Un golpe en la cabeza de un niño: la recomendación médica para actuar en casa y cuándo ir a urgencias

Por qué el tamaño de un chichón no define la gravedad del golpe y qué síntomas vigilar en los niños: cómo aplicar frío correctamente y qué cambios observar.

Niña con dolor de cabeza
Niña con dolor de cabeza.
Foto: Magnific.

Un golpe en la cabeza puede dejar en pocos minutos una protuberancia que parece alarmante, especialmente cuando se trata de un niño. Sin embargo, el tamaño del chichón no permite determinar por sí solo si existe una lesión interna. La explicación está, en parte, en la anatomía del cuero cabelludo: esta zona tiene una gran cantidad de vasos sanguíneos muy próximos a la superficie, por lo que incluso un impacto que no reviste gravedad puede provocar una inflamación considerable.

Entonces, ¿qué deben hacer los padres después de un golpe y qué síntomas deberían motivar una consulta médica? Ante la aparición de un chichón, la pediatra Ana María Escobar recomienda colocar una compresa fría o hielo envuelto en un paño sobre la zona durante entre 10 y 15 minutos. El hielo nunca debe entrar en contacto directo con la piel.

Después del impacto, el niño debe permanecer bajo observación. Si continúa comportándose como lo hace habitualmente y no presenta síntomas preocupantes, en muchos casos es posible controlar su evolución en casa. La recomendación, de todos modos, no consiste únicamente en observar la inflamación. Es importante prestar atención al comportamiento del menor y a cualquier cambio que pueda aparecer durante las horas posteriores.

Niño con dolor de cabeza
Niña con dolor de cabeza.
Foto: Magnific.

La Academia Estadounidense de Pediatría aconseja comunicarse con un médico ante determinados cambios en el estado del niño después de un golpe en la cabeza. Entre las señales que requieren atención se encuentran: dolor de cabeza persistente o que aumenta, confusión o dificultad para hablar, mareos que persisten o se repiten, irritabilidad extrema o un comportamiento inusual, vómitos repetidos, dificultad para caminar o tendencia a tropezarse, sangrado o salida de líquido transparente por la nariz o los oídos, somnolencia excesiva o dificultad para despertarse, pupilas de diferente tamaño, visión doble o borrosa, convulsiones, debilidad en brazos o piernas, dificultad para reconocer a personas conocidas, palidez inusual que persiste durante más de una hora y zumbidos persistentes en los oídos.

La pérdida del conocimiento, incluso si fue breve, también requiere una valoración médica. Lo mismo ocurre ante convulsiones, llanto persistente, sangrado o secreción de líquido por nariz u oídos. En el caso de los bebés, Escobar señala además como signo de alarma una fontanela más tensa de lo habitual.

Si después del golpe el menor permanece alerta, mantiene su comportamiento habitual y no aparecen señales de alarma, puede permanecer en casa bajo vigilancia atenta. Esto es importante porque algunos síntomas pueden aparecer con el paso de las horas y no necesariamente inmediatamente después del impacto. Por eso, además de aplicar frío sobre la zona inflamada, conviene observar cómo se comporta, cómo se mueve y si aparecen cambios en su estado general.

Con base en El Tiempo/GDA

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