Es ceramista de toda la vida, se hizo notar porque hizo a Charly García y Petinatti lo ayudó con un “empujón”

Claudio Dalmao realiza esculturas de músicos famosos en cerámica y desde hace cuatro años puede vivir de esto. También realiza piezas únicas con desechos y una crítica social incluida.

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Claudio Dalmao, ceramista.

"¡Llamaste justito!”, dice Claudio Dalmao (50 años) al otro lado del teléfono. En ese momento se encontraba en plena realización de la escultura de Charly García con la idea de que el músico, por esos días en Uruguay, se la pudiera llevar. Fue el primer personaje que hizo de lo que el artista sanducero llama “Las figuras” y lo que lo tornó conocido más allá de que ya elaboraba ensambles o piezas únicas. Es ceramista desde hace muchos años, pero recién hace cuatro que puede vivir de esto.

Claudio es de Paysandú. Recuerda que cuando era niño siempre estaba jugando con barro y plastilina porque muchos juguetes en esa época no había. “La cerámica nunca se me había pasado por la cabeza”, cuenta a Domingo. A él le apasionaba dibujar, sobre todo copiar retratos de músicos. “Los que me gustaban a mí”, apunta.

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Esculturas del Flaco Spinetta hechas por Claudio Dalmao.

Hizo cursos con profesores de su departamento y en Montevideo estudió tallado en madera en la Escuela de Artes y Artesanías Pedro Figari. Pero todo cambió cuando, de vuelta en Paysandú, cuando ya tenía unos veintitantos años, se anotó en el taller de Amaral Oyarvide.

“Fui con mi carpeta de dibujos y cuando la vio, me dijo: ‘Lo que tú necesitás son las tres dimensiones, voy a traerte barro y herramientas’”, relata. Al sábado siguiente se apareció con los materiales. Fue tocar el barro y un mundo nuevo se abrió para Claudio. “Fue como una iluminación, una conexión, una cosa rarísima. Ahí empezó todo, una vez que toqué la arcilla no volví a la madera”, confiesa.

Oyarvide le enseñó todo lo básico que necesitaba saber. Mientras tanto Claudio trabajaba en una metalúrgica como soldador; el arte era para el tiempo libre. Se siguió formando en cuanto curso pudo, hasta probó con Bellas Artes cuando esa facultad anduvo por Paysandú.

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Claudio Dalmao.

Comenzó a colocar piezas en Manos del Uruguay, pero eso se cortó con el tiempo. También logró vender en la Galería Los Caracoles de José Ignacio, en los locales Acatrás del Mercado y Ohlalá de Montevideo, y en Cosas bellas de Colonia.

El despegue comenzaría a gestarse cuando fue a un concierto de Gustavo Cordera en Paysandú y terminó conociendo a Leandro Quiroga, el dueño de Medio & Medio, que cuando vio lo que hacía quedó sorprendido. “¡Lo que hacés está buenísimo! ¿Vivís de esto?”, le preguntó. “La verdad que no, lo hago, pero se vende muy esporádicamente”, fue su respuesta. Leandro comenzó entonces a encargarle piezas para su espacio cultural y gastronómico, y eso le dio mayor visibilidad.

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Escultura en cerámica de Claudio Dalmao.

El golpe definitivo ocurrió cuando el Licenciado Petinatti lo eligió para el espacio “El empujón” de Malos pensamientos, lo cual multiplicó su número de seguidores en Instagram (@dalmaoceramica) de inmediato. Luego lo entrevistó en los estudios de Azul FM.

“Fue en setiembre del año pasado y desde entonces vendo de continuo”, dice quien nunca más volvió a soldar. “Por suerte dejé todo eso porque me gusta mucho más esto otro”, asegura.

Esculturas

Hizo la figura de Charly García y todo cambió

“Un día estaba escuchando a Charly, Tenía el disco Obras cumbres sobre la mesa y lo empecé a mirar. Tenía un pedacito de barro y empecé a modelar. Cuando quise acordar tenía la cara hecha y seguí”, cuenta Claudio entre risas sobre el surgimiento de la escultura de Charly García. Fue la primera... y casi no lo es porque antes probó hacer a Albert Einstein, pero como es tan perfeccionista, no le gustó el resultado y la desarmó. “Quedó en el tintero”, acota.

Charly iba a ser para quedar en el taller, pero su esposa Cecilia lo alentó a que intentara venderla. La publicó en Instagram y enseguida colocó unas seis o siete. Eso lo empujó a seguir con la temática y así llegarían otros músicos, como el Flaco Spinetta.

