Eliminar alimentos para evitar el dolor abdominal, la hinchazón o el estreñimiento puede parecer una solución razonable cuando las molestias digestivas se repiten. Sin embargo, si la lista de productos prohibidos crece cada vez más y comer empieza a generar miedo, es importante prestar atención: detrás de esas restricciones puede haber un problema que requiere una evaluación más amplia.
La relación entre los trastornos digestivos y determinadas conductas alimentarias fue uno de los temas abordados durante la Semana Europea de Gastroenterología (UEG Week 2026), celebrada en Barcelona. Allí, las especialistas Thandie-Waye Amegnisse, residente de hepato-gastroenterología del Hospital Universitario de Rouen, y Chloé Melchior, profesora de gastroenterología del mismo centro francés, analizaron la conexión entre los trastornos de la interacción intestino-cerebro y el trastorno de evitación o restricción de la ingesta de alimentos (ARFID).
El mensaje central fue que, cuando una persona tiene síntomas digestivos persistentes, no alcanza con preguntar dónde le duele o con qué frecuencia va al baño. También es necesario conocer cómo se está alimentando, qué productos ha eliminado y si el temor a sufrir molestias condiciona sus decisiones.
El ARFID es un trastorno de la alimentación que puede llevar a una persona a consumir una cantidad insuficiente de alimentos o a reducir considerablemente la variedad de su dieta. A diferencia de la anorexia nerviosa, no se caracteriza principalmente por el miedo a aumentar de peso o por una preocupación por la figura corporal.
Puede presentarse de distintas maneras. Algunas personas evitan comer porque temen experimentar consecuencias desagradables, como dolor, náuseas o vómitos. Otras sienten poco interés por la comida, mientras que algunas rechazan determinados alimentos debido a su textura, olor, sabor u otras características sensoriales.
Durante su presentación, Amegnisse describió el caso de una paciente con dolor abdominal persistente, distensión, estreñimiento y molestias en la parte superior del aparato digestivo. También experimentaba ansiedad, dificultades para dormir y pérdida de peso. La mujer había eliminado varios alimentos, especialmente productos azucarados, y seguía dietas restrictivas sin conseguir una mejoría de sus síntomas.
El caso ilustra una dificultad frecuente en el abordaje de los problemas digestivos: una persona puede atribuir sus molestias a determinados alimentos y restringir su dieta progresivamente, aunque esas medidas no estén dando resultado. Cuando esto ocurre, es necesario revisar las posibles causas de los síntomas y evaluar las consecuencias nutricionales de las restricciones.
Seguir sumando prohibiciones alimentarias sin una evaluación individualizada puede ser contraproducente, especialmente si la dieta se vuelve cada vez más limitada o aparece una pérdida de peso involuntaria. Esto no significa que deban ignorarse las intolerancias, las alergias o las indicaciones dietéticas médicas. La clave es diferenciar las restricciones justificadas por una condición concreta de aquellas que se amplían principalmente por miedo a experimentar síntomas.
Uno de los principales planteos de las especialistas durante la UEG Week 2026 fue la importancia de preguntar de manera directa por los hábitos alimentarios de quienes consultan por molestias digestivas crónicas. Algunas preguntas pueden ayudar a comprender mejor la situación:
- ¿Qué alimentos dejaste de consumir y por qué?
- ¿Tenés miedo de comer porque pensás que después vas a sentir dolor o náuseas?
- ¿La preocupación por los síntomas te lleva a evitar comidas fuera de casa?
- ¿Las restricciones están haciendo que pierdas peso o que te resulte difícil alimentarte de manera suficiente?
- ¿Sentís que la alimentación está limitando tus actividades cotidianas?
También es importante diferenciar el ARFID de otros trastornos de la alimentación. La razón por la que una persona restringe su ingesta, su estado nutricional y su relación con el peso y la imagen corporal son aspectos relevantes para orientar la evaluación.
Si el dolor abdominal, la distensión o el estreñimiento son persistentes, conviene consultar con un profesional para investigar sus posibles causas. La evaluación puede incluir una revisión de los síntomas, los hábitos alimentarios y los cambios de peso, así como los estudios que se consideren necesarios.
Si, además, comer genera temor, se han eliminado numerosos alimentos o las restricciones interfieren con la vida social, es importante comunicarlo durante la consulta. Según las necesidades de cada persona, el abordaje puede requerir la participación de profesionales de gastroenterología, nutrición y salud mental.
Con base en El Tiempo/GDA