Alba Carmona llega a Uruguay con Jesús Guerrero: cómo el flamenco se transforma sin perder el vínculo con su raíz

La cantante catalana y el guitarrista gaditano presentan "Ofrenda" en la Sala Zitarrosa, un proyecto de voz y guitarra que cruza flamenco, tango y músicas populares, y refleja una búsqueda artística construida entre la raíz, el aprendizaje y la libertad.

Alba Carmona y Jesús Guerrero.
Los españoles Alba Carmona y Jesús Guerrero.
Foto: Ernesto Artillo

Durante siglos el flamenco pasó de boca en boca y de generación en generación, habitó patios, casas, tabernas y tablaos, se sostuvo en el golpe de unas palmas, en una garganta y en las cuerdas de una guitarra. Viajó, se mezcló con otras músicas, entró a los teatros, a los conservatorios y a los grandes escenarios del mundo. Y cada vez que pareció adquirir una forma definitiva, apareció alguien dispuesto a empujar un poco más sus límites.

Hay una fuerza dentro de esa fuerza de ritmo ancestral: haber conseguido transformarse sin desprenderse de su memoria. El flamenco puede sonar antiguo y radicalmente contemporáneo al mismo tiempo; conservar códigos transmitidos durante generaciones y, a la vez, encontrarse con el jazz, el rock, la electrónica o las músicas latinoamericanas.

“Hay muchas cosas que se pueden enseñar del flamenco desde el aprendizaje formal. Pero hay algo innato y creo que también hay que vivir ese flamenco de calle, de tablao, donde la tradición oral está en su máxima expresión. Ahí hay una energía y un alma que creo que tienes que vivir. Pero también estamos hablando de un lenguaje musical, donde hay un ritmo, una armonía, unas melodías y, además, una enorme cantidad de vertientes, de palos”, dice Alba Carmona en charla con Domingo.

La cantante y compositora española llegará por primera vez a Uruguay para presentarse en la Sala Zitarrosa junto al guitarrista y productor Jesús Guerrero. La cita será el jueves 24 de setiembre.

Esa convivencia entre intuición y conocimiento, herencia y aprendizaje, terminó siendo también una manera de entender su propia obra.

Alba Carmona y Jesús Guerrero
Carmona y Guerrero presentan "Ofrenda".
Foto: Ernesto Artillo

Carmona nació en Barcelona, en una familia de raíces andaluzas, y creció en una casa donde la música y la cultura estaban presentes. Sin embargo, asegura que nunca hubo una revelación infantil que le indicara que sería cantante.

A los 18 años, apareció la posibilidad de estudiar flamenco en una escuela superior y allí descubrió que aquello que había aprendido por transmisión oral podía también desarmarse, analizarse y comprenderse desde otros lenguajes. La formación académica amplió, entonces, lo que traía de antes. “Yo venía de esa calle y de esa tradición oral y, de repente, me puse a estudiar tanto el flamenco como la música en términos más generales”, recuerda.

Salirse para volver. Durante ocho años, formó parte de Las Migas —grupo que años después ganaría dos Grammy Latinos al mejor álbum de música flamenca—, una etapa que hoy identifica como uno de los grandes puntos de inflexión de su carrera. Llegaba de una formación centrada en el cante tradicional, pero empezaba a preguntarse qué podía ocurrir si aquello dialogaba con otras músicas.

Las Migas funcionó como un laboratorio. “La canción estaba por delante de todo sin importar tanto el género. Empecé a redescubrir mi voz, a ponerla al servicio de sonoridades diferentes e incluso a alejarme del flamenco”, cuenta. En ese recorrido también trabajó con músicos provenientes de otros universos y durante años postergó la idea de grabar un disco propio. Había, dice, cierto pudor. ¿Qué podía aportar ella frente a tanta música extraordinaria ya escrita?

La pregunta es antigua y atraviesa a cualquier tradición que carga con grandes maestros: cómo crear después de quienes parecen haberlo dicho todo.

“Si respetas la música y todo lo que han hecho quienes nos han precedido, piensas: ‘No hay nada nuevo que decir, está todo dicho’. Pero al final es verdad que podemos seguir continuándolo, cada uno con su lenguaje”, reflexiona.

Dos voces. Después de Las Migas, decidió caminar sola. “Era como un abismo”, recuerda Carmona. En ese período, el vínculo artístico con Jesús Guerrero
—guitarrista gaditano, iniciado en el instrumento a los 10 años y con una trayectoria que incluye trabajos junto a figuras como Miguel Poveda, Carmen Linares, Niña Pastori y Eva Yerbabuena— se volvió cada vez más estrecho.

