La muerte de una mascota: por qué el duelo puede durar años y cómo aprender a convivir con la ausencia

La pérdida de un animal de compañía puede provocar tristeza, culpa y cambios en la vida cotidiana. Psicólogos explican por qué el duelo puede prolongarse y qué herramientas ayudan a transitarlo.

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Mascota.
Foto: Pixeid.

La muerte de una mascota puede dejar una huella emocional que perdura durante meses o incluso años. La ausencia no implica solamente extrañar al animal, sino también adaptarse a la desaparición de rutinas, gestos y momentos cotidianos que formaban parte de la vida de sus cuidadores.

Cada 27 de octubre se recuerda a las mascotas fallecidas, una fecha que invita a homenajear a los animales que acompañaron a las personas y a reconocer el impacto emocional que puede tener su pérdida.

La intensidad del duelo está relacionada, en buena medida, con el vínculo afectivo construido durante la convivencia. La compañía, las experiencias compartidas y las actividades diarias pueden convertir a un animal en una figura significativa desde el punto de vista emocional.

Por qué duele tanto perder a una mascota

Paola Peláez, psicóloga de Clínica Internacional, explica que la relación con un animal de compañía puede convertirse en una fuente de confianza y seguridad emocional. El vínculo va más allá de las responsabilidades de alimentación y cuidado: también se construye a través de la convivencia y el afecto.

Los paseos, los juegos y la costumbre de encontrar a la mascota al regresar a casa son experiencias que adquieren un significado particular. Por eso, cuando el animal muere, también desaparecen esas pequeñas escenas que organizaban parte de la vida cotidiana.

Amandy Díaz, psicóloga del Centro Médico MAPFRE Magdalena, señala que durante el duelo se extrañan tanto las rutinas compartidas como los gestos y la personalidad del animal. La tristeza puede aparecer en situaciones habituales que antes estaban asociadas con su presencia, y adaptarse a ellas forma parte del proceso.

Cuando el entorno minimiza la pérdida

El duelo puede resultar más difícil cuando las personas que rodean a quien perdió una mascota no comprenden la dimensión de su sufrimiento. Expresiones como «era solo un animal» o «puedes adoptar a otro» pueden hacer que la persona sienta que debe ocultar sus emociones o que su tristeza no está justificada.

En psicología, esta experiencia se vincula con el concepto de duelo desautorizado, que describe aquellas pérdidas que no reciben suficiente reconocimiento o validación social.

Liliana García, psicóloga de la Clínica Stella Maris, advierte que la presión por continuar con las obligaciones habituales sin procesar lo ocurrido puede favorecer el aislamiento y la represión de las emociones.

Además, la muerte de una mascota no siempre está acompañada de rituales de despedida o de espacios sociales en los que expresar el dolor. Por eso, encontrar maneras propias de reconocer la pérdida puede ser importante para transitarla.

La culpa y la tristeza antes de la despedida

El duelo no siempre comienza después del fallecimiento. Cuando una mascota envejece o atraviesa una enfermedad grave, sus cuidadores pueden experimentar tristeza, preocupación e incertidumbre ante la posibilidad de perderla. Este proceso se conoce como duelo anticipado.

En esa etapa, Díaz recomienda encontrar un equilibrio entre prepararse emocionalmente para una posible despedida y aprovechar el tiempo que todavía se puede compartir con el animal.

Después de la muerte también pueden aparecer sentimientos de culpa. Algunas personas se preguntan si podrían haber detectado antes una enfermedad, consultado al veterinario en otro momento o tomado decisiones diferentes. Estas dudas pueden ser especialmente intensas cuando fue necesario considerar la eutanasia.

Ante esas situaciones, la especialista señala la importancia de recordar que las decisiones se tomaron con los conocimientos y los recursos disponibles en ese momento. También propone considerar el conjunto de los cuidados y las experiencias compartidas durante la vida del animal, en lugar de concentrar todos los recuerdos en sus últimos días.

Cuánto puede durar el duelo por una mascota

No existe un plazo único para atravesar el duelo. Algunas personas experimentan una disminución gradual de la tristeza durante las primeras semanas o meses, mientras que otras continúan sintiendo la ausencia durante años.

La psicóloga María Vittoria Passaro, de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, explica que el duelo puede manifestarse de distintas maneras, no solamente a través del llanto. Entre las respuestas posibles se encuentran la ansiedad, la rabia, la confusión, la sensación de vacío, las alteraciones del sueño o del apetito y las dificultades para concentrarse.

Ciertos recuerdos también pueden reactivar la tristeza después de un período de mayor estabilidad. Una fotografía, una fecha especial o un objeto asociado con la mascota pueden despertar nuevamente la sensación de pérdida.

Peláez aclara que seguir extrañando al animal no significa necesariamente que la persona no haya avanzado en su adaptación. Sin embargo, recomienda buscar acompañamiento psicológico cuando el sufrimiento se vuelve difícil de manejar o afecta de forma significativa la vida cotidiana.

Cómo afrontar la pérdida

Los especialistas destacan la importancia de reconocer las emociones y encontrar espacios para expresarlas. Hablar sobre la mascota, compartir recuerdos con familiares o realizar alguna actividad de despedida son alternativas que pueden ayudar a procesar lo ocurrido.

Liliana García menciona opciones como escribir una carta o realizar una ceremonia personal. No es necesario que estas actividades sean elaboradas: su valor depende del significado que tengan para cada persona.

Persona acariciando a un perro
Persona acariciando a un perro.
Foto: ChatGPT

Conservar objetos como un collar, un juguete o una cama también puede formar parte del proceso. Mientras algunas personas encuentran consuelo en mantenerlos cerca, otras prefieren guardarlos temporalmente porque les generan tristeza. Ninguna de las dos decisiones es necesariamente mejor que la otra; lo importante es reconocer las propias necesidades emocionales y evitar actuar por presión externa.

La posibilidad de adoptar otra mascota también es una decisión personal. Algunas personas pueden sentirse preparadas al poco tiempo, mientras que otras necesitan un período más prolongado. Los especialistas señalan que establecer un nuevo vínculo no significa reemplazar al animal fallecido: es importante considerar tanto la disposición emocional como la capacidad de asumir nuevamente las responsabilidades de su cuidado.

Desde la psicología, la posibilidad de conservar recuerdos y una conexión simbólica con una mascota fallecida se relaciona con el concepto de vínculos continuos. Esta perspectiva plantea que mantener el afecto por quien ya no está puede coexistir con la adaptación a nuevas rutinas.

El objetivo, en definitiva, no es dejar de extrañar a la mascota, sino aprender a convivir con su ausencia sin que el dolor determine toda la vida cotidiana.

En base a El Tiempo/GDA

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