así fue el ingreso de Pazos a la fotografía, en un curso del Foto Club. Pero lo que comenzó como herramienta pronto se volvió lenguaje. Mientras estudiaba arquitectura, empezó a trabajar en medios periodísticos y agencias internacionales y, en ese tránsito, en los años noventa, fotografió por primera vez el desfile de Llamadas. Sin saberlo, había entrado en un territorio al que volvería una y otra vez.
A partir de 2013, ese regreso se volvió sistemático y la mirada se desplazó: ya no solo le interesaba el desfile, sino todo lo que lo rodea —la espera, la llegada, los preparativos, los vínculos—. La muestra que presentó en la sede de la OEA en Washington DC condensa más de una década de ese trabajo, una acumulación paciente de escenas.
En ese proceso, su formación como arquitecto persistió: se tradujo en la composición, en las líneas y relaciones entre cuerpos y espacio, en la búsqueda de orden incluso dentro del caos. Esa estructura convive con otra dimensión más sensible, donde aparecen la cercanía y la humanidad de los retratados, atravesadas, también, por su propia historia.
"Una vez un amigo me dijo ‘aunque no fotografíes arquitectura, la arquitectura está presente en tus fotos’. En cada una de las fotos estamos presentes, está nuestra historia, nuestro inconsciente", sostiene el fotoperiodista.
La donación de una foto especial
Entre las imágenes llevada a Washington DC, hay una que concentra una historia particular. No solo por su composición —que Pazos define como “redonda”—, sino por el momento que captura: el último desfile de Llamadas de Carlos Páez Vilaró.
Esa condición le otorga un valor que trasciende lo estético y la convierte en documento. Pero también fija una escena: un instante del candombe, una figura clave del arte uruguayo y una tradición que, a través de la mirada de otro artista, encuentra nuevas formas de circular.
La decisión de donar esa fotografía al Museo de las Américas —AMA, por su sigla en inglés—, dependiente de la Organización de los Estados Americanos, no fue casual. Páez Vilaró mantuvo por décadas un vínculo con esta institución: en 1960 pintó un mural de 162 metros en el túnel que conecta dos de sus edificios en Washington. Esa huella, aún presente, establece una continuidad simbólica entre la obra del artista y la imagen capturada por Pazos.
La iniciativa también dialoga con una dimensión más personal. La actual secretaria general adjunta de la OEA, Laura Gil, que tiene a su cargo la responsabilidad del AMA, fue vecina de Páez Vilaró en Montevideo y conserva un vínculo afectivo con su obra.
“La donación surge como un gesto de reconocimiento y como una forma de que esa imagen pase a formar parte de la colección del AMA junto a varias obras de artistas uruguayos que existen en su colección”, comentó.
En este acto se condensa el sentido más profundo del trabajo de Pazos. No solo mostrar, sino dejar huella.
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