Los padres pueden ser los mejores coterapeutas de sus hijos”, dice la psicóloga Fanny Berger, “porque los acompañan durante muchos años”. Pero estar presente es apenas el primer paso. Más allá de la presencia cotidiana en la vida de los hijos, también hay que saber orientar a los vástagos. En particular en épocas en las que todo lo que parecía como una sólida vía hacia el futuro —una carrera, independizarse, formar una familia— parece desvanecerse al influjo de redes sociales, videojuegos en línea, encuentros virtuales en Discord y una casi constante presencia de auriculares ahí donde antes la voz de los progenitores tenía acceso privilegiado.
Todo eso y más parecería confundir a muchos padres actualmente, y Berger no es ajena a esos desconciertos: “Escucho mucho a padres que dicen que ‘no pueden’ con sus hijos”.
Por eso esta psicóloga ofrece actualmente instancias de orientación parental, y lo hace en línea para que también puedan acceder personas que viven fuera de Montevideo. Berger aclara desde el vamos que no se trata de talleres, ya que eso implicaría un trabajo colectivo. En este caso, es ella y los padres, estén aún en pareja o se hayan separado.
“Muchos padres que se separan se ponen de acuerdo en algunas cosas que entienden que es lo mejor para sus hijos, y vienen juntos a la orientación, aunque se hayan separado”.
La modalidad es sencilla:los interesados piden hora y se conectan para hablar con la profesional. “Ellos exponen sus dudas o los problemas que experimentan con sus hijos y reciben lineamientos. Les doy herramientas para mejorar ese vínculo. No solo porque pueden estar presentes durante mucho tiempo en la vida de sus hijos, sino porque además pueden prevenir muchos problemas. Entonces, hay actitudes parentales, que yo llamo conductas nutritivas, que pueden prevenir muchos problemas. Pero también hay conductas de los padres que pueden dañar. Entonces, también es una instancia de prevención de posibles futuros problemas”.
Berger señala, además, de que no se trata de un proceso terapéutico. No es una terapia para niños, ni tampoco una terapia de pareja. La psicóloga hace hincapié en el carácter pragmático de estas instancias de orientación, un cariz diferente al que tiene por lo general un proceso terapéutico, que suele ser más extendido en el tiempo. “Por qué me estoy dedicando a esto? Porque veo que hay niños que están años y años yendo a terapia. A pesar de ir una vez por semana a terapia durante un largo periodo, los problemas persisten. O, en todo caso, es desproporcional el esfuerzo, los recursos que inviertan los padres para los cambios”.
Entonces, explica, con una cantidad relativamente escasa de sesiones—“Lo que los padres necesiten”, acota— se puede hacer un poco más ágil el proceso de cambio. “Porque lo que muchas veces ocurre en las terapias dirigidas a los niños, es que a los padres muchas veces se los deja afuera. Esto es como un camino inverso: a través de los padres, con cambios de actitudes, se pueden prevenir muchos problemas. Esa es la idea de la orientación a padres, porque es algo aparte que es corto, tiene efectos inmediatos”.
Berger añade que las madres toman la iniciativa de acudir a esta instancia más a menudo que los padres, pero que por lo general se llega a un acuerdo entre ambos progenitores, aun cuando —como ya mencionó— haya habido una separación.
Tiempos modernos
“Los padres, aunque hayan dejado atrás su vínculo amoroso, puedan formar un buen equipo, pueden ayudarse mutuamente. ¿Para qué? Para crear un buen clima. Y esto tiene un impacto positivo, porque los chiquilines actualmente... No me parece que sea una casualidad que cada vez haya más niños con trastornos de ansiedad, depresión y problemas de conducta. Porque creo que una de las causas de todos eso es vivir a las corridas, no detenerse, no mirar al hijo”.
Esta orientación parental sería, de acuerdo lo que expone Berger, una oportunidad para justamente detenerse y verbalizar algunas de las cosas que por distintas razones no han sido expresadas. “Es importante poder hablar, relatar lo que nos pasa, lo que nos molesta o nos tiene preocupados, Poder hacernos la pregunta ‘¿Por qué me pasa esto?’, y obtener una respuesta”. Y eso, redondea la experta, con un enfoque que prioriza el aquí y ahora. “En lugar de estar años y años con el pasado, lo que nos preguntamos es ‘¿Qué podemos hacer en este momento?’”.
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