Los dos llevaban años tocando juntos cuando una pregunta empezó a repetirse después de los conciertos: ¿cómo podía ser que hicieran tantos shows a dúo y todavía no hubieran grabado un disco?

La respuesta terminó siendo Ofrenda, publicado en octubre de 2025: nueve canciones construidas casi exclusivamente desde lo elemental, una voz y una guitarra.

Después de discos, arreglos y proyectos atravesados por distintas influencias, Carmona y Guerrero decidieron volver a una de las formaciones más antiguas del flamenco para preguntarse qué podían hacer con ella desde el presente. “Nos apetecía dejar las producciones, dejar las instrumentaciones, irnos a esa raíz y ahondar en esa profundidad”, explica.

La diferencia está en cómo se distribuyen los lugares. En Ofrenda no hay una cantante adelante y un guitarrista detrás. Guerrero, además de acompañante, construye una segunda voz. “Queríamos que fueran dos líneas que estuvieran dialogando todo el tiempo”, resume ella.

Esa conversación atraviesa un repertorio que tampoco reconoce fronteras demasiado rígidas: aparecen el flamenco y sus cantes de ida y vuelta, pero también el pasodoble, las nanas andaluzas, las músicas populares y el tango argentino. El propio proyecto se presenta como un trabajo surgido del respeto por la tradición oral, pero atravesado por una mirada contemporánea.

Ahí aparece “Pequeño vals vienés”, el poema de Federico García Lorca que Leonard Cohen llevó a la música y que ha conocido innumerables versiones. Durante años Carmona apenas se había atrevido a cantarlo para sí misma en su casa. Le imponía respeto: por la obra, por las versiones anteriores y porque sentía que para entrar en ese texto necesitaba madurez. Cuando finalmente comenzaron a tocarlo en vivo con Guerrero, todavía dudaban de grabarlo. Fue el público el que insistió. “Para poder hacer una versión realmente tienes que tener algo nuevo que decir”, sostiene.

Pero después ocurre algo menos racional: una canción se mete dentro de quien la interpreta y aparece la necesidad de contarla otra vez.

Ese impulso también explica cómo Carmona entiende hoy su lugar sobre el escenario. Si en sus primeros años la preocupación estaba puesta en que cada nota, la afinación y la técnica estuvieran en su sitio, con el tiempo otras cosas ganaron peso.

“Para mí lo único importante en el escenario es esa verdad que creo que tiene que estar por delante de todo”, dice quien entendió que continuar una tradición no significa repetirla. A veces consiste exactamente en escucharla con suficiente atención como para descubrir todo lo que todavía puede decir.

La música como puente entre territorios

Aunque esta será su primera vez en Uruguay, Carmona lleva años mirando hacia el Río de la Plata. Lo hizo primero a través de la música, escuchando voces y canciones que terminaron incorporándose a su propio mapa sonoro. Cuando enumera referencias aparecen Carlos Gardel, Roberto Goyeneche y Mercedes Sosa, además de “Chiquilín de Bachín”, de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer.

Hay algo, sobre todo, que la cantante reconoce como familiar en el tango. “Ese desgarro me parece muy similar al flamenco”, dice. Una cercanía que no pasa necesariamente por las formas musicales, sino por una manera de interpretar: la intensidad, el dramatismo y la necesidad de contar una historia desde la emoción.

Alba Carmona y Jesús Guerrero se presentarán por primera vez en Uruguay.
Foto: gentileza

Ese puente también llegó a su repertorio. Junto a Jesús Guerrero grabó “Sus ojos se cerraron”, el tango de Gardel y Alfredo Le Pera de 1935. “Es un tango precioso que te atraviesa el alma; no hay poema más precioso que este”, dice Carmona. La elección no es casual, hace parte de la intención de acercarse a músicas de otras geografías sin abandonar el lugar desde el que interpretan.

Ahora ese mapa imaginado empieza a volverse territorio real. La gira los traerá a Uruguay y Argentina. “He admirado siempre esta tierra desde la distancia”, dice quién llegará con una música que, mucho antes del viaje, ya había cruzado varias veces el océano.

¿Encontraste un error?

Reportar
Temas relacionados
musicaSala Zitarrosa
Te puede interesar