¿Viste Machos Alfa? Cuatro amigos intentando entender qué pasó con las "reglas" de la masculinidad...Mientras tanto, el mundo sigue girando... Nosotras (las mujeres) venimos hablando (y con razón!) de la revolución sexual femenina. De nuestros derechos, de nuestro placer, de todo lo que conquistamos y de lo que todavía falta. Pero hay una pregunta que últimamente me ronda la cabeza: ¿y ellos? ¿Qué les está pasando a los varones?
Porque una cosa está clara: si queremos entendernos, desearnos y disfrutar juntos, al menos en este universo heterosexual del que vamos a hablar, estaría bueno entender qué está pasando del otro lado de la cama.
Con esa curiosidad invité a Martín Rieznik, escritor argentino, autor de La brecha orgásmica, El juego de la seducción, y creador de la Academia LevantArte, a participar en mi libro ACABAR. Él lleva 18 años trabajando con hombres que quieren aprender a seducir. ¡Y yo tenía unas cuantas preguntas para hacerle!
Así que, antes de encontrarnos en Montevideo para ¿De que planeta sos? El amor después del amor, donde vamos a compartir escenario Martín, la coach de vínculos Cecilia Vidal y yo, Flopi Peych, nos pusimos a conversar sobre seducción, masculinidades, vínculos y placer.
—Llevás 18 años enseñando seducción. ¿Qué cambió?
—Creo que lo que buscamos no cambió tanto: conocer a alguien, disfrutar el encuentro y ver qué sucede. Algunos quieren una pareja; otros, una noche de placer; otros, construir una familia. Pero el primer paso necesario es siempre conectar con una mujer. Lo que sí cambió mucho son las inseguridades. Antes escuchaba principalmente el miedo al rechazo. Hoy escucho también el miedo a incomodar, a ser juzgado o incluso denunciado. Muchos sienten que ya no saben qué pueden hacer. Los cambios sociales impulsados por el feminismo ayudaron a cuestionar conductas de acoso que antes se toleraban, y eso es un avance enorme. Pero nos falta enseñar lo que sí podemos hacer: cómo expresar interés, cómo reconocer la reciprocidad, cuándo y cómo avanzar. La seducción tiene inevitablemente algo de incertidumbre y necesitamos aprender a transitarla sin que eso nos paralice.
—Qué necesitan aprender hoy los varones?
—Todavía se espera que el hombre sepa tomar la iniciativa, relacionarse y desenvolverse socialmente, pero tenemos muy pocos espacios donde aprender esas cosas. Para mí, la educación emocional y social es una gran deuda pendiente. No alcanza con decir «respetá al otro»: también necesitamos aprender a expresar el deseo de una forma asertiva y atractiva y manejar la frustración cuando el interés no es mutuo. Como sociedad, necesitamos dejar de tratar las habilidades para vincularnos como si vinieran instaladas de nacimiento.
—¿Quiénes llegan a LevantArte?
—Hoy llegan hombres de entre 25 y 65 años. El público también fue creciendo conmigo. Hoy tengo 44 y llegan muchos hombres que quieren volver a conocer a alguien después de una relación larga. También hay quienes nunca se sintieron cómodos al acercarse a una mujer. Trabajo con hombres heterosexuales y lo primero es entender a la mujer, su realidad, sus deseos, su sexualidad. Y para quienes quieren ser más atractivos, hay otro aprendizaje fundamental: el autoconocimiento. Si no sabés qué te hace atractivo, no esperes que alguien lo descubra por vos. Te sorprendería la cantidad de hombres que no saben qué responder cuando les preguntás: «Qué te hace a vos atractivo y único?».
—Hoy las mujeres también encaran. ¿Quién seduce a quién?
—Creo que a veces se exagera cuánto cambiaron los papeles. Está buenísimo que una mujer encare, proponga o dé el primer beso si tiene ganas, pero no es la norma, para nada. En la mayoría de los primeros besos, un momento crucial de la seducción, la iniciativa sigue siendo masculina. Muchas mujeres siguen prefiriendo que el hombre tome la iniciativa, y muchos hombres también sienten que les gusta más sentir que la iniciativa vino de ellos.
