El motivo científico por el que los gatos sienten una atracción tan intensa por el sabor del atún

Ensayos clínicos demostraron la preferencia absoluta de los felinos por compuestos que activan los receptores umami de sus papilas gustativas.

Gato comiendo2.jpg
Foto: Commons.

La notable diferencia entre gatos y perros a la hora de elegir alimentos tiene una explicación respaldada por la genética, la evolución y la adaptación biológica de cada especie. Mientras los perros suelen aceptar una gran variedad de alimentos, los gatos destacan por su marcada selectividad alimentaria.

Investigaciones recientes sobre ADN y secuenciación genética han demostrado que estas conductas no son simples preferencias individuales. Por el contrario, responden a modificaciones genéticas que alteraron la forma en que los felinos perciben los sabores. A lo largo de su evolución, los gatos perdieron la capacidad de detectar ciertos estímulos gustativos y desarrollaron de manera extraordinaria los receptores especializados en identificar nutrientes presentes en la carne.

El estudio de las papilas gustativas muestra cómo la alimentación de cada especie fue moldeando su biología durante miles de años. Los perros, considerados evolutivamente omnívoros oportunistas, conservaron la capacidad de procesar proteínas, carbohidratos y componentes vegetales.

Los felinos, en cambio, evolucionaron como carnívoros obligados, una condición que favoreció la desaparición de mecanismos sensoriales que dejaron de ser necesarios para su supervivencia en la naturaleza.

La mutación genética que eliminó el sabor dulce en los gatos

Una de las razones más importantes por las que los gatos muestran poco interés por los alimentos dulces o ricos en carbohidratos se encuentra en una modificación específica de su código genético.
Los científicos descubrieron que los gatos domésticos, así como otros miembros de la familia Felidae, como los tigres y los guepardos, poseen una versión inactiva del gen Tas1r2. Este gen trabaja junto al gen Tas1r3 para producir los receptores encargados de detectar el sabor dulce en la lengua.

Sin embargo, en los felinos el gen Tas1r2 sufrió una alteración que impide su correcto funcionamiento. Como consecuencia, el organismo no puede fabricar la proteína necesaria para identificar los azúcares y otros compuestos dulces.

Desde una perspectiva evolutiva, esta pérdida no representó una desventaja. Debido a que los carbohidratos nunca formaron parte esencial de la dieta de un carnívoro estricto, la capacidad de percibir el dulzor dejó de ser relevante y desapareció gradualmente a lo largo de las generaciones.

Perro y gato 2.jpg
Foto: Commons.

El sabor umami: la clave detrás de la pasión felina por la carne y el pescado

Aunque los gatos no perciben el dulzor, poseen un sistema altamente especializado para detectar el sabor umami, asociado a alimentos ricos en proteínas y aminoácidos. Investigadores del Waltham Petcare Science Institute comprobaron que los genes Tas1r1 y Tas1r3 funcionan plenamente en los felinos y permiten la formación de receptores específicos para reconocer compuestos presentes en la carne.

En estudios liderados por Scott McGrane, un grupo de gatos mostró una clara preferencia por agua enriquecida con moléculas asociadas al sabor umami frente al agua común. Los compuestos que más atrajeron a los animales fueron aquellos presentes en el tejido muscular del atún, lo que ayuda a explicar la fuerte atracción que muchos gatos sienten por determinados pescados y alimentos ricos en proteínas animales.

Esta especialización sensorial orienta sus preferencias alimentarias y favorece el consumo de los nutrientes que necesitan para mantener su metabolismo.

Cómo perciben el amargor perros y gatos

Perro y gato.jpg
Foto: Commons.

El sentido del gusto cumple una función esencial en la supervivencia de los animales. Cada sabor aporta información sobre el valor nutricional o el posible riesgo de un alimento.
El sabor dulce suele indicar fuentes de energía rápida, el umami señala la presencia de proteínas, mientras que el sabor salado ayuda a regular el consumo de sodio.
Por otro lado, el amargor actúa como una señal de alerta frente a sustancias potencialmente tóxicas o venenosas.

En este aspecto también existen diferencias importantes entre perros y gatos. Los felinos cuentan con 12 genes relacionados con la detección de sabores amargos, aunque solo siete permanecen activos. Los perros, en cambio, poseen alrededor de 15 genes dedicados a esta función, lo que amplía su capacidad para evaluar distintos tipos de alimentos.

La evolución moldeó el gusto de cada especie

La mayor diversidad de receptores gustativos permite que los perros toleren y aprovechen una alimentación más variada, incluyendo carnes, cereales y vegetales.
Según explicó Peihua Jiang, existe una relación directa entre los alimentos que consume una especie y las transformaciones genéticas que experimenta a lo largo de la evolución.

Este patrón también se observa en otros animales. Por ejemplo, los oso panda perdieron gran parte de su capacidad para percibir el sabor umami después de adoptar una dieta basada casi exclusivamente en bambú. Del mismo modo, diversos cetáceos vieron reducida gran parte de sus receptores gustativos al ingerir sus presas enteras sin necesidad de masticarlas.

En definitiva, las diferencias entre gatos y perros al momento de comer no son una cuestión de capricho. Su comportamiento alimentario está profundamente determinado por la genética, la evolución, los receptores del gusto y las necesidades nutricionales que cada especie desarrolló a lo largo de millones de años.

Perro con pepino.jpg
Foto: Wikimedia/Commons.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar