El cuidado de los perros al volver de la calle suele enfocarse en la limpieza de las patas. Es un hábito instalado y necesario, pero queda corto si no se contempla otra zona igual de expuesta: los ojos. El contacto con el entorno no solo deja suciedad visible; también implica la presencia de partículas que pueden afectar la salud del animal tanto en el corto como en el largo plazo.
Durante un paseo, los perros entran en contacto con múltiples agentes del ambiente. Además del barro o el polvo, pueden pisar superficies con restos orgánicos, residuos de otros animales, polen, contaminantes e incluso sustancias químicas utilizadas en espacios públicos. Parte de ese material no solo se adhiere a las almohadillas, sino que también puede llegar al rostro por el viento o por el propio comportamiento del animal.
Una zona sensible que requiere atención diaria
Los ojos son especialmente vulnerables. A lo largo del día es normal que se generen secreciones que, si no se limpian, se acumulan. A eso se suma la exposición constante a partículas externas que pueden provocar molestias o irritación.
Hay, además, un factor frecuente: el contacto indirecto. Los perros suelen tocarse la cara con las patas, trasladando suciedad o bacterias hacia la zona ocular. Este gesto, repetido en el tiempo, puede favorecer la aparición de problemas que, si no se atienden, tienden a persistir.
Incorporar la limpieza ocular permite no solo mantener la higiene, sino también detectar señales tempranas, como cambios en la secreción, enrojecimiento o inflamación.
Qué puede pasar si no se limpian correctamente
Cuando estas zonas no se higienizan de forma adecuada, los efectos no siempre aparecen de inmediato. Sin embargo, la exposición continua puede derivar en afecciones recurrentes.
En los ojos, la acumulación de secreciones y partículas puede generar irritaciones o infecciones que se repiten. En las patas, la combinación de humedad y suciedad puede favorecer dermatitis, hongos o inflamaciones persistentes. Lo que empieza como algo leve puede transformarse en un problema crónico si no se corrige la rutina.
Cómo limpiar los ojos de forma segura
La limpieza debe hacerse con cuidado. Se recomienda usar una gasa limpia humedecida con solución salina estéril o productos específicos para mascotas, ya que están formulados para no irritar.
El movimiento tiene que ser suave y en una sola dirección, desde el lagrimal hacia afuera, sin presionar ni tocar directamente el ojo. También es importante utilizar una gasa distinta para cada ojo, para evitar posibles contaminaciones cruzadas.
Patas limpias, pero bien secas
En el caso de las patas, no alcanza con sacar la suciedad visible. Es clave revisar entre los dedos, donde pueden quedar residuos o pequeños objetos.
La limpieza puede hacerse con agua o paños húmedos, pero el secado es fundamental. La humedad retenida favorece el desarrollo de microorganismos, por lo que conviene asegurarse de que queden bien secas.
Rutina y señales de alerta
Para prevenir complicaciones, conviene sostener ciertos hábitos: limpiar de forma regular aunque no haya suciedad evidente, evitar la acumulación de secreciones en los ojos, secar bien las patas y revisar periódicamente la piel y la zona ocular. También es importante no usar productos no aptos ni aplicar tratamientos sin indicación.
Hay signos que no conviene pasar por alto: secreciones de color inusual, mal olor, enrojecimiento persistente o molestias claras. En esos casos, lo más adecuado es consultar con un profesional.
En base a El Tiempo/GDA
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