Por qué algunos perros muerden suavemente a sus dueños: claves para diferenciar el juego de una señal de alerta

¿Por qué tu perro te da pequeños mordiscos en las manos cuando lo acaricias? El curioso significado detrás de este comportamiento y cómo saber si están disfrutando.

Persona acariciando a un perro
Persona acariciando a un perro.
Foto: ChatGPT.

Quien convive con un perro quizá haya experimentado alguna vez esa sensación: mientras lo acaricia o juega con él, el animal comienza a dar pequeños mordiscos en las manos o los brazos, sin llegar a apretar con fuerza. Aunque puede resultar desconcertante, este comportamiento no necesariamente expresa agresividad.

El médico veterinario y divulgador científico peruano Pancho Cavero explicó en su cuenta de Instagram que estos mordisquitos pueden ser una forma de comunicación. Según el especialista, cuando un perro utiliza suavemente la boca durante una interacción, no significa necesariamente que quiera lastimar a la persona.

Sin embargo, no existe una única explicación para todos los casos. El contexto en el que ocurre el comportamiento y las señales corporales del animal son fundamentales para comprender qué está intentando comunicar.

Los perros utilizan la boca para explorar su entorno e interactuar con otros animales desde las primeras etapas de vida. Durante la etapa de cachorro, los contactos físicos y los juegos con sus hermanos forman parte del aprendizaje social. A través de esas interacciones, los pequeños practican distintas conductas, entre ellas morder, y reciben respuestas de los otros perros que pueden ayudarlos a regular la intensidad de la mordida.

Algunos animales conservan de adultos la costumbre de dar pequeños mordiscos durante el juego o el contacto con sus tutores. En inglés, este comportamiento suele denominarse cobbing, una expresión informal que alude a los mordisqueos repetidos y suaves. Aunque puede ser una conducta lúdica o social, no debe interpretarse automáticamente como una demostración de afecto. El significado depende de cada perro y de la situación en la que aparece.

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Foto: Freepik.

La intensidad de la mordida es un dato importante, pero no es el único que permite interpretar el comportamiento. Para entender qué sucede, conviene observar la postura general del animal y cómo responde al contacto.

Si el perro tiene el cuerpo relajado, busca continuar la interacción y alterna los mordisquitos con otras señales de juego, es posible que esté disfrutando de ese momento. Aun así, es importante evitar que el juego se vuelva demasiado brusco y enseñarle a interactuar sin lastimar.

En cambio, si el cuerpo se pone rígido, el animal intenta alejarse, muestra señales de tensión o la mordida aumenta de intensidad, conviene interrumpir la interacción y darle espacio. No es recomendable insistir con las caricias ni interpretar cualquier mordisco como una invitación a jugar.

También hay que prestar atención a los cambios repentinos de comportamiento. Si un perro que no solía mordisquear comienza a hacerlo con frecuencia, reacciona al tocar una zona específica o parece incómodo, podría estar experimentando dolor u otro problema que requiera una evaluación veterinaria.

Los pequeños mordiscos forman parte del repertorio de conductas que algunos perros utilizan para interactuar, pero su significado no es siempre el mismo. Observar el contexto, respetar las señales del animal y prestar atención a los cambios en su comportamiento permite comprender mejor sus necesidades y construir una convivencia más segura.

Con base en El Tiempo/GDA

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