—¿Cómo se vuelve al mundo de las citas después de una relación larga?
—Una de las cosas que más les cuesta es incorporar el mundo digital. Incluso si conocés a alguien en un café, al estilo de toda la vida, lo más probable es que después intercambien mensajes, miren sus perfiles y organicen o no otro encuentro. No hace falta convertirse en influencer para tener éxito, pero ayuda mucho aprender a usar esas herramientas y comunicar eficazmente quién sos. Muchas personas tienen una vida interesante y, cuando mirás sus redes, no aparece nada de eso. Además de dedicarme a la seducción, soy director de cine. Me interesa mucho cómo las imágenes construyen una percepción y cuentan una historia. El desafío es mostrar algo auténtico de tu vida y usar las redes para facilitar encuentros cara a cara.
—¿Estamos confundiendo libertad sexual con sexo casual?
—Creo que estamos en un momento cultural donde se está confundiendo libertad con egoísmo. Parece que la libertad es «yo quiero hacer lo que yo quiera», todo desde el «yo», y nos olvidamos de que somos seres sociales. Me preocupa esta idea de la libertad tan egoísta donde el otro queda en segundo plano. Y esa conexión en el placer también puede existir en un encuentro casual de una noche. No hace falta prometerse una vida juntos para tratarse con ternura y cariño.
—En ACABAR hablo del FOBO, el miedo a elegir porque siempre podría aparecer alguien mejor. ¿Las aplicaciones de citas nos están volviendo incapaces de elegir?
—Las aplicaciones amplían las posibilidades de conocer gente, pero también pueden alimentar la sensación de que siempre hay alguien mejor apenas a un movimiento de dedo. Eso puede llevarnos a descartar a alguien antes de conocerlo. Y la verdad es que ninguna persona va a reunir todas las cualidades que imaginamos. Tampoco creo que explorar o tener relaciones breves sea un problema en sí mismo. El problema aparece cuando la búsqueda permanente de algo mejor te impide disfrutar lo que tenés. Ejercer la presencia es un desafío en un mundo donde estamos hiperestimulados constantemente.
—¿Los hombres buscan sexo casual y las mujeres relaciones estables? Biología, cultura o un poco de ambas?
—Creo que hay un poco de ambas cosas. Nuestra sexualidad tiene componentes biológicos y culturales, y reducirla a uno solo deja afuera la otra parte de la historia. Hay investigaciones que encuentran, en promedio, mayor apertura al sexo casual entre los hombres. Pero eso no significa que los hombres no quieran enamorarse ni que las mujeres no disfruten del sexo sin compromiso. La psicología evolutiva propone explicaciones vinculadas con la reproducción; las perspectivas sociales ponen más el foco en las experiencias de vida. Me parece más interesante entender cómo se combinan esos factores que elegir una explicación única.
—En las presentaciones de ACABAR se repite una pregunta: "¿Por qué siempre me engancho con el tóxico?". ¿Por qué nos atrae tanto la incertidumbre?
—Es una verdad difícil de aceptar, pero la incertidumbre puede resultar muy atractiva, adictiva incluso. El misterio, la expectativa de no saber qué va a pasar. Fijate que gran parte del cine y la literatura romántica gira alrededor de eso. Pero una cosa es la curiosidad por descubrir a alguien y otra es vivir pendiente de si hoy te va a dar cariño o te va a ignorar. No hace falta eliminar la incertidumbre en las relaciones, pero sí saber a cuánto estamos dispuestos a exponernos. Y si sentís que siempre terminás en vínculos que te lastiman, vale la pena mirar qué estás repitiendo.
—En La brecha orgásmica abordás una desigualdad que nos persigue a las mujeres desde hace demasiado tiempo. ¿A los hombres realmente les importa el orgasmo femenino?
