Una vez al año nos acordamos y nos ponemos en "modo cuidar las lactancias". Se llenan los medios, las redes y las charlas con información sobre la lactancia. Todo gira alrededor de los beneficios de dar la teta y de las posibilidades maravillosas para la vinculación de esa mamá con su bebé. De cómo dar la teta cuida a la mamá en clave de salud mental.
También aparecen las otras historias: las de quienes no pudieron dar la teta, las de quienes no quisieron, las de quienes quisieron pero no pudieron… Para todas esas situaciones hay una mirada y una opinión que marca cómo debería ser la lactancia y cómo son —en términos de performance— esas mujeres madres. Porque ninguna se salva de la mirada crítica ajena cuando se trata de ejercer la maternidad.
Este año, la Semana Mundial de la Lactancia Materna tuvo un lema que abre la cancha, sacando el foco exclusivo en la mamá que da la teta para iluminar el sostén de la lactancia como un acto colectivo; un acto que nos implica a todas y todos, no solo a las mujeres madres. Es un giro en la forma de entender un proceso usualmente mirado desde la individualidad y lo privado.
«Poder fortalecer lo que funciona»: esa es la clave que da la OMS para sostener el intrincado proceso de las lactancias. Las lactancias en plural —un plural a propósito—, porque hay tantas lactancias como mujeres madres.
Sostener a las mujeres madres para que puedan desplegar todo lo que implica el simple acto —a los ojos de muchos— de dar la teta. Mirar a esa mamá, cuidarla y sostenerla para que pueda dedicarse a una tarea sumamente demandante en términos físicos y psíquicos.
Dar la teta es un acto que —al ser biológico— muchas veces se subestima e infravalora como algo que no lleva esfuerzo. Pero sí lo lleva (y existen investigaciones científicas de sobra que explican todo lo que implica a nivel corporal y psicológico).
La lactancia a demanda es un acto de revolución, pero también implica mucho tiempo, mucho cuerpo y mucho esfuerzo. Dar la teta a demanda lleva, en promedio, unas 1800 horas al año (frente a las 1920 horas destinadas a un trabajo remunerado a tiempo completo). Por lo tanto, requiere un despliegue físico y psíquico que habitualmente pasa desapercibido.
Este año le vamos a poner el foco a los andamiajes para la lactancia: a las estructuras necesarias para que se instaure y se concrete de forma sostenible y a largo plazo. Vamos a pensar qué podemos hacer quienes no estamos dando la teta para que esta se sostenga y no sea únicamente a costa de la salud mental materna.
Para pensar en esas estructuras y andamiajes, quiero compartirles algunas estrategias y aliadas que tienen las lactancias acá en Uruguay: emprendedoras y profesionales que hacen que las lactancias sean sostenidas para esa mujer madre; espacios y productos que cuidan a quienes cuidan para que esa tarea no sea a costa de la salud física o mental.
Poder dar la teta sin dolor, habitar una lactancia en sintonía y desde la confianza en el cuerpo y en sus procesos, y contar con ropa cómoda y segura fortalece el círculo virtuoso de la autoeficacia percibida (al decir de Bandura). Sentir que se hace bien aquello que se desea hacer refuerza los circuitos que permiten sostenerlo.
Para reflexionar sobre cómo se establecen y sostienen las lactancias, me gustó la idea de pensar en los obstáculos que más se repiten en el consultorio y en Instagram cuando les pregunto a las mujeres madres con las que trabajo qué fue lo que dificultó su proceso.
Algunos datos me sorprendieron; otros no tanto:
- La expectativa irreal: La gran mayoría creía que dar la teta iba a ser algo fácil y rápido, que se activaría «como por arte de magia».
- La incomodidad física y la vestimenta: Aparece como limitante el no estar cómoda, pasar frío o usar ropa que no se adapta al amamantar. Prendas que no permiten salir del «código de vestimenta puerperal» de casa y que, al salir a la calle, no se amoldan a este momento bisagra.
- La reinserción laboral: Es, sin dudas, el mayor obstaculizador. Volver a trabajar a los tres meses es lo que más afecta la posibilidad de sostener la lactancia materna exclusiva. El estrés del trabajo remunerado, las horas fuera de casa y la falta de condiciones adecuadas para extraerse leche en el espacio laboral arman un escenario que va contra la lactancia con una fuerza arrolladora.
Qué afortunada soy de contar con aliadas al momento de acompañar a las mujeres madres; profesionales que trabajan día a día e incansablemente para remover estos obstáculos y crear espacios, prendas y condiciones dignas y seguras:
- Florencia Burghi | Anidado: Psicomotricista, asesora en lactancia y mamá. Desde su espacio genera encuentros de acompañamiento individuales y grupales para sostener a las mujeres madres y a sus familias. Sostenerlas es clave para que las lactancias deseables sean verdaderamente sostenibles.
- Carolina Mori | Ananda - prendas para embarazo y lactancia: Es mamá y creadora de prendas que acompañan el embarazo, la lactancia y el puerperio. Como señala Carolina: «Nunca imaginé el impacto que una prenda puede tener en la experiencia de la lactancia, pero sobre todo en el bienestar de la mamá». Y es que sostener la lactancia no depende exclusivamente del deseo, sino también de poder hacerlo cómoda y segura en casa, en el trabajo o en la plaza.
- Vigi Ons | Artículos Maternales: Acompaña a las mujeres madres, sus bebés y familias mediante herramientas para el posnacimiento. Facilita los cuidados mediante la venta y alquiler de artículos pensados para la lactancia, además de crear salas de lactancia para empresas en el marco del cumplimiento de la ley 19.530 en Uruguay.
Ellas, como tantas otras, son los andamios que sostienen a las mujeres y a sus lactancias. Sus propuestas y su compromiso son aliadas maravillosas.
La maternidad y los cuidados son grandes desafíos para las mujeres, “...una tarea titánica…” al decir de mis colegas Marianela Rosá y Patricia Duarte. Pero que deben ser vistos y pensados desde el compromiso colectivo para dar soluciones integrales y crear sistemas que logren cuidar a quienes sostienen y cuidan la mayor parte del tiempo.
La maternidad y los cuidados son desafíos que no se resuelven a fuerza de culpa individual. Criar, maternar y sostener en este mundo no tiene por qué sentirse como una prueba de supervivencia permanente
Necesitamos dejar de mirar para otro lado y empezar a tejer redes reales: exigir condiciones dignas, revisar nuestros propios micromandatos y corrernos de la exigencia de llegar a todo.
Cuidar a las madres no es un lujo ni un favor; es la base innegociable de cualquier sociedad, porque cuidar la Salud Mental Materna es cuidar la piedra angular de las sociedades empáticas y sostenibles.