Un dolor que no desaparece. Esa es la primera alarma que se enciende. Si no recuerda haberse golpeado la rodilla, pero le duele y ese dolor no se va. O si está durmiendo y lo despierta un gran dolor. O se hace un esguince y esta no se termina de curar. Todo eso puede estar denunciando un cáncer de huesos. Hay que consultar a un médico.
En los niños hay señales más evidentes aún, como un dolor de espalda. “Es muy raro que a un niño pequeño le duela la espalda. Algunas veces puede ser una escoliosis, una curvatura de la columna, pero eso no es habitual en los menores de 25 años, a no ser que alguna vez se hayan lesionado”, explicó la doctora Wendy Allen-Rhoades, oncóloga pediátrica del Centro Oncológico Integral de la Clínica Mayo de Rochester, Minnesota, en un encuentro con periodistas latinoamericanos del que participó El País.
La especialista trabaja con un tipo de cáncer -óseo- que no es muy común en los menores de 18 años, pero al mismo tiempo es uno de los cánceres que más se ve entre los niños y adolescentes.
“Lo que cambia es que las cifras son muy bajas comparadas con las de la edad adulta”, señaló la oncóloga y puso como ejemplo que se detectan entre 20.000 y 30.000 cánceres de mama por año frente a menos de mil cánceres óseos en niños y jóvenes.
El osteosarcoma es el cáncer óseo que tiende a aparecer con mayor frecuencia en adolescentes y adultos jóvenes. Se presenta fundamentalmente en los huesos largos de las piernas y, a veces, en los brazos. Su tratamiento suele incluir cirugía y quimioterapia.
Le sigue el sarcoma de Ewing, que comienza en los huesos y en los tejidos blandos que los rodean. Se presenta principalmente en niños y adultos jóvenes. Su tratamiento suele demandar quimioterapia y cirugía.
El otro cáncer óseo que también es muy frecuente, pero afecta más a los adultos de mediana edad y mayores, es el condrosarcoma, que se da mayormente en la pelvis, la cadera y el hombro. A menudo requiere de cirugía para extirparlo.
“Los tumores óseos son más frecuentes entre los varones aunque no es muy grande la diferencia respecto a las mujeres”, señaló Allen-Rhoades.
Causas
“Los cánceres óseos son una consecuencia de que los huesos crecen”, determinó Allen-Rhoades. “Siempre le explico a la madre del niño, que no es que haya hecho algo mal en el embarazo ni algo a lo que haya estado expuesto en la etapa de bebé. Es simplemente mala suerte, son cosas que pasan en los niños”, aclaró la especialista.
Eso significa que no hay nada que se pueda hacer para evitar esta enfermedad, a diferencia de lo que pasa con otros cánceres como el de piel o el de pulmón donde se sabe que la exposición al sol o el tabaquismo aumentan el riesgo.
De todas formas sí hay prácticas que se pueden adoptar para mantener los huesos sanos, Entre ellas están tener un estilo de vida saludable, mantenerse activo y adoptar una dieta equilibrada rica en vegetales y legumbres. Además se recomienda evitar las cosas que se sabe que pueden dañar el hueso, como ser el tabaquismo.
“No existe una relación directa entre los tumores óseos y el tabaquismo, pero en términos generales el tabaco puede disminuir la salud del hueso”, informó Allen-Rhoades.
En cuanto a los antecedentes familiares, la oncóloga manifestó que no existe un vínculo genético que ayude a comprender por qué apareció el cáncer óseo, aunque reconoció que hay un pequeño conjunto de pacientes que puede presentar una predisposición en sus genes que aumente el riesgo de contraerlo.
“Por eso a los pacientes a los que se les diagnostica cáncer óseo les ofrecemos pruebas genéticas para ver si hay una razón que haya llevado a la aparición de esta enfermedad”, apuntó.
Diagnóstico
Si se sospecha que el paciente puede padecer un cáncer óseo, la prueba más común que se realiza es una placa del área afectada. “Eso es lo que nos da la primera pista de que tal vez haya algo anormal”, detalló Allen-Rhoades.
Pero puede suceder que la radiografía no arroje nada; entonces hay que ir un poco más allá y se necesite una tomografía o una resonancia magnética. Incluso muchas veces hay que practicar una biopsia, lo que ayuda también a definir el tratamiento.