—Para mí, compartir el placer en la sexualidad es de las cosas más hermosas que hay en la vida y creo que muchos hombres lo viven así. Pero acá la mala educación sexual es lo que más pesa. La mayoría de los hombres tienen acceso ilimitado al porno y cero educación sexual. Sabemos que el porno está casi exclusivamente centrado en el placer masculino; de hecho, generalmente termina cuando eyacula el hombre. En mi libro La brecha orgásmica insisto en la importancia de que los varones aprendan sobre cómo viven la sexualidad las mujeres. No alcanza con tener buenas intenciones y no existe una técnica que funcione igual para todo el mundo. Necesitamos más educación sexual y en habilidades sociales.
—¿Y qué pasa con el placer masculino y la exigencia de rendir siempre?
—Es la tiranía del rendimiento. Con ese mandato, en lugar de estar atentos a lo que sentimos, estamos pendientes de demostrar que funcionamos.
Muchos hombres ni siquiera se preguntan qué quieren porque están más acostumbrados a pensar qué se espera de ellos. Recuperar el placer también implica dejar de intentar satisfacer expectativas. No hay nada que demostrar, simplemente disfrutar.
—En ACABAR aparece un concepto que está despertando mucha curiosidad: la penetración on demand. ¿Por qué nos cuesta tanto salir del guion sexual tradicional?
—Seguimos muy acostumbrados a un guion sexual: todo lo anterior a la penetración sería una preparación y ahí empezaría el sexo «de verdad». Hasta la palabra «preliminares» le saca protagonismo a un montón de cosas que pueden ser centrales para el placer. Para cambiar ese guion donde la penetración es todo, necesitamos educación y ampliar el repertorio. El erotismo atraviesa todo el cuerpo y la mente: hay caricias, zonas erógenas, fantasías, palabras, romanticismo, juego. Cuando dejás de tratar la penetración como el destino obligatorio, podés descubrir mucho más de lo que les gusta a los dos.
—A los dos nos fascinan los datos. ¿Qué descubrimiento te cambió la manera de entender el sexo?
—A mí me cambió mucho entender que nuestros tiempos de respuesta sexual no necesariamente coinciden. Muchos estudios encuentran que un hombre puede alcanzar el orgasmo con 3 a 5 minutos de estimulación y en la mujer va más de los 10 a los 20 minutos. No quiere decir que haya que andar con un cronómetro en la cama, pero sí sirve para entender que el ritmo de uno no debería organizar todo el encuentro. Se trata de saber acoplarse.
—Y para terminar, ¿somos realmente de planetas diferentes?
—Tenemos muchísimo en común: somos humanos, queremos sentirnos queridos, deseados y comprendidos. Pero también existen diferencias corporales, hormonales y de experiencias de vida que necesitamos reconocer si apuntamos a encuentros armónicos. Creo que reconocer al otro como alguien diferente, con sus propias necesidades, experiencias y deseos, es la base de una relación sana. No somos iguales, pero tenemos que alcanzar la igualdad desde nuestras diferencias.
¿De qué planeta sos? El amor después del amor
Nos hacemos match. Nos clavamos el visto. Le preguntamos a ChatGPT qué contestar. O llevamos años compartiendo la cama, pero nos cuesta hablar de lo que deseamos. ¿Cómo nos encontramos con alguien? ¿Cómo seguimos eligiéndonos con el tiempo? ¿Y qué pasa con el placer de cada uno?
Este viernes 6 de noviembre, a las 21 horas, Martín Rieznik, Cecilia Vidal y yo vamos a llevar estas conversaciones al Carrasco Lawn Tennis de Montevideo. Tres miradas para hablar de amor, deseo, vínculos y seducción en tiempos de inteligencia artificial. Con información, humor y experiencias que seguramente te van a sonar conocidas.
La entrada es gratuita, con cupos limitados. Reservas por RedTickets.
Y si te quedaste con curiosidad por saber qué es la penetración on demand, cómo funciona el deseo o por qué seguimos repitiendo determinados patrones, te invito a descubrirlo en ACABAR, mi libro publicado por Editorial Planeta, donde Martín participa junto a otras voces invitadas. Porque no se trata de enfrentar a Venus y Marte, sino de encontrar un planeta donde podamos entendernos, desearnos y disfrutar.