Mantener una buena hidratación es mucho más que tomar agua cuando aparece la sed o cuando las temperaturas aumentan. El organismo necesita una cantidad adecuada de líquidos para mantener el funcionamiento normal de distintos procesos, entre ellos la actividad del cerebro, los músculos y los riñones.
La necesidad de líquidos, sin embargo, no es igual para todas las personas. La actividad física, las altas temperaturas, la duración del ejercicio y las condiciones ambientales pueden modificar cuánto líquido necesita el organismo durante el día. Por eso, prestar atención a la hidratación diaria puede ser especialmente importante durante las jornadas de mucho calor o cuando se realiza ejercicio.
¿Cuánta agua hay que tomar por día?
No existe una cantidad de agua que sea adecuada para todas las personas y en todas las circunstancias. Las necesidades de hidratación dependen de factores como la actividad física, la temperatura y la humedad del ambiente, además de las características individuales.
Durante el ejercicio intenso o prolongado, especialmente si se realiza con mucho calor, la pérdida de líquidos a través del sudor puede aumentar considerablemente. En determinadas situaciones, además de reponer agua puede ser necesario prestar atención a los electrolitos que se pierden con la transpiración.
La necesidad de reponerlos dependerá de la intensidad y duración de la actividad, así como de las condiciones ambientales. No todos los entrenamientos requieren la misma estrategia de hidratación.
Ejercicio y altas temperaturas: dos factores que aumentan la pérdida de líquidos
Entre los principales factores que pueden favorecer la deshidratación se encuentran el ejercicio intenso y la exposición a altas temperaturas. Durante la actividad física, el organismo utiliza el sudor como mecanismo para regular la temperatura corporal. Cuando la pérdida de líquidos supera la cantidad que se incorpora, puede producirse un déficit de hidratación.
En los días de mucho calor, además, las pérdidas pueden ser mayores. Por eso conviene prestar atención a la ingesta de líquidos antes, durante y después de realizar actividad física, especialmente cuando el ejercicio es prolongado.
La sed puede ser una señal de alerta
La sed es uno de los mecanismos que utiliza el organismo para indicar que necesita líquidos, pero no conviene esperar necesariamente a sentir una sed intensa para prestar atención a la hidratación.
Las necesidades de líquidos pueden variar a lo largo del día y aumentar en determinadas circunstancias. Mantener una botella de agua a mano durante la jornada laboral o durante el entrenamiento puede facilitar que la ingesta de líquidos forme parte de la rutina cotidiana.
¿Qué sucede cuando el cuerpo no está bien hidratado?
Según la Cleveland Clinic, la deshidratación ocurre cuando el organismo pierde más líquidos de los que incorpora y no dispone de la cantidad necesaria para funcionar normalmente.
Cuando la pérdida de líquidos es importante, pueden aparecer distintos síntomas y verse afectados procesos del organismo. Entre las manifestaciones más habituales se encuentran el dolor de cabeza, el cansancio y las dificultades para mantener la concentración. Una hidratación insuficiente también puede ser especialmente relevante para el funcionamiento de los riñones, que necesitan agua para realizar adecuadamente sus funciones.
Cuatro señales de una posible deshidratación
Algunos síntomas pueden aparecer cuando el organismo no recibe suficiente cantidad de líquidos. Entre ellos se encuentran:
- Fatiga y somnolencia: el cansancio puede acompañar a la falta de hidratación, especialmente cuando se combina con actividad física o altas temperaturas.
- Dolores de cabeza recurrentes: el dolor de cabeza puede aparecer entre las manifestaciones asociadas a una hidratación insuficiente.
- Piel seca: una piel más seca de lo habitual puede ser otra señal para prestar atención al estado de hidratación, aunque también puede tener otras causas.
- Problemas de concentración: las dificultades para mantener la atención o sentirse mentalmente despejado pueden aparecer junto con otros síntomas de deshidratación.
Cómo cuidar la hidratación durante el día
La hidratación adecuada debe formar parte de los hábitos cotidianos y no limitarse a los días de calor. Tener agua disponible en la oficina, durante los traslados o mientras se realiza ejercicio puede ayudar a incorporar líquidos de manera regular.
En situaciones de ejercicio prolongado, sudoración abundante o exposición a temperaturas elevadas, las necesidades pueden ser diferentes. En esos casos, además de beber líquidos, es importante considerar las pérdidas de electrolitos y adaptar la estrategia de hidratación a la intensidad de la actividad y a las condiciones ambientales.
Si aparecen síntomas intensos de deshidratación, como confusión, desmayo, debilidad marcada, vómitos persistentes o una disminución importante de la orina, es necesario buscar atención médica.