Redacción El País
En un video difundido en redes sociales, el médico de longevidad Sebastián La Rosa puso el foco en un hábito cotidiano que suele darse por sentado: la forma en la que se consume el agua. Lejos de centrarse en la cantidad total que se bebe, el especialista explicó por qué la velocidad y la manera en que se ingiere el líquido son determinantes para que el cuerpo realmente lo aproveche. Su mensaje es claro: no es lo mismo tomar agua de a sorbos de manera constante que consumir grandes volúmenes de una sola vez.
Según La Rosa, muchas personas prefieren beber medio litro o incluso un litro de agua de golpe para “cumplir” con la hidratación diaria. Sin embargo, este comportamiento no responde necesariamente a lo que el cuerpo necesita, sino a cómo cada individuo percibe la sed. El médico señaló que la sensación de sed es muy variable entre personas. Algunas tardan más en percibirla y, cuando finalmente lo hacen, tienden a consumir grandes cantidades de agua de una sola vez; otras, en cambio, sienten la sed con mayor facilidad y van bebiendo pequeños sorbos de manera más frecuente.
Uno de los puntos centrales de su explicación es que la sed, en términos teóricos, ya indica un grado de deshidratación. “Tener sed significa que ya estás deshidratado”, explicó. Desde esta perspectiva, esperar a sentir sed intensa para luego beber grandes cantidades no sería la estrategia más eficiente para mantener una hidratación adecuada. Por el contrario, La Rosa enfatizó que mientras más rápido se consume una sustancia y en mayor cantidad, menor es la proporción que el cuerpo logra utilizar para el objetivo deseado.
El especialista subrayó que este principio no se aplica solo al agua, sino a muchos procesos del organismo. El cuerpo humano funciona a velocidades limitadas, y esos límites condicionan cómo se absorben y se aprovechan las sustancias que ingresan. En el caso del agua, esa velocidad está relacionada con el volumen que entra en cada toma y con otros factores como el pH o la temperatura. Cuando una gran cantidad de agua ingresa al organismo en poco tiempo, los mecanismos fisiológicos no pueden procesarla de manera óptima.
La Rosa explicó que, a mayor cantidad de agua ingerida de forma conjunta, mayor será también la cantidad que el cuerpo eliminará. “Si tomo un litro de agua de golpe, voy a eliminar mucha más de esa agua consumida que si ese mismo litro lo hubiera distribuido a lo largo de dos horas”, señaló. Este fenómeno ocurre incluso en personas que se encuentran deshidratadas, lo que refuerza la idea de que no basta con beber mucho, sino que importa cómo se bebe.
Desde su enfoque de medicina de la longevidad, el mensaje apunta a la eficiencia de los procesos metabólicos. Beber agua de a sorbos permite que el organismo vaya incorporando el líquido de forma gradual, favoreciendo que una mayor proporción de esa agua sea utilizada para las funciones que realmente la requieren. En cambio, cuando el consumo es abrupto, el cuerpo responde eliminando una parte significativa, lo que reduce el efecto hidratante real.
El médico insistió en que, aunque tomar grandes volúmenes de agua de una sola vez pueda parecer más práctico, el cuerpo no puede aprovechar esa cantidad de la misma manera que cuando se distribuye en el tiempo. La diferencia entre beber medio litro o un litro de golpe y hacerlo de manera fraccionada no es menor: tiene un impacto directo en la hidratación efectiva del organismo.
Así, el planteamiento del médico de longevidad se resume en una premisa sencilla pero contundente: la hidratación no debería medirse solo en litros diarios, sino en hábitos sostenidos. Beber agua de a sorbos, de forma regular, aparece como una práctica más alineada con los ritmos del cuerpo y con una hidratación que cumpla su función. En palabras del propio mensaje que acompaña el video, lo ideal es una ingesta constante durante el día, entendiendo que la sed ya es una señal de alerta y que la clave no está en la cantidad, sino en la forma.
En base a El Tiempo - GDA