El tiempo que lleva cada pieza está condicionado por los plazos de secado del molde y también porque debe reunir determinada cantidad para llenar el horno, sino no funciona.

El artesano dice que a todas las figuras les pone un toque caricaturesco para que el resultado no sea tan rígido o serio. “Pero siempre respetando el personaje”, aclara y lamenta que haya gente que no lo entienda así. “El que sabe de arte se da cuenta de que sigue siendo una propuesta seria”, rescata.

El recurso de la caricatura le viene de su pasión por el dibujo. “Me gusta mucho mirar dibujos animados, voy a las ferias y compro juguetes. Tengo muchos en el taller, me gusta estudiar toda la parte de su diseño, cómo los hacen, de qué año son”, apunta. Todo eso lo expone en su casa junto a sus esculturas cuando lo visitan escuelas.

Claudio también da cursos, unas pocas horas a la semana, a niños de los CAIF y adolescentes. “Me encanta porque ellos están muy libres para trabajar, mientras que los adultos tienen una cierta vergüenza y están limitados”, explica.

Claudio pasa casi todo el día en su taller, pero a veces interrumpe el trabajo para salir a dar una vuelta en bicicleta. “No hay un horario fijo, tengo la libertad que no tuve nunca con otro trabajo”, destaca.

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Escultura de Cahrly García hecha por Claudio Dalmao.

Presente

“Hago todo esto gracias a la pareja que tengo, Cecilia siempre me bancó todo”, reconoce Claudio al hablar de la mujer con la que se casó cuando tenían los dos 19 años. Ella es gran responsable de que la música esté muy presente en sus vidas porque estudió saxo. Eso sumado a que son padres de un hijo pianista, permitió que Claudio presenciara de cerca el sacrificio que hacen los músicos y los admirara aún más. Sus figuras de cerámica son una especie de homenaje.

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Cecilia trabajando en el taller de Claudio Dalmao, su esposo.

Al principio la pareja alquilaba un lugar en el que él no tenía un espacio para trabajar. Todo lo hacía en el living y ensuciaba mucho. Hoy viven en una casa y montaron el taller de cerámica en el fondo, con todas las comodidades para la labor. Allí tienen el horno de leña que construyeron ellos mismos cuando no pudieron recurrir más al de la Casa de la Cultura porque era verano y comprar uno eléctrico era económicamente inviable.

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Robot futurista en cerámica, hecho por Claudio Dalmao.

Hoy lo agradecen porque la magia del horno de leña es insustituible. “Hay una comunidad. Vienen amigos, pintores, a veces mi madre. Cuando lo prendemos es una fiesta. Son siete horas y es un motivo de encuentro”, destaca el artesano que por estas horas tiene tanto trabajo que ha postergado proyectos más personales. “Afortunadamente tengo mucha demanda”, remata esperando llegar a tiempo con su regalo para Charly.

Piezas únicas

Obras que también tienen una crítica social

Claudio destaca que sus piezas también encierran una parte conceptual, sobre todo las piezas únicas que elabora en base a desechos. Por ejemplo, hace unos robots gigantes futuristas que funcionan a leña y son manejados por seres humanos. “Es una crítica a la modernidad, a que destruimos los recursos y por eso volvimos a la leña. La gracia es que esos robots transportan cosas absurdas, como patitos de hule. Volvemos a hacer todo lo que hicimos y lo volvemos a hacer mal”, explica.

Otra serie es la de los Guerreros a destiempo: un indio, que representa al obrero; un vikingo, que es el trabajador, y un pirata, que representa al político. “Los indios van en moto, los vikingos en unos vehículos raros y los piratas en avión”, describe.

Las piezas de molde (músicos, figuras) miden unos 36 centímetros y cuestan S 5.000; las piezas únicas tienen un poco más de 30 centímetros y rondan los $ 12.000, dependiendo del tamaño.

“Después tengo otras que son de estudio, que son muchísimo más grandes, son piezas inmensas”, comenta el artesano. Con ellas ha armado exposiciones. “La última fue en Durazno y estuvo buenísimo”, cuenta quien llegó a ganar un concurso para presentarse en La Rambla, municipio andaluz de Córdoba (España), pero en el aeropuerto le rompieron la pieza por las sospechas que conllevan las cosas que llegan a Europa desde este lado del mundo. “¡Que las rompan para ver si hay droga adentro es el colmo!”, se lamenta y agrega que esta situación lo bajoneó.

Lo superó y ahora proyecta exponer en el Museo Solari (Río Negro) y quiere organizar una muestra en Montevideo. Ya hizo una en el Museo del Azulejo a pulmón; ahora espera contar con otro apoyo.

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Un robot futurista hecho por Claudio Dalmao.

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