La alimentación es uno de los factores que pueden influir en la salud del hígado. En ese contexto, una investigación realizada en Irán encontró una asociación entre el consumo de carne roja y vísceras y una mayor probabilidad de tener hígado graso, una afección caracterizada por la acumulación de grasa en este órgano.
El trabajo, publicado en 2021 en The American Journal of Gastroenterology, formó parte del Estudio de Cohorte de Golestán y se centró en una población con un consumo relativamente bajo de carne. Su objetivo fue examinar la relación entre determinados hábitos alimentarios y la presencia de enfermedad del hígado graso no alcohólico, denominación utilizada en ese momento para una afección que hoy también se conoce como enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica.
Para el estudio, los investigadores analizaron información de 1.612 personas de entre 40 y 75 años cuyos hábitos alimentarios habían sido registrados previamente. También utilizaron ecografías para identificar la presencia de grasa acumulada en el hígado y compararon esos resultados con los patrones de consumo de los participantes.
En total, 505 personas presentaban hígado graso, lo que representó aproximadamente el 31,3 % de la muestra. Entre los principales hallazgos, los investigadores observaron que quienes consumían mayores cantidades de carne roja tenían más probabilidades de presentar la afección que quienes ingerían menos. La asociación también apareció en el caso de las vísceras, como el hígado y el corazón. En cambio, el análisis no encontró una relación estadísticamente significativa entre la enfermedad y el consumo de carne blanca, pollo o pescado.
Los hallazgos no significan que eliminar por completo la carne roja de la alimentación garantice una mejor salud hepática. Se trata de un estudio observacional, es decir, los investigadores examinaron relaciones entre hábitos alimentarios y una condición de salud, pero no asignaron a los participantes una dieta específica para evaluar sus efectos.
Por esa razón, no es posible establecer una relación directa de causa y efecto a partir de estos datos. Además, la salud del hígado está influida por múltiples factores, entre ellos el peso corporal, la actividad física, la alimentación en su conjunto y las condiciones metabólicas de cada persona. También importa qué alimentos integran la dieta en lugar de aquellos que se reducen. Una alimentación equilibrada no depende de un solo ingrediente, sino de la variedad y la calidad nutricional del conjunto.
La prevención del hígado graso requiere prestar atención al estilo de vida en general. Entre las medidas que pueden contribuir a la salud metabólica y hepática se encuentran mantener una alimentación variada, realizar actividad física con regularidad y evitar el consumo excesivo de bebidas azucaradas y alimentos de baja calidad nutricional.
En el caso de las personas con sobrepeso, diabetes tipo 2 u otros factores de riesgo metabólico, el seguimiento médico resulta especialmente importante. La enfermedad puede avanzar sin producir síntomas evidentes, por lo que su detección y manejo deben orientarse según las características de cada paciente. Para cuidar el hígado, la estrategia más razonable es atender al conjunto de la alimentación y los hábitos cotidianos, con orientación profesional cuando sea necesario.
Con base en El Tiempo/GDA