“Siempre queremos tener una buena imagen de dónde está el cáncer y asegurarnos de que no haya ninguna otra mancha en todo el organismo. Por eso hacemos una tomografía de tórax para ver si el tumor se fue a los pulmones y también usamos medicina nuclear con un PET (tomografía por emisión de positrones) óseo desde el talón hasta la cabeza para ver si hay otras zonas en el cuerpo que pueden estar preocupando, ya sea en huesos o en partes blandas”, describió la especialista.
Tratamiento
Mientras que para los tumores óseos benignos puede bastar con una vigilancia -aunque también se aplica la cirugía si hay dolor, limitan la función o se debilita el hueso-, los tumores malignos demandan ser tratados.
Dependiendo del tipo de cáncer, el tratamiento puede incluir cirugía, quimioterapia, radioterapia o una combinación de ellas.
Las innovaciones, como los modelos impresos en 3D del tumor de una persona y de las estructuras físicas que lo rodean, a menudo ayudan a los cirujanos a determinar la mejor manera de extirpar el tumor.
“Además de imprimir el tumor, podemos imprimir los vasos y los nervios para que un cirujano pueda visualizarlos y tenerlos en la mano y así poder desarrollar los planes de los cortes en el hueso cuidando las estructuras que lo merecen”, indicó la oncóloga pediatra.
La terapia con haces de protones, en tanto, puede utilizarse para administrar dosis más altas de radiación a los tumores óseos sin dañar el tejido sano cercano.
“Esta terapia es un poco más precisa y tiende a detenerse más rápido que lo que llamamos la terapia con fotones. Eso nos permite cuidar al tejido circundante al cáncer, al tumor, que es tejido que está creciendo en los niños”, detalló Allen-Rhoades..
Algunas veces también se hacen pruebas genéticas no en el tumor específicamente, sino en el paciente en general para comprender cómo está procesando las medicaciones.
“Eso nos ayuda a ajustar el plan de quimioterapia para hacerlo más eficaz”, explicó.
Destacó que “en los cánceres pediátricos y de los jóvenes estamos aprendiendo cada vez más a utilizar la medicina personalizada, pero todavía tenemos un largo trecho por delante”, en referencia a que hay muchos procedimientos que aún se encuentran en etapa de investigación.
Multidisciplinario
Para el abordaje del cáncer óseo en niños y jóvenes se requiere de un equipo multidisciplinario que incluye a oncólogos, especialistas en los distintos exámenes (tomografías, resonancia, radiografías), cirujanos de huesos, especialistas en dolor, nutricionistas y enfermeros. Además están los trabajadores sociales que se ocupan tanto de la parte logística como de salud, los fisioterapeutas y los encargados de terapia ocupacional.
“Un miembro del equipo muy importante son los llamados especialistas de la vida infantil, que están capacitados para ayudar a los niños y a los adolescentes a que comprendan mentalmente qué es lo que está pasando. Ellos hacen terapias lúdicas para mostrarles qué es lo que ocurre cuando van a la resonancia o a la sala de operaciones, por ejemplo”, señaló Allen-Rhoades y acotó que también se dispone de musicoterapia, ludoterapia y hasta de terapia con animales.
“Es un equipo muy grande que rodea al paciente y a la familia para apoyarlos, no solamente para que sobrevivan al diagnóstico, sino para que también puedan prosperar y volver a la vida que querían”, destacó.
Remarcó que es muy importante primero que la gente entienda que puede seguir con su vida porque eso ayuda mucho a su salud mental, factor clave para poder tolerar los tratamientos. Y segundo que sepa que muchos de estos cánceres son tratables y se sobrevive muchos años.
“Los niños son increíbles, son sumamente resilientes, y muchos de ellos siguen adelante con sus vidas. El cáncer es simplemente una pausa”, resumió.
Oncóloga pediatra que investiga
Además de sus actividades clínicas, la doctora Wendy Allen-Rhoades participa activamente en la investigación clínica y forma parte de los comités de sarcoma de tejidos blandos y sarcoma óseo del Children’s Oncology Group. Un área de interés en la que ha estado trabajando últimamente es en desarrollar un test sanguíneo para ayudar a entender cómo los pacientes responden al tratamiento de los cánceres